Hombre de tablas

Por Rodrigo Alomía / Fotos de Augusto Escribens
Este 2015 la compañía teatral Los Productores celebra tres años en escena y su director artístico, Juan Carlos Fisher, es el más emocionado al respecto. Con él conversamos sobre la descentralización del teatro a Lima Norte y provincias, las obras que ha dirigido y los nueve años que tiene como director de teatro.
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Un día de 1998, Juan Carlos Fisher recibió una noticia: el actor y director Aristóteles Picho, quien había sido su maestro en un taller de actuación, le avisó que el jefe de escena de la obra Coraje en el exilio se había roto la pierna a dos días del estreno de esta. Era necesario buscar un remplazo, y Aristóteles no tuvo mejor idea que avisar a su alumno.

Cuando Fisher se acercó al Centro Cultural de la PUCP, donde se montaba la obra, se encontró con una escenografía que hasta hoy recuerda hermosa, en la que Chela de Ferrari estaba parada dando indicaciones a sus actores. Ahí la conoció, y la química fue instantánea, pero Fisher no entendía «por qué una persona con una experiencia tan grande me daba tanta ‘bola’, siendo yo un mocoso de colegio». La anécdota le arranca una carcajada a Fisher. Esta noche él está sentado en una butaca roja del teatro Pirandello, donde dentro de una hora se montará Toc Toc, la obra que dirige. Fisher considera a De Ferrari su segunda madre, no solo por la fraternidad que los une, sino también por los roles profesionales que comparten. Ella, directora del teatro La Plaza, pensó, junto con Fisher, que era necesario tener producciones externas a La Plaza, y así nació, en 2012, Los Productores, bajo la premisa de llevar más obras teatrales a más peruanos.

Una de las labores más importantes de Los Productores ha sido descentralizar el teatro a Lima Norte y diferentes ciudades del Perú, ¿cómo inició esto?
Las giras a provincias comenzaron en 2013. La primera experiencia que he tenido como director en una gira fue con Rojo, una obra que hicimos en La Plaza protagonizada por Alberto Ísola y Rómulo Assereto. Nos invitaron a Arequipa en 2012, y la experiencia fue alucinante. Fuimos felices, hicimos tres funciones en el Teatro Municipal de Arequipa y el público fue bastante cálido.

Eso fue el indicio de algo más.
Exacto. Sabía de la experiencia de Osvaldo Cattone y July Naters haciendo giras en provincias, pero nosotros no lo habíamos hecho porque los montajes grandes, como Hairspray o La jaula de las locas, eran difíciles de mover. Sin embargo, ese mismo año hicimos Toc Toc y sentimos que, dentro de todo, la escenografía era sencilla y teníamos la posibilidad de moverla. La llevamos primero a Plaza Norte, después a Arequipa, luego a Piura y finalmente al Cusco.

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¿Qué te decía la gente de provincias al acabar las funciones?
A mí no me dicen mucho porque no me conocen [risas], pero a los actores los llenan de aplausos y les agradecen por estar ahí. Ahora en ciudades como Arequipa y Trujillo hay una explosión de restaurantes, centros comerciales, vías turísticas, cines… ¿y por qué no llevar el teatro? Hay teatros espectaculares, como el Municipal del Cusco, que es una maravilla y donde entran 700 personas.

Háblame sobre el teatro Plaza Norte.
Yo sabía por Miguel Valladares de la extraordinaria experiencia que había tenido llevando Asu Mare y el espectáculo de Johana San Miguel a Lima Norte y Sur. Sentimos que Toc Toc era una obra que podía llegar a más público, y si el objetivo de Los Productores es acercar el teatro a más gente, teníamos que ir a diferentes zonas de Lima. Eso lo habíamos pensado con Chela de Ferrari. Creamos un vínculo con el CC Plaza Norte, y estamos ahí hace diez meses, donde hemos presentado siete obras.

Además este proyecto rompe con la idea del teatro caro y exclusivo.
Creo que eso es algo que ya se ha dejado de lado, esa sensación de que el teatro solo está en zonas como Miraflores. Descentralizar el teatro es algo importante, y ya se está haciendo no solo de nuestra parte, sino también de parte de muchas otras personas más.

¿Cuándo asistiremos a una obra escrita por Juan Carlos Fisher?
[Acerca su rostro a la grabadora] ¡Nunca! El maestro [Alfonso] Santistevan [quien hace quince minutos ha tomado asiento en una butaca al extremo de nuestra fila] tuvo la mala suerte de ser mi profesor de dramaturgia, y mientras todos trataban de cambiar el mundo con sus obras, yo hacía sketchs que podían funcionar en Risas y salsa o en Tranpolín a la fama [risas].

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De pronto Santistevan deja de revisar su celular e interviene: «¡Eso es mentira! Es un mito que él inventó». Todos reímos. Fisher reconoce que escribir no es su don y que incluso le genera cierto temor hacerlo. Por eso admira a los dramaturgos y agrega que su función como director es la de un canal que comunica el talento de sus actores con lo que siente que la obra dice.

Vas a cumplir diez años desde que dirigiste tu primera obra.
¡Una década! Todo ha sido rápido. Cuando dirigí El hombre almohada, yo era el menor de todo el equipo y el director con 23 años. He tenido la suerte de trabajar con actores tan maravillosos a los que siempre les digo que esconden todas mis carencias de director con su trabajo y nivel de entrega y pasión.
Hablando de actores maravillosos,Aristóteles Picho fue trascendental en tu vida.
Ari fue una persona muy especial porque me metió a su taller Grupo Ensayo cuando tenía quince años y solo aceptaban a mayores de dieciocho. En ese momento soñaba con ser actor, pero también tenía interés por la dirección, y él fue lo suficientemente inteligente para llevarme por ese lado. Cuando terminó el taller me llamó para ser el asistente del asistente de dirección de un montaje que dirigía Luis Peirano, y acepté sin dudar. Así comencé con Peirano y luego con Chela.
¿Cómo recuerdas a Aristóteles?
Como una especie de ángel guardián que, sin querer, me conectó con dos personas muy importantes: Luis Peirano, mi primer maestro, y Chela, mi segunda madre e inspiración. Cuando hice Rojo, que era una obra sobre la relación de los maestros con los alumnos, siento que fue una forma de homenajear a Aristóteles y a todos, no solo como directores y personas de teatro, sino también como seres humanos.