El fotógrafo sin miedo

Por Gabriela Ramos
A mitad de la carrera de Derecho, Sebastián Castañeda se dio cuenta de que lo suyo era el fotoperiodismo. Bastaron pocos años para que se decidiera por recorrer parte del Perú y del mundo para retratar temas trascendentes: manifestaciones religiosas y zonas de conflicto. Recientemente ha ganado el Premio a la Excelencia de Picture of The Year International por Refuge of the soul, su serie sobre el Señor Cautivo de Ayabaca.

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Un no creyente divaga, impresionado, en medio de una atmósfera abrumada por rasgos religiosos, donde cuerpos llenos de moretones y llagas se arrastran por un largo trecho, algunos con una cruz a cuestas que excede su propio tamaño; otros atraviesan a pie un camino de trocha inestable sin ningún tipo de calzado para llegar a rendir homenaje al Señor Cautivo de Ayabaca.

En la sierra de Piura, Sebastián Castañeda, el protagonista de esa historia, registró, por curiosidad fotográfica, los pormenores de una de las peregrinaciones autóctonas más tradicionales. No pidió ningún milagro ni hizo ninguna promesa, pero la intensidad de la celebración despertó en él un apasionamiento que culminó en el Premio a la Excelencia de Picture of The Year International, uno de los concursos más reconocidos de fotoperiodismo. «Ver cómo la gente llega a tales extremos por su fe me impresionó. Me pareció increíble ese tipo de conducta humana, aunque yo no lo haría».

Refuge of the soul es el nombre de la serie fotográfica, realizada en 2013, que documenta la sufrida migración eclesiástica con la que ganó el premio el año pasado. Hace un par de semanas, Sebastián volvió a ser reconocido con la misma distinción con fotografías que abordan el mismo tema, pero que fueron tomadas en 2014.

Sebastián toma fotografías siempre. No importa si frente a su lente haya un fusil AKM. «Siempre puede haber un momento adecuado».

Sin embargo, él no solo acerca sus ojos hacia el visor de una cámara ante temas relacionados a la fe y al misticismo. En realidad Sebastián toma fotografías siempre. No importa si frente a su lente haya un fusil AKM. «Siempre puede haber un momento adecuado». En 2012, cuando caminaba por la selva cusqueña en busca del helicóptero perdido en el secuestro de Kepashiato, él y un grupo de periodistas se encontraron frente a frente con el camarada Gabriel, uno de los senderistas más buscados del país, resguardado por terroristas armados. «¿Qué podía pasar? Había tres opciones: nos secuestraban, nos mataban o nos dejaban libres», cuenta con una tranquilidad sorprendente.

Pero esa no fue la única vez que se enfrentó cara a cara con el miedo. En 2013 viajó hasta Siria en pleno periodo de conflicto. Viajó con Laura, una periodista española y optaron por permanecer en Raqqa –actual capital del Estado islámico–. En esa ciudad solo había un grupo de periodistas franceses y ellos. A los pocos días de llegar, secuestraron a los franceses. «El peligro estaba ahí, en cada rincón. Pero así como tuve suerte con los senderistas, tuve suerte en ese momento».

Luego de tantas historias sobre la exposición, una interrogante se vuelve obvia. «¡¿A qué le tienes miedo, Sebastián?!». Responde con el mismo tono sereno que ha mantenido durante toda la entrevista. «A muchas cosas, pero uno no puede dejar de hacer lo que tiene que hacer solo por eso». Le damos toda la razón.