La Habana

Una cátedra en medio del bosque

Escribe: Jack Lo Lau //Fotos: Jack Lo y Thomas Mueller

En el Área de Conservación Privada La Habana no hay perros que lo reciban en la entrada, pero sí un trompetero, elegante ave negra con la apariencia de un pavo flaco, de pico amarillo casi fosforescente, la punta de las alas blancas y la actitud de un can. No lame, pero picotea con cuidado. Es una graciosa bienvenida a este lugar, donde el silencio se esconde entre los árboles.Para entrar a este prediohay que caminar por un sendero que cruza un pequeño bosque lleno de hamacas al lado del río Tambopata en Madre de Dios.
«¿Para qué conservamos el medio ambiente? ¿Quién va a respirar el oxígeno? ¿Tú? ¿Yo? La humanidad», dice el profesor Herbert Lobón, un ex catedrático que aprovecha la conservación para mantenerse cerca a los jóvenes y compartir sus conocimientos con ellos.En el año 2000, Lobón decidió ser coherente con su trabajo de maestro de Ciencias Naturales y empezó a conservar el planeta. Toda su vida se la pasó educando en este lugar de Madre de Dios. La naturaleza se va deteriorando y debe existir gente que luche contra eso. Él se considera uno de ellos. A diez kilómetros de Puerto Maldonado, en lo que hoy llaman Corredor Turístico Tambopata, encontró un bosque en mal estado y otra parte maltratada por la agricultura. Se enamoró de él y comenzó su gran plan. Sembró árboles que hoy tiene que mirar hacia arriba. Se preocupó por el bosque y cada una de sus especies. El anterior dueño había tumbado cinco hectáreas del predio para cultivar plátano y yuca. El profe, como le dicen todos en Puerto Maldonado, es una de las primeras personas que se dedicó a la conservación en Madre de Dios. «Hay que motivar a los demás. No solo hablando, sino haciendo», dijo Lobón, que estuvo buscando la forma de hacer rentable esta forma de vida.
Sus hijos le recomendaron fijarse en el turismo. A través de esto, podría obtener más recursos para seguir conservando las tierras ubicadas en la Zona de Amortiguamiento de la Reserva Nacional Tambopata. Acondicionó un espacio para campamentos, ha construido una cabaña comedor y servicios higiénicos ecoamigables. En la parte alta levantó un mirador de diez metros de alto que tiene una privilegiada visión de toda la selva que rodea al río Tambopata. Planea hacer canopys que conecten las partes altas de los árboles para que científicos e investigadores puedan recorrer las alturas y realizar distintos tipos de análisis sin problemas. Incluso ha señalizado una parte delbosque para que puedan identificar todas las especies con facilidad. De esa manera, invita a todos los profesionales y estudiantes que quieran aprovecharlo para realizar investigaciones de cualquier índole.
Para Lobón, el dinero y la falta de apoyo siempre son el principal impedimento. «Quiero hacer muchas cosas, tantas que espero que mis sueños sigan con mis hijos», dijo Lobón, quien, a sus 68 años, espera con ansias y esperanza el futuro. Confía en las futuras generaciones. «Tenemos que cambiar nuestra forma de pensar y vivir para no seguir dañando al planeta».Lo que más le preocupa es encontrar la manera de conseguir energía suficiente para tener un refrigerador y una nevera que conserven los alimentos y mantener las bebidas frías sin necesidad de estar viajando constantemente hasta Puerto Maldonado.La compañía eléctrica que trabaja en la zona no quiere instalar cables porque no hay la suficiente población alrededor para que justifique hacerlo, a pesar de que está ubicado en medio del Corredor Turístico Tambopata. Por ello, viene analizando distintas opciones. No quiere utilizar un motor para evitar consumir combustible y así lograr que su lugar se desarrolle lo más coherente posible con su forma de ver la vida.

La minería ilegal ha deforestado más de 33 mil hectáreas en todo el departamento de Madre de Dios. Herbert Lobón, con mucha pasión, ha convertido sus 33 hectáreas en un lugar de paz y descanso profundo. En los últimos diez años ha plantado,en promedio, un árbol por día. También ha diseñado un jardín botánico con mangos, carambolas y plantas medicinales como la copaiba o el para para –un vigorizante sexual con fama en la región–. «Hay que sembrar para que otros lo aprovechen.Soñar no es solo de locos», dice el profe.
La naturaleza es sabia. Desde que su bosque se ha recuperado, distintos animales bajan allí. Se ve con regularidad al mono nocturno, al pájaro reloj, paucares y distintas aves que pasean por La Habana Rural Inn buscando algo de comida. Este lugarparece un salón de clases interactivo donde puedes cuidar las plantas y aprender todos sus beneficios, escuchar en vivo a los animales y respirar airepuro. Algunas de las cosas simples de la vida que cada vez se hacen más escasas
en la ciudad.