Cómo transformar un saco de harina en un vestido de alta costura

Rosario Mendoza

Escribe: Mónica Ocampo / Foto: Alejandro Elorriaga
Es conocida como la Carolina Herrera de México y acaba de presentar su última colección en PerúModa 2013. De niña, Rosario Mendoza le hacía vestidos a sus muñecas con hojas de maíz. Hoy usa materiales populares mexicanos para crear vestidos elegantes para reinas de belleza y primeras damas. Su objetivo: rescatar el glamour del folclor en una prenda de vestir

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Algo insólito sucedía con los diseños de la mexicana Rosario Mendoza. Algo extraño, que no sucedía con ninguna otra diseñadora de modas de su país. Sus modelos, al cobrar vida, lo hacían en materiales tradicionales mexicanos como el lino y la manta, esa tela parecida al yute, un poco rígida al tacto y de color amarillento. Faldas, blusas y vestidos hechos con bordados prehispánicos de los estados de Chiapas, Oaxaca, Hidalgo, Yucatán y Michocán. Hoy, esos diseños hechos con telas gruesas y toscas son las que Rosario Mendoza ha paseado por eventos como los premios Emmy y Grammy, que ha presentado en la semana de la moda de Shanghái y que ahora presentó en PerúModa 2013. Llamas, Colores Y Amores es una colección de 45 prendas que, según la diseñadora, mezclan materiales, cultura y emociones que se encuentran en el folclor de la cultura mexicana, como la de Michoacán, donde nació, y la de Guadalajara, donde tiene Takasami, su casa de moda.

Takasami [nombre creado con las iniciales de los nombres de sus hijas: Tanía, Karina y Samira] comenzó como algo totalmente artesanal. Una red de circunstancias a principios de los ochenta. Rosario Mendoza tenía una tienda pequeña donde daba clases de pintura y hacía collares de pequeñas piedras preciosas como el jade. Y mientras buscaba compradores fuera de los peatones espontáneos que pasaban frente a su tienda, decidió diseñar veinte collares para ofrecerlos en una importante tienda por departamento. «Los llevé en una caja de cartón de zapatos», recuerda la diseñadora. Nunca imaginó que la encargada de la tienda, al ver el trabajo de Rosario, le pediría trescientas piezas más. «Salí con gusto y susto a la vez», dice, entre carcajadas. Ahí inició su carrera en el mundo del diseño, creando joyas, cinturones, tocados de novia, sombreros, entre otros accesorios. Pero la buena racha no duraría mucho.

Habían pasado cinco años desde que Rosario abriera Takasami, cuando llegó a México una estampida de productos asiáticos de bisutería que se convertirían en la nueva competencia de la novata creadora. Los productos foráneos, claro, no tenían los diseños ni la calidad de los de Rosario, pero eran baratos. «Yo tenía a más de doscientas mujeres a las que les daba trabajo como bordadoras», recuerda la diseñadora. «Pero los tiempos de crisis, son tiempos de oportunidades». Así nació el concepto de moda artesanal mexicana. Adoptó un estilo de prendas confeccionadas con manta que solo era utilizada en la ropa de los campesinos y costales de harina, por lo que tuvo que crear sus propias telas para que le dieran los efectos que necesitaban sus diseños. La diseñadora ofrecía sus creaciones en Puerto Vallarta y Cancún: los turistas le compraba sus prendas de inmediato. Así, Takasami primero fue una marca reconocida en el extranjero y después en México.

No fue fácil. Hacer que los majestuosos trazos con motivos indígenas y la materia prima que usaba la diseñadora para construir sus vestidos se aprecie como alta costura en el mercado de su país fue, en sí mismo, un proyecto a largo plazo. «Cuando en alguna reunión empresarial, de negocios o social que nos presentábamos yo decía que mi ropa era de manta, me preguntaban: ¿No pica la tela? ¿No raspa por ser tiesa? ¿Por qué elegiste esa tela tan corriente para tu línea? ¿No hubiera sido más fácil con telas suaves y finas?» recuerda Rosario. «Tuve que demostrar que el verdadero valor está en rescatar y devolver la dignidad de esos tejidos y aplicarlos a un diseño contemporáneo, a un estilo internacional».

Veinticinco años después, la marca de Rosario Mendoza se ha posicionado entre los gustos de mujeres hermosas como la ex Miss Universo Ximena Navarrete, ministras y primeras damas. Sus colecciones se venden en Estados Unidos, Canadá y Europa, Centro América y el Medio Oriente. Esa ropa, esa tela, esos diseños. Rosario Mendoza vio en este estilo, que tantos pensaron por debajo de los estándares de moda, el glamour que sostenía su simpleza. «Tenemos la gran ventaja de tener culturas vivas», comenta. «De un pasado rico en expresiones, textiles que nos cuentan historias, y que a través de ellos nos llevan a un recorrido imaginario por nuestro país».

Esta fue la primera vez que Rosario presentó su trabajo en el Perú. En el viaje la acompañaron dos artesanas de Chiapas, quienes del otro lado de la pasarela se encargaron de tejer textiles con una técnica ancestral. «La idea es que el público observara la transformación de la prenda en un estilo elegante y sofisticado como el de las modelos» dice la diseñadora. Encontrar la belleza en un costal de harina, rescatar el glamour del folclore.

Transformar. Rescatar.

Son palabras que, para Rosario Mendoza, significan lo mismo.