Fashiongrafría de Lima

Por Eliana Fry García - Pacheco / Foto de Augusto Escribens
“¿En qué momento se vistió de moda el Perú?” se preguntaría hoy un Zavalita vestido con pantalón pitillo caqui y chompa azul acero de baby alpaca, sentado no en La Catedral, sino en el restobar de la Huaca Puccllana, admirando los restos arqueológicos de esta ciudad, tal vez manoseando un chilcano de tumbo. ¿Mucho cliché? Lima vive un crecimiento de consumo explosivo liderado por una clase media con altas capacidades económicas, ansiosa por vestirse mejor, por cambiar su look, y que entiende a la moda como una herramienta que le permite gestionar su vida con confianza. Y como creemos que el personaje de nuestro Nobel se hubiera acomodado a las tendencias, analizamos que está sucediendo en este sector.
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A mi vestido blanco lo acompañan unas sandalias forradas en tela incaica de fondo negro. “Hace 30 años si te veían con esas sandalias hubieran dicho que eras una hippie socialista. Hoy pensarán que eres moderna, con estilo. Igual que la quinua. Antes hubiera sido ‘aj, ¿no hay carne en tu casa?’ y hoy es gourmet incluirla en una ensalada. Esa es una evolución en la moda. Y está bien. Así debe ser, que nuestros productos se fusionen con las tendencias mundiales.” Esto me lo explica Efraín Salas mientras me acompaña a la salida de su oficina. Él, director del Lima Fashion Week, es un hombre que vive la moda como una práctica cotidiana y quien realizó su primer desfile hace 25 años, hechos que le brindan la suficiente autoridad para guiarnos por los recovecos de esta aún incipiente pero creciente industria. “Decir industria es un atrevimiento. Sector es lo más adecuado por ahora”, fue la segunda lección que nos dio.

Proceso de crecimiento

Esta es una aseveración en la que están de acuerdo todos nuestros entrevistados. Para Sitka Semsch, una de nuestras diseñadoras de mayor reconocimiento internacional, “el mercado de la alta costura es un mercado de nicho aquí y afuera. Ha crecido la oferta con nuevas propuestas y diseñadores, la demanda también ha crecido pero en menos proporción.También hoy en día hay más opciones de marcas internacionales con diversos precios y estilos. Todo esto hace que como diseñadores tengamos que diferenciarnos aún más con nuestras propuestas y ser más eficientes en el negocio”.

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Tarea nada sencilla si consideramos que el círculo de producción de alta moda está beneficiando cada vez a más peruanos. Gianfranco Castillo Lecca, gerente general de Chio Lecca Fashion School, asegura que en estos momentos “la industria de la moda brinda 300 mil puestos de trabajo, el sector textil contribuye al PBI nacional con 1.58% y 124 mil personas viven de la industria de la moda”. Así, la arista creativa no es la única a considerar. Para desarrollar este negocio son necesarias también una parte administrativa que gestione los recursos y, por supuesto, dinero.

Para Efraín lo conceptual está resuelto, “nuestros diseñadores han demostrado talento pero les falta el socio administrador, una cabeza numérica que les diga que hay que quitarle un botón a la prenda porque haciendo cálculos se ahorra tanto y tu utilidad entonces será tanto. También nos faltan profesionales del retail. Para vender hay que pensar comercialmente”. Y con ello no se refiere a masificar productos sino a las viabilidades de comercio que todo negocio requiere.

¿Y las escuelas?

Entonces consultamos sobre este vacío a Mary Del Águila, directora general del Centro de Altos Estudios de la Moda (CEAM). “Tiene razón, sí. Pero hablamos de dos carreras distintas. Eso se conoce en otros países como fashion management que es una profesión netamente analítica que desarrolla conceptos de moda desde un punto de vista ejecutivo en el que no hay nada de trabajo práctico; es decir, no van a coser, no van a dibujar. Es como pedirle peras al olmo: el que va a estudiar una carrera creativa no va a desarrollar estados financieros. Pero es verdad, como dice Efraín, que falta desarrollar ese punto de la moda en nuestro país. Al Ministerio de Educación le correspondería crear la carrera de Gestión de Moda pues no existe”, aclara.

Pero conscientes de la evolución del sector y de la mayor demanda de trabajadores con sensibilidad para el rubro, el CEAM ha creado una nueva carrera de gestión textil. “Somos productores de materia prima de altísimo nivel y necesitamos profesionalizar ese ámbito. Antes un egresado podía poner su línea, trabajar para algún diseñador o en una boutique. Sin embargo ahora puede trabajar en un abanico de opciones. Léase que puede ser stylist, personal shopper, buyer de alguna empresa grande, puede ser crítico de moda, blogger, puede trabajar en un canal de televisión o en el teatro como diseñador de vestuario o en el mundo de la producción”, nos dice Mary, cuyo centro alberga un 13% de estudiantes son hombres.

Prêt a Porter

El LIF Week, en sus escasos cinco años, se ha convertido en el evento más importante de la moda del país. Y aunque esta ya sea una verdad de perogrullo, Efraín aclara que su evento no es un show sino claramente una plataforma comercial. “Si tú vas y te diviertes, mostro. Pero no nació con esa intención. Sirve para detonar la industria del retail en el mercado peruano para diseñadores locales. Está hecho para la prensa, para los compradores, para que los diseñadores vendan más”, y cierta amargura
se cuela en su voz.

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Hay que reconocerlo, desde que el LIF Week existe, el sector ha logrado consolidarse y, en cierta manera, unificarse, creando “integridad en el sector”, como dice Del Águila, mostrando lo mejor que hay en el mercado peruano.

La alta moda necesita de un entorno social y de eventos para poder lucirse. En nuestra ciudad no contamos con grande premiaciones como el Oscar, entonces los matrimonios se han convertido en la cúspide de este segmento. “En mi caso –dice Sitka- el pedido de diseñar vestidos por encargo viene para vestidos de novia, madrina y familiares muy cercanos a la novia. Para esas ocasiones es que valoran el trabajo minucioso, de detalle y que implica un tiempo de pruebas que quizás para otro momento no amerita”.

Pero como señala Efraín, los diseñadores tienen que vivir día a día. Así, las colecciones ‘prêt – porter’ -modelos de diseñador, también exclusivos pero de tiraje, que no llegan a ser piezas únicas de alta costura- parecen ser la respuesta. Se trata de expandir el mercado pues si bien los diseñadores están enfocados al mercado de lujo, la mayoría tiene clarísimo que es necesaria una línea de estas características. “¿Qué sería de Chanel si no vendiera lentes de plástico?, ya habría quebrado”, sonríe Efraín.

Finalmente, lo que se está consiguiendo es converger los opuestos. Por un lado están los diseñadores inspirados en la cultura peruana -quienes incluyen detalles folklóricos en sus diseños- y aquellos que buscan acercarse a las tendencias globales. El equilibrio aún no es claro pero asoma. Sin embargo, Efraín, apunta que es necesario aprovechar nuestra cultura viva, tener un ingrediente “peruano” para que el cliente se identifique y lo asuma como propio, disfrutando de una marca que sabe suya. Solo así podemos asegurar su éxito en el exterior tal cual ha sucedido con la gastronomía: la defensa del producto a nivel internacional se cimentará desde su conocimiento interno (lovemarks). “Aunque tampoco se trata de ir vestidos como carnaval de Puno, ojo; es una moda propia que esté dentro de los cánones de la moda occidental”. Todos pensamos cómo vestirnos para ir al trabajo, al cine o a la playa. Guste o no, todo implica moda.