Cuando la calle se vuelve arte

Escribe: María Jesús Zevallos / Foto: César Campos
+ MATE presenta la exhibición Somos libres, una recopilación de las piezas de arte de la colección personal del fotógrafo peruano Mario Testino, que incluye a artistas de todo el mundo. José Carlos Martinat y Miguel Andrade Valdez, son los únicos peruanos que presentan piezas de su trabajo. Ambos, comparten un deseo por hacer que el arte vaya más allá de un mero deleite visual. ¿Puede un cartel político o un monumento olvidado convertirse en una obra de arte?
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1. Dentro

La primera exposición fue en la casa de sus padres. Era una presentación de fotografía experimental que José Carlos Martinat –en ese tiempo, de unos veinticinco años– había habilitado en una casa miraflorina para que el público pueda ver su trabajo. Cuando las fotos terminaban, la casa se convertía en parte de la exhibición: los objetos, algunos videos que Martinat proyectaba sobre los muebles de la sala, el olor de la cerveza que se derramaba en el piso. Todo iba causando un impacto en las personas que entraban a ver la muestra. Entonces, todo llegó a formar parte de ella. Como un proyecto de fotografía que luego se convirtió en una instalación, explica Martinat. Aquello abrió toda una vertiente nueva ante sus ojos. «Vi la oportunidad de experimentar con otras cosas, con otros medios», explica, sentado en una de las bancas de MATE.

Desde entonces, Martinat ha buscado cuestionar y crear un impacto en cualquiera que participa de su arte. El descascarar una pinta política de una pared, por ejemplo, y colgarla en una galería en medio de Londres, puede hacer que una chacana amarilla tome un contexto diferente. «Se vuelve una pintura», dice el artista peruano, radicado en México. «Le da otro valor, encuentra un significado nuevo». El cuestionamiento, para Martinat, es indispensable en el arte.

El preguntarse por qué estas piezas de las que el artista se apodera –sean logotipos de empresas grandes, pintas políticas, e incluso arte callejero– pueden cobrar una identidad nueva. «El cuestionamiento es básico en el aprendizaje», dice.

Dentro de Somos libres, la pieza de Martinat es un pedazo de pared a la que le sacó los ladrillos. Así, el artista toma una parte de la arquitectura de la ciudad y la aísla de una manera que nos permite considerar realmente lo que significa dentro de la cultura local. José Carlos Martinat nunca estudió arte. Es diseñador gráfico publicitario de profesión, pero nunca ejerció. Para él, el no haber tenido una preparación clásica le da la libertad de explorar el arte de modo que el objetivo sea una reacción y no solamente una obra bien ejecutada.

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2. Fuera

No recuerda cómo fue exactamente, pero sabe que, después de una salida con sus amigos, Miguel Andrade Valdez regresó a la casa de sus padres y les dijo que estudiaría arte. Y lo hizo, aunque casi por su cuenta. Más tarde, dejó de asistir a clases para trabajar en su estudio y leer sobre historia del arte de manera casi obsesiva. No podía esperar tres años más de universidad para comenzar a ser artista. Él ya lo era.

En la exposición de MATE, Andrade se apropia de carteles chicha. No los compra, ni los hace. Los recolecta de las paredes de la ciudad y crea una composición nueva con ellos. Descontextualizar algo que es arte, tal vez sin tener un valor artístico, y hacer algo que resalte su existencia y que haga que el público se cuestione por qué es parte de sus vidas. «Prestar atención es parte importante de mirar y de hacer arte», explica Andrade Valdez, impecable en una camisa blanca y con una voz gruesa que se sobrepone a la bulla de los autos que pasan y la música del lugar. Ambiente. El estar atento, explica el artista, es como una cachetada en la cara. Te pone en una posición no pasiva sino activa frente a lo que estás mirando. «Nos cambia. Nos transforma de alguna manera. Nos hace bien. Es como un buen deporte para la cabeza».

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Fue así, prestando atención a sus alrededores, que Andrade llegó a preguntarse la razón de existir de muchos de los monumentos conmemorativos que diariamente ignoramos en la ciudad. Las piezas, explica el artista, son pequeñas, que no llegan a una escala monumental, y, a veces, la misma naturaleza se encarga de cubrirlos y hacerlos invisibles. Si raramente se perciben, ¿por qué existen? Andrade Valdez se preguntó esto mismo, y decidió hacer de estos monumentos olvidados algo que se note. Recreó una galería alrededor de uno de estos monumentos, en un parque de Lima. Por fuera, era un cubo de madera en medio de un parque. Pero, una vez que la gente entraba, la loza del piso y las paredes blancas, con una luz balanceada, hacía que ese pequeño espacio asemeje cualquier galería de arte actual.

«Era como entrar a un portal en el que aparecías en una galería y de pronto este monumento estaba ahí», explica. Eso hizo que el público observe el monumento, se pregunte por qué estaba ahí, qué es lo que conmemoraba. «Es interesante, porque la gente se preguntaba qué hacía esa escultura acá, pero la escultura siempre había estado, lo único nuevo era el cuarto blanco». Son aquellos descubrimientos que suceden cuando uno abre los ojos y se dedica a observar.