HOUSE OF CARDS A LA PERUANA

Por Gabriela Ramos
¿A qué extremos puede llegar la lucha por el poder? El 27 de febrero Netflix estrena la tercera temporada de una de las series más seguidas. Antes de dar inicio a la maratón, en Asia Sur conversamos con tres analistas para que nos expliquen si el éxito de la ficción se debe a su cercanía -¿o lejanía?- con nuestra realidad.

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Washington puede ser un castillo de naipes en el que convive puerta con puerta el poder, la tensión y los instintos criminales. Beau Willimon plasmó está atmósfera en House of Cards, la primera serie producida por Netflix y el primer proyecto streaming en conquistar premios Emmy.

El reflector principal de esta ficción está puesto en Frank Underwood –interpretado magistralmente por Kevin Spacey-, un depredador político que no contempla obstáculo alguno para llegar a la cima del poder y que, curiosamente, se ha convertido en uno de los antihéroes más aclamados de la ficción en la actualidad. Así vemos cómo en las paredes de la Casa Blanca cualquier hecho político es negociable. Pero es imposible observar esta serie sin cuestionarse si realmente todo en la política es tan sucio como parece. Para esclarecer las dudas, consultamos al analista Pedro Salinas, al abogado Iván Meini y a la periodista Alejandra Puente sobre la proximidad entre ficción y realidad en el plano general y en el contexto peruano. Aquí sus testimonios.

El análisis detrás de la ficción: Pedro Salinas
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Pedro Salinas es un ferviente consumidor de series. Breaking Bad, Juego de Tronos, The Walking Dead… son algunos de los títulos que lo han mantenido por horas frente al televisor. A House of Cards, llegó por una recomendación y, de inmediato, la temática y la correlación con lo que ocurría realmente lo engancharon.

A pesar de que reconoce características distintas entre cada uno de los escenarios, Pedro se atreve a comparar lo que ocurre en la ficción estadounidense con lo que pasa en el plano local y encuentra muchas diferencias, pero también algunas similitudes. ¿La más obvia? Que en la política, tanto en ficción como realidad, continuamente hay que estar planteándose diversos escenarios… tener un plan A, plan B y plan C. En estas lides Frank Underwood es un experto. «Es un ‘timbero’ con olfato, tiene mucho instinto político. En su caso, el fin justifica los medios. No tiene una ideología, ni valores. Lo único que quiere es llegar al poder máximo», lo describe Pedro.

— ¿Hay algún político local que te recuerde a él?
Lo piensa un poco y luego se ríe. «Podría ser Alan García. Él es un demagogo, un buen orador, tiene cierto olfato político para moverse de acuerdo a sus conveniencias, pero si tú le pones una vaya, no tiene visión de futuro. Alan de repente es nuestro político más sagaz, pero es porque no tiene ninguna competencia».
«Alan García. Él es un demagogo, un buen orador, tiene cierto olfato político para moverse de acuerdo a sus conveniencias, pero si tú le pones una vaya, no tiene visión de futuro»



En House of Cards es posible detectar una serie de escalas por las que debe atravesar el personaje personal para hacerse del poder. Allí se encuentra la principal diferencia entre nuestra realidad y lo que ocurre en la ficción. «En la serie vemos que hay que pagar derecho de piso y empezar desde abajo para ascender. En el Perú, tenemos el fenómeno del ‘outsider’ que aparece casi de la nada y termina ganando una elección», explica el analista.

Otra de las disimilitudes que considera Pedro radica en el sistema de partidos. Mientras el panorama político estadounidense está dividido entre dos tendencias muy radicales (republicanos y demócratas), nuestro país es una diáspora. «No hay partidos, no hay ideologías, solamente caudillos. En consecuencia, Frank Underwood comparado con Daniel Abugattás, por ejemplo, termina siendo un súper estadista».

Le pregunto a Pedro cuáles son sus expectativas para la próxima temporada y me responde, sincero, que ya que Frank llegó al poder, el reto ahora estará en conservarlo. «Hacia abajo vas a descubrir otros que estarán tratando de tumbarlo, de ganar posiciones o beneficios por la cercanía al poder».

—¿Y qué esperas de la política peruana?
«¡No! ¡De la política peruana ya no espero nada!… Más espero de la serie», concluye, y estalla en una carcajada ruidosa.

El ojo periodístico: Alejandra Puente
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Zoe Barnes es una joven reportera del prestigioso The Washington Herald. Conocer a Frank Underwood y tener al alcance de la mano la controversial información que este le proporciona, le permite ir escalando posiciones dentro del medio y hacerse de cierto prestigio periodístico. Sin embargo, su cercana relación a la fuente política la hacen involucrarse en más de un problema.

Alejandra Puente, periodista de TV Perú y fanática de la serie, advierte que, al engancharse por primera vez con HoC, se sintió muy lejos de verse reflejada en el personaje de Zoe. «Era la novata malcriada, soberbia e insegura, dispuesta a regalar su ética periodística para intercambiar favores sexuales por información con una fuente, me parecía repulsiva». Aun así, pasado el shock inicial, las acciones de Zoe le recordaron, poco a poco, los extremos a los que mucha gente que comparte su profesión llega.

