Cerámica post-Inca

Escribe: Carlos Fuller M. / Foto: Macarena Tabja
Los nazca, los mochica o los wari. Tres culturas de expertos ceramistas. Sus huacos representaron la cosmovisión precolombina, sus costumbres y dioses. La versión contemporánea fue hecha por dos artistas visuales: Rafael Lanfranco y Alonso Saavedra. Los suyos se llaman wakos, son de colores chillones, pequeños y redondos. Pero aún mantienen las asas como legado de sus antepasados.

El wako es redondo, es pequeño, pesa 1.7 kilos. El wako tiene asa puente como los huacos nazca o asa estribo como los mochica. Y parece un Teletubie. Pero no, el wako no está ni molesto ni alegre, no te mira mal, tampoco te mira bien; parece pensativo, como Vallejo. No tiene ojos, no tiene nariz, no tiene orejas. Es panzón y su panza puede brillar. El wako está calato. Pero a veces tiene pudor y se deja vestir.

Fueron creados hace un año. Los wakos son pequeñas esculturas inspiradas en la cerámica precolombina y en el concepto de Art Toy (también llamados juguetes de diseñador o artista).Los modelos estándar son de un solo color y no llevan nada encima; unos en asa estribo y otros en asa puente. Pero también hay algunos que han sido intervenidos por artistas plásticos locales: pintados como si fuesen árboles, con imágenes de los años ochenta, motorizados, al estilo pop, gritando ¡libertad! Los wakos pesan, pero son pequeños y caben en una maleta. Por eso han viajado por el mundo y sus dueños les toman fotos que cuelgan en Facebook. En Italia, en Chile, en Argentina. Han paseado por el Festival de Burning Man en Nevada y posado sobre los monolitos de la isla de Pascua. Hace poco se fueron a Tambopata y también se han tomado fotos junto a las policías del Centro de Lima.

Los wakos fueron creados por el Studio 4D2. Por Rafael Lanfranco y Alonso Saavedra.


Rafael viene hablando sobre los wakos desde hace media hora. Alonso casi no ha abierto la boca desde que pidió su café. Vino con un iPad. A veces abre el cobertor, toca la pantalla y lo vuelve a cerrar.

Cada cierto tiempo, repite la misma acción.

Rafael habla sobre la mitología de los huacos en la cosmovisión precolombina. Me dice que eran una representación del mundo y su entorno. Las divinidades se separaban en tres grupos: las del cielo, las de la tierra y las del inframundo. Estos estaban representados en animales. De arriba hacia abajo: las aves, los pumas y las serpientes. Las diferentes culturas debían entrar en comunión con cada una de esas divinidades para lograr sus objetivos: que llueva, que crezcan los cultivos o que se calmen los terremotos.

Sus wakos cumplen de alguna forma las mismas funciones: cuando le entregan el wako a un artista, le piden que lo intervenga como quiera, que represente el mundo que lo rodea. El próximo año lanzarán una línea de wakos inspirados en las tres divisiones de la tierra, en forma de animales del cielo, la tierra y el inframundo. Además de las esculturas, Rafael y Alonso diseñan grabados en los que cuentan las historias de sus wakos, como si fuesen personajes.

–La idea nació en una clase de diseño de videojuegos que dictábamos juntos –dice Rafael–. Teníamos la idea de hacer algo que revalorara lo peruano y, en plena clase, mientras los niños trabajaban, nos pusimos a discutir y a tirar ideas hasta que vinimos con esta forma. A finales del año pasado comenzamos haciendo grabados, luego nos metimos en talleres de cerámica.

–¿Cómo se conocieron?

Solo entonces, Alonso cerró el iPad y habló.

La primera vez que Rafael quiso conversar con Alonso, este no quería. Alonso dictaba un taller de arte conceptual y a Rafael le gustó tanto que quiso mostrarle sus dibujos y bocