El swing perfecto se lleva en los genes

Golfista Fernando Reusche

Escribe: Carlos Fuller / Foto: Ronald Martínez
62 años es una edad en la que los golfistas ya compiten en torneos senior. Pero Fernando Reusche nunca se ha metido a uno. Él prefiere batirse y triunfar en abiertos frente a los golfistas jóvenes más talentosos del país. Hace unas semanas logró llevarse el campeonato Asia Golf el mismo que obtuvo su hijo, Gabriel, el año pasado, sin siquiera prepararse. ¿Qué tan lejos pueden llegar los genes deportivos en esta familia?

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Fernando Reusche no puede concebir que alguien no haya visto jamás un partido de Polo. Repite: «En serio, ¿nunca?». Se levanta de la mesa, se dirige al gran sillón que está frente a su televisión de pantalla plana, apunta su control remoto y busca. Ahí está, la final del campeonato argentino del año pasado: Ellerstina contra La Dolfina. La tiene grabada en su decodificador. «¡Has visto la enganchada!», dice cuando un jugador, montado sobre su caballo, recoge la pelota de madera. «Tienes un caballo de quinientos kilos, tienes que montar bien, pegarle a la bola y, además, tienes que preocuparte de que venga otro por atrás y te quiera enganchar por acá o por allá. ¡Este es el rey de los deportes!», grita Reusche con el dedo apuntando a la televisión. Cada una de las paredes de esta sala está cubierta de fotografías o de diplomas. En una aparece Fernando luego de una partida de polo con Carlos, el príncipe de Gales. En otra pared están los laureles deportivos que recibió de manos de Juan Velasco Alvarado. El lugar central de la sala lo tiene un enorme estante repleto de una infinidad de trofeos. La mayoría son de polo y de golf.

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Ha entrado su hijo, Gabriel. Tiene 31 años, acaba de saludar a su padre. Se sienta en el sillón mientras nosotros observamos la taqueada que hace Adolfo Cambiaso, quien es considerado el mejor jugador de polo del mundo. Mientras vemos, Gabriel Reusche asegura que él tenía talento con el caballo y que hubiese podido ser un buen polista, como su padre. Si bien sabe cabalgar, nunca aprendió a taquear. De niño, le interesaban otros deportes. Como el fútbol que le valió una beca para seguir sus estudios de Administración y Negocios Internacionales en Estados Unidos. El fútbol era su pasión, pero también hacía otros dos deportes para poder acompañar a sus padres. Tenis, como su madre, y llegó a ser Campeón Nacional cuando tenía diez años. Y golf, como su padre. Hace unas semanas, Fernando y Gabriel, padre e hijo, participaron en el campeonato de Asia Golf. Un torneo que ganó Gabriel el año pasado. Un torneo que, en esta ocasión, ganó su padre, Fernando Reusche a los 62 años.

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Son titulares del año 1968. Fernando Reusche tenía entonces diecisiete años. Dividía su tiempo libre entre sus clases del colegio Santa María y los entrenamientos de Golf y Polo. Aquel año, sin embargo, se jugaba el campeonato sudamericano de Golf en Lima y la federación le hizo un pedido para que dejase las prácticas de Polo y representase al Perú. Fernando, junto a otros tres golfistas, se enfrentaría a ocho selecciones de Latinoamérica.
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Fue una masacre. Perú quedó primero con 16 puntos obtenidos de 16 posibles. Ganaron todos los partidos. Nunca en la historia se había obtenido este título y no se volvería a obtener hasta el año 2005. Por aquel triunfo histórico, Reusche y sus tres compañeros recibieron los laureles deportivos.
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¿Obtener los laureles deportivos puede hacer que un campeón se retire de la disciplina a los diecinueve? Porque eso fue lo que pasó. Llegó un momento en el que Fernando Reusche tuvo que optar entre el golf y el polo. Esto ya que los campeonatos de ambos deportes se realizaban los fines de semana. No podía repartirse. Y eligió el polo, que siempre lo había apasionado más. Por veinte años no volvería a jugar golf.
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Hasta el día del accidente.

El polo le había cobrado a Fernando cada uno de los huesos del cuerpo. Se había roto el hombro, la clavícula, la mandíbula, la muñeca, el tobillo, tres costillas una vez, dos más en otra ocasión. Y ninguno de esos accidentes a caballo lo había podido detener. Lo que lo detuvo fueron un par de esquíes sobre la nieve. Era 1993 y los doctores le dijeron que no podría jugar polo nunca más. Pero el fin del polo para Fernando Reusche no sería del todo un final. Con más de cuarenta años, una edad en la que se suelen dejar los campeonatos, Fernando se convertiría en golfista por segunda vez.
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Gabriel Reusche no juega golf con frecuencia. Dice que sale a la cancha unas veinte o treinta veces al año como máximo. Ha tomado muy pocas clases. Siempre prefirió salir a la cancha con su padre lo que, al mismo tiempo, era una oportunidad para pasarla con él, que trabajaba mucho. Gabriel le agarró el truco muy rápidamente. El swing tenía la misma mecánica de los movimientos de raqueta del tenis, que él dominaba. Y así como su aprendizaje fue natural, su juego es instintivo. «Yo hago una vuelta de golf basado en cómo me sienta ese día, mi rendimiento depende del feeling que tenga. Apenas piso la cancha yo ya sé cómo me va a ir», dice. Y lo supo el año pasado, cuando resultó ganador del campeonato Asia Golf sin siquiera prepararse. Se inscribió solo por diversión, para jugar al lado de su padre, su único maestro.

«La gente conoce a mi padre como una persona que está en la constante búsqueda de la perfección del swing», dice Gabriel. «Es muy distinto a mí en ese sentido, es muy metódico. A pesar de estar a full por el trabajo, encuentra el tiempo para ir al club a golpear unas bolas. Se trae todas las revistas de golf para estar al tanto de las tendencias. Por eso sigue jugando con los mejores de Perú, que son mucho más jóvenes. Y no porque él quiera, sino porque los mejores le piden que juegue con ellos».
—¿Aquel campeonato del año 1968, en el que te llevaste los laureles deportivos, sería tu gran hazaña en el golf? —le pregunto a Fernando.
Él reflexiona un momento. Mira a su alrededor, como contemplando la infinidad de trofeos y títulos en busca de aquel que lo haya colmado más.
—El golf es un deporte que se puede jugar hasta mayor. Puedes hacerlo hasta los cuarenta a un nivel competitivo. Lo raro es lo que me está sucediendo en este momento. Tengo 62 años y acabo de ganar un campeonato en el club Asia Golf contra jóvenes. A mi edad yo debería estar jugando torneos seniors. Aún me defiendo y, en algunos momentos, le puedo jugar de igual a igual a los chicos. A los mejores del Perú. En ese sentido, creo que mi gran hazaña en el golf sucedió el año 2005, cuando conseguí el Campeonato Nacional. Yo Tenía 54 años de edad. Y a los 54 eres un acabado.
Hace ocho años Fernando Rusche era un supuesto acabado.
Hace un año Gabriel Reusche no debió ganar un campeonato porque no entrenó.
Los genes de esta familia van más allá de la lógica.