El Chocomuseo

Alain Schneider y Clara Isabel Días descubren el cacao y deciden hacer un museo de chocolate

Escribe: Gloria Ziegler / Foto: Marco Garro
Una pareja de franceses, Alain Schneider y Clara Isabel Días, dejaron sus trabajos de oficina cuando vieron por primera vez una planta de cacao en Nicaragua. Se enamoraron del fruto y aprendieron a hacer chocolate. Hoy tienen cinco chocomuseos repartidos en distintas ciudades de Centroamérica y el Perú. ¿El chocolate merece un museo?

El primer chocolate que prepararon no les salió tan rico. Hasta entonces los ingenieros franceses Alain Schneider y Clara Isabel Días nunca habían visto una planta de cacao. Llevaban medio año trabajando en Nicaragua cuando Mitchell Bodian, el dueño de un hotel en la ciudad de Granada, les propuso hacer un museo del chocolate.

«Había plantaciones de cacao muy cerca y a él le encantaba ir a pasear y ver el cacao, pero se daba cuenta de que ninguno de sus clientes conocía el fruto ni cómo se hacía el chocolate, aunque les encantaba comerlo», cuenta Clara Isabel, dos años después. Entonces compraron libros, estudiaron el proceso y fueron a recorrer una feria donde encontraron granos de cacao barato. Lo tostaron y siguieron, paso a paso, el procedimiento que habían aprendido. Sin embargo, el chocolate tenía gusto a quemado.

Pocos días después se contactarían con una cooperativa que exporta cacao a Alemania. Y ellos serían su verdadera escuela. «Nos enseñaron todo el proceso de nuevo: cómo tenía que ser el cacao, el proceso de fermentación, cómo tostarlo y todo lo que había que hacer hasta obtener el chocolate. Desde entonces no nos fue tan mal», cuenta Alain, y se ríe.

A mediados de 2010, el primer Chocomuseo ya estaría funcionando; pero apenas tres meses después de su apertura, Clara Isabel y Alain debían regresar a Francia. Ya habían terminado su año en el extranjero.