El coleccionista de motos

Escribe. Javier Wong Q./ Foto. Marco Garro
Ambassador, Victoria, Panther, Triumph, BMW, ADLER. Motos antiguas, clásicas, que ilustran almanaques de los años setenta y pueden pesar más de quinientas libras. Miguel Manrique, empresario y aficionado al mundo de los motores y las dos ruedas, atesora catorce. Además de la pasión y el cuidado por estas máquinas móviles, utiliza el motociclismo como un símbolo: relaciona la libertad de las motos con una marca.

Un cuadro: el motociclista en plena carrera. Grandes trazos, una imagen colorida. La pintura asemeja velocidad, movimiento. «Gran premio de Barcelona», dice abajo. «Debe ser Ángel Nieto, ganador trece veces del campeonato europeo», comenta Miguel. Es gerente de Euromod y maneja tiendas como Joaquím Miró. Tiene ya veinte años en el mundo de los textiles y cuarenta de aficionado a estos vehículos de dos ruedas. Su colección fue exhibida en el Expo Motos 2012.
Su oficina es grande, espaciosa. «Hablemos de motos», comenta mientras observa pósters con ilustraciones de motos y motociclistas.

¿Cómo comenzó tu afición por las motos?

Cuando vivía en Barcelona y recién cumplí los nueve. Era el año 1969. Veía a Nieto (el campeón de líneas arriba). Montaba una DERBI (Derivados de Bicicleta), una moto catalana. Me llamó la atención. A la máquina se le llamaba la bala roja, porque era una de velocidad insólita para la época. Es curioso porque mi primera moto la tuve a los 35 años.

¿Y por qué motos?

Me gusta la sensación de libertad que te da una motocicleta. Es muy distinto que manejar el auto. Es un tema de espacio y aventura. Son solo tú y la carretera. Se trata de un momento personal. Yo saco mi moto y me voy a Paracas. Pocas veces manejo en la ciudad. Estresa, es peligroso.

¿Cómo has llegado a adquirir doce? ¿De qué manera funciona el proceso de adquisición?

La primera que adquirí para la colección de Joaquím Miró fue hace siete años. Se convirtió en un trabajo de investigación. Mis amigos me ayudan a buscar. Me van llamando cuando aparece alguna. Pero, bueno, tenerlas operativas es otro tema. De las catorce, diez están listas para usar, porque conseguir los repuestos es dificilísimo. Muchas de las fábricas que hacían las motos ya no existen. Salvo BMW y Triumph, las otras marcas se hacen complicadas. Las Marca ADLER, por ejemplo, ya no existe. Buscamos por internet. Los repuestos que ya no se encuentran los fabricamos, duplicamos. Hay motos que me pueden tomar dieciocho meses en arreglar. Ahora mismo tengo tres en reparación.

No solo es manejarla…

Lo bonito es que vas apreciando, investigando. Es un tema de mucha paciencia. No hay nada que pueda hacerse para mañana.

El mensaje

La afición no se queda solo en eso. Manrique utiliza las motos como un ideal, un símbolo. Cada una de ella se encuentra en las tiendas de Joaquím Miró, marca de ropa que guarda similitud con la esencia de estas avispas de dos ruedas. Comparten el mismo espíritu.

¿Cómo surge la idea de relacionar el concepto de las motos con el de la ropa?

Es un método para desarrollar el producto. La motocicleta como identidad de la marca. Vi una moto en una tienda y pensé que podría ser una buena imagen para el espíritu de la marca. Se trata de combinar la onda de vestimenta retro y elegante con el espíritu de las motos. Lo clásico, libre, cuya identidad se mantiene con el trascurrir de los años.

¿De qué manera ejecutar esto?

Es un reto. Moverlas hacia las tiendas resulta complicado. Hay motos que son de acero, algunas pesan quinientas libras. Ese es un reto y parte del placer. Casi todas están exhibidas y la gente se queda pegada, viéndolas. Jugar con esa asociación es cargar a la marca de la independencia y libertad que te dan las motos. Sentirte libre, con espíritu joven.