Daniel Ruiz-Gonzalez solo para tus oídos

Daniel decidió lanzar un proyecto independiente donde él es el único integrante.

Escribe: María Jesús Zevallos / Foto: Macarena Tabja
Luego de tocar la batería en la banda peruana Space Bee por seis años, Daniel Ruiz-Gonzalez decidió lanzar un proyecto independiente donde él sería el único integrante: quien tocaría todos los instrumentos en todas las canciones. Dice que no tiene problema con eso. Ya está acostumbrado a la soledad.

IMG_8977
Daniel está solo.

Solo como hoy, que llega al estudio en el que grabó su primer EP como solista, con su proyecto Daniel & the dead end, que lanzará en abril. Son solo cinco canciones las que grabó tocando todos los instrumentos –guitarra, batería, bajo y teclado–, incluidos los coros y la voz principal. La soledad, para el músico peruano de veintiocho años, pelo rizado y ojos cansados, ha sido una circunstancia vital para su música. Lo que empezó todo.

«Comencé a componer cuando me quedé sin Dios, sin familia y sin amigos», me explica el músico, quien, después de pasar ocho años asistiendo a una Iglesia evangélica, se alejó de ella, al desencantarse por la intolerancia que, a decir de él, expresaba la biblia. Fue en esa época, a los dieciocho, cuando se mudó a Canadá con su familia y experimentó la soledad pura y dura: estaba lejos de todo lo que conocía. «Componer fue mi catarsis en ese momento, y lo sigue siendo ahora», dice el músico.

Daniel toca solo.

Antes fue el baterista de la banda peruana Space Bee por seis años, hasta que decidió irse porque, según dice, nunca pasó nada. «Éramos una banda de seis líderes; cada uno tiraba para un lado diferente, nunca nos poníamos de acuerdo». Pero su primer proyecto como solista también estuvo marcado por la soledad.

A mitad de 2012, Daniel iba a grabar una sesión para un canal de televisión por internet. Pero, un día antes de grabar, todos los músicos cancelaron. Daniel se quedó solo, con todas las canciones que había compuesto. Pero grabó el programa igual, tocando todos los instrumentos. Hoy ese video tiene 16 mil reproducciones. Meses después, Daniel salió a cazar músicos para grabar su disco. Llamó, escuchó, probó. Pero nadie funcionaba. «Hay muy pocos músicos en Lima. Cantantes hay poquísimos, y cantantes que canten bien hay menos. Entonces dije, “¡A la mierda! Voy a intentarlo”». Daniel comenzó grabando demos, tomó clases de canto y aprendió a componer para su voz. Una de esas canciones, Something else, ha hecho que Daniel esté como semifinalista en la International Songwriting Competition, entre 20 mil concursantes. Something else es sobre el sufrimiento que causa una separación. La soledad, para él, también es eso: dolor. Ahora Daniel sigue solo, pero está contento con su sonido. Por primera vez en mucho tiempo, tiene el control completo de la música que graba. No necesita de otros músicos. No por ahora. Tampoco piensa tocar en vivo. «No quiero porque aquí la gente no va a una presentación a escuchar la música», dice. «Estás en un concierto y están gritando, gileando, y uno está ahí, como música de fondo». Por eso, la idea de Daniel & The Dead End es hacer presentaciones en lugares como teatros, con gente que vayan solo a escucharlo, y subir luego esos conciertos a internet. En un concierto del año pasado, dijo nueve palabras antes de empezar a tocar: «Hola. Soy Daniel. Esta es mi música. Cállense». La gente no le hizo caso. Daniel dejó el escenario luego de la tercera canción.

Después de todo, solo quiere dedicarse a la música.No quiere ser una gran estrella, ni tener millones de seguidores. No le interesa sonar en la radio o salir en televisión. Solo quiere hacer música buena, bien pagada y respetada. Pero sabe que, si lo quiere hacer, lo tendrá que hacer solo. Pero no es un problema para él. «Yo estoy en contra del apoyo al músico. No necesito apoyo, no soy un mendigo. Si quieres, escucha mi música, y si no te gusta, todo bien», dice, con risa despreocupada.
Para Daniel, esa soledad que lo persigue como una maldición puede haber sido la mayor bendición de todas. Por eso seguirá haciendo música solo, porque puede, porque ya no le tema a la soledad. Al menos, no como antes.