Cómplices del miedo

Por Rodrigo Alomía / Fotos de Augusto Escribens
A propósito del estreno del conjunto de microobras de teatro Relatos siniestros, conversamos con tres de sus directores, Sandro Ventura, Dorian Fernández-Moris y Álvaro Velarde, sobre su paso [momentáneo] de la pantalla grande a las tablas, y de por qué el género de terror suele ser ignorado por la crítica.
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Piénsalo por un momento: ¿qué es más complicado: asustar o hacer reír? En esta casona barranquina de dos pisos, en plena avenida Pedro de Osma, definitivamente lo primero es más sencillo que lo segundo. El mobiliario del lugar luce deteriorado, como si hubiera quedado detenido en el tiempo; las paredes están despintadas y las escaleras crujen con cada pisada.

Desde el pasado jueves 22, aquí, en nueve habitaciones distintas de la casa, se montan las nueve microobras de terror que conforman Relatos siniestros. La idea nació después de que en esta locación Sandro Ventura rodara la película Poseídas [se estrenará este año] y convocara, meses después, a ocho personajes vinculados al cine para dirigir sus propias obras, algunos de ellos sin ninguna experiencia en el mundo de las tablas. Álvaro Velarde es reconocido por su comedia El destino no tiene favoritos (2003), y Dorian Fernández-Moris, por la película peruana de terror más taquillera hasta hoy, Cementerio general (2013). ¿Qué puede resultar de una conversación entre ellos tres?

Primeras impresiones

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Álvaro: No sé qué va a pasar con lo que voy a hacer porque mi obra es como una broma del terror, un poco más cómica, frikie…

Sandro: Lo que yo sentía sobre el teatro es que me iba a aburrir al ver mi obra veinte o treinta veces. Pero lo genial es que va mutando, y justamente es la reacción del público la que manda. En el cine, si haces el ridículo, ya no tienes nada más que hacer. Acá puedes cambiar de una función a otra, decir al actor: «no hagas esto o aquello». Eso es lo divertido.

Dorian: Siempre insisto en que no es fácil lograr un miedo genuino y que el espectador se espante. Para mí asustar es un tema personal. ¡Realmente quiero espantar! Por eso cuando me hablaron de hacer esta experiencia, dije: «tengo que sacarme el clavo con el susto», y qué mayor reto que con una obra de teatro vivencial, que no tiene el recurso de la edición ni la sonorización para crear pánico en la gente. Descubrir y entender las formas de asustar, de lograr ser efectivo asustando es un reto pendiente.
Álvaro: Los elementos del teatro, en comparación con el cine, son bastante limitados, pero puedes hacer que el actor interactúe con el público y resulte en algo insólito e inesperado.

Sandro: En el teatro casi no se experimenta con el terror.

Álvaro: En mi caso todo ha sido rápido, porque Sandro me pasó la voz un día antes. [Dirigiéndose a él] Creo que te faltaba un sitio para llenar [todos estallan en risas].

El terror en el cine

Álvaro: Los premios más importantes nunca van a elegir al cine de terror… a no ser que sea un festival de terror.

Dorian: Hay grandes festivales de terror y de géneros específicos en el mundo. Pero es muy complicado que una película de terror llegue a los Oscar, a menos que tenga ciertos elementos que la industria cinematográfica reconoce.

Sandro: Claro, no hay ninguna película de terror que haya ganado. El silencio de los inocentes podría ser lo más cercano, pero es un thriller.

Álvaro: Por ejemplo, El resplandor, que para mí es brillante, el año que salió no ganó nada, y el Oscar lo ganó Gente como uno [de Robert Redford], una película que hoy en día nadie recuerda.

Sandro: ¡Y para colmo le ganó a Toro salvaje! [vuelven las risas].

Álvaro: Pero los festivales también son políticos con ciertas temáticas de moda. Los géneros los ven como divertimentos; eso es lo que pasa. No dan premios al cine como lenguaje o expresión de arte, sino a la responsabilidad política o social que tengan las películas con algún tema.
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Dorian: Lo bueno es que hay un circuito alternativo para el terror, y puedo dar fe de esto porque me tocó estar en el Festival de Cine Fantástico de Cataluña, uno de los más importantes del género. De hecho la gente de la producción de James Wan [director de El conjuro] decía: «estamos aquí porque estos son los Oscar del terror». Se están haciendo muchos esfuerzos en el mundo, y en el Perú ya tenemos un festival del terror que estrenamos el año pasado.

«Lo genial del teatro es que va mutando, y es la reacción del público la que manda. En el cine si haces el ridículo ya no tienes nada más que hacer. En el teatro puedes cambiar de una función a otra, decir al actor: “no hagas esto o aquello”. Eso es lo divertido».

Sandro: Recuerdo que de niño El exorcista era una película casi prohibida, y La profecía era la sensación cuando la pasaron en la tele.

Álvaro: Las que no me gustan son las sádicas.

Sandro: La primera de la saga de Saw me parecía buena…

Dorian: ¡Pero después se puso morbosa!

Álvaro: Lo que tienen los géneros como la comedia y el terror es que te mantienen en constante tensión, y eso es muy meritorio. Si quieres subirte a una montaña rusa, ve una buena comedia o una buena cinta de terror.
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