En algunas ocasiones Frank Underwood, personaje principal de la ficción, rompe el hilo narrativo del capítulo y se dirige frontalmente a la cámara para recitar un monólogo en forma breve. Uno de los mejores discursos, al menos para Alejandra, ocurre luego de uno de los picos de la primera temporada.

—Hay una sola regla —dice Underwood—: cazar o ser cazado.
Precisamente, es esta premisa la que define la relación entre periodismo y política hacia la segunda temporada. Sin embargo, la situación traspasa las pantallas y, según Alejandra, se ve reflejada en la cotidianidad incluso local. «La dinámica entre políticos como fuentes y periodistas puede parecer irreal, pero para mí es muy veraz. En su intento por vender titulares y adelantarse a la primicia, los medios pueden llegar a convertirse en un instrumento a través del cual los políticos manipulan percepciones», sentencia Alejandra.

De igual forma, la ficción a veces explora la influencia que ejercen los medios sobre la política misma. Alejandra evoca un recuerdo reciente para ejemplificarnos la situación. El pasado 27 de enero, media hora antes de que el debate sobre la Ley de Reforma Laboral Juvenil o ‘ley pulpín’ inicie, dos bancadas que se habían pronunciado a favor de su modificación cambiaron de opinión y optaron por su derogación. «Las razones son muchas, claro está. Pero lo cierto es que en esa media hora muchos periodistas pendientes de la noticia comenzaron a publicar tweets filtrando información de sus fuentes sobre una inclinación de la mayoría a favor de la derogatoria. Ahora, ¿cuánto influenciaron estos tweets la decisión final de estas dos bancadas indecisas? Nunca lo sabremos, pero el panorama cambió por completo».

Entonces, ¿hasta qué punto es tan estrecha esta relación? «Que la política intente influenciar al periodismo y el periodismo a las decisiones políticas es hasta cierto punto natural: mantén a tus amigos cerca y a tus enemigos más cerca, dice un refrán popular. El problema surge cuando el periodista en su soberbia se hace dueño de la verdad que filtró su fuente sin preguntar», concluye Alejandra.

Política vs. Política: Carlos Meléndez
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—La política puede convertirte en un gran estadista… o degradarte en la miseria humana –sentencia el sociólogo y analista político Carlos Meléndez al ser interrogado sobre el carácter negociable de una de sus vocaciones.

Hace aproximadamente un año, en su columna de Perú 21, Carlos rebautizó a nuestra primera dama con el apellido Underwood, en una clara referencia a Claire Underwood, la esposa y cómplice de Frank que comparte muchas de las características competitivas de su amado. Sin embargo, en esa misma publicación, recalcó en cada párrafo que «la táctica no radica en persistir en un camino estricto acríticamente, sino en saber detenerse». Y Claire sabía perfectamente en qué momento detener su rumbo y enfocarse en el bien mayor, cosa que el analista no percibía hasta ese entonces en Nadine Heredia.

Hoy por hoy, Carlos sigue pensando que los políticos de la ficción de Netflix superan con creces a los reales, sobre todo si estos últimos son peruanos. A su parecer la explicación es clara. La política norteamericana está nutrida por instituciones y líderes altamente profesionales, enmarcados en una extensa burocracia que incluye asesores, consultores, asistentes, etc. En comparación, la política peruana es contemplada casi como un mal chiste.

«La política peruana es un House of Cards interpretado por los artistas de Risas y Salsas. La diferencia brutal en nivel de institucionalización [partidos, equilibrio de poderes], profesionalización de la política [el 99% de nuestros políticos se creen outsiders] y cultura política [los tweets ministeriales son impensables], nos distancian de manera abismal. En HoC nunca tendrías a un político consultando con Agatha Lys o participando en Esto es Guerra», ironiza Carlos.

Ahora, ¿qué tanto de azar o de planeamiento hay en la política? Para él, siempre existe una cuota de predictibilidad, especialmente en sistemas con instituciones consolidadas que facilitan adivinar, hasta cierto punto, el nivel de comportamiento que pueden alcanzar. «Frank Underwood es un animal político, pero la política en Estados Unidos tiene otros animales que se neutralizan entre sí».

No obstante, la principal virtud de un líder político habilidoso es aprovechar adecuadamente las situaciones y estar involucrado con el rol que representa en cada momento de su vida. «La ambición puede llegar a diluir la frontera entre la vida pública y la vida privada. Muchos de los resultados políticos se cocinan por fuera de los espacios formalmente ‘políticos’. Es ahí donde el azar hace su trabajo», apunta Carlos.

—Entonces, ¿qué político local te recuera a Frank?

Lo duda mucho, antes de dar una respuesta concreta pero, finalmente, responde. «Una vez entrevisté a un político peruano exitoso que me dijo que desde hace cuarenta años, todos los días, reflexiona sobre cómo piensa el elector y el político peruano. En ese momento me di cuenta de que estábamos rodeados de alguno que otro Underwood local, políticos que saben moverse bien en las esferas de poder político, social y económico.