El golfista quieto

Escribe: Javier Wong Q. // Foto: Marco Garro.
Ha sido el primer peruano en ganar un torneo del Professional Golfer’s Association Touren Latinoamérica. Pisa canchas de golf desde los seis años y puede estar hasta trece horas seguidas practicando su swing y midiendo distancias. Sebastián Salem, joven empresario y ahora referente en el mundo de putters, bunkers y enormes jardines, asegura que el golf es el deporte más difícil del mundo. Un vendaval de impulsosentrany salen de la cabeza durante los dieciocho hoyos. ¿Cómo mantenerseconcentrado para pegarle a la pelotita?

Hoyo final. Era un día nublado en el Club Golf los Incas. A Carlos Franco, golfista paraguayo ganador de cuatro títulos del PGA, le tocaba primero. «Franco es mi ídolo, yo lo veía en los campeonatos y quería ser como él», dice Sebastián Salem. La pelota vuela, cae entre los árboles. Franco erró el green, la parte pareja del grass en una cancha de golf; Salem, no. Los 4 mil asistentes esperaban ansiosos. Tenía que meter la pelota en dos tiros, estaba a diez metros de la bandera. Ahora está a metro y medio. El palo se mueve hacia atrás, la pelotita entra al hueco.

«Acá nomás, en la cancha», dice Salem. Estamos de nuevo en el Club. Esta vez no hay nubes, el sol pega fuerte. Ahora, más tranquilo, habla de la mente y el golf. A los veintinueve años, se ubica noveno en el ránking latinoamericano de la PGA. Chompa gris, pantalones de oficina, gesto adusto; Salem había decidido dedicar este año a trabajar frente a una computadora. Ahora todo cambió. «El jueves vine a divertirme y el domingo tenía toda la presión encima», comenta, mientras saluda a colegas golfistas. Luce contento, respira hondo y dice que el golf es un deporte pausado, pero con un vértigo particular.

En el fútbol, tener un momento de pausa cada vez es más complicado. En noventa minutos, el partido hace que los jugadores corran entre nueve y doce kilómetros. El tenis, punto por punto, se juega de a dos o de a cuatro. La natación es un hit de velocidad sobre un carril; dura dos o tres minutos. En el golf están dos: el campo gigante y tú. Los campeonatos duran días y en esos días se juega desde la mañana hasta el atardecer. El tiempo no es un factor dentro
del campo

En la cabeza, sin embargo, acelera todo.

«Esto no es acción y reacción. Caminas y piensas en miles de asuntos». Desde hace dos años, Sebastián pasa por umbrales del dolor. Se sacrifica, dice, porque medita. Wayo Salas, su maestro en el arte del autoconocimiento, que también visita a otros deportistas como Sofía Mulanovich, vive en Villa y Salemacudea verlo por las mañanas. «Sobrepensar es un gran problema en este deporte, que justamente invita tanto a eso», dice Salem. El tiempo entre hoyo y hoyo pasa lento. La clave, dice, es aquietar los pensamientos. No pensar de más, virtud complicada en un deporte que invita a desconcentrarse, donde los momentos de suspenso ocupan una pequeña parte de los campeonatos.

«Creo que sí lo puedo hacer en dos golpes», dice Salem, a metro y medio del hoyo dieciocho, el último de aquel domingo. Prepara su swingy la bola vuela.Se hace complicado ver dónde aterrizó. «Es difícil pegarle cuando estás a mil revoluciones por minuto». Trataba de que su cabeza estuviese lo más despejada posible, pero la pelota ha caído lejos del hoyo, a más de diez metros. Salem calcula la trayectoria del tiro. «El golf puede quitártelo todo y entregártelo de nuevo». En un torneo, lo que ocurra dentro del campo, se queda en allí y la perspectiva se puede perder. El golf tiene ese efecto en la mayoría de profesionales: los deja pensando en el triunfo o el error; en la pelota entrando al agujero, quedándose corta y yéndose de largo. Sebastián tira, la pelota se queda a un par de metros del green. No lo hizo en dos. Otro día, tal vez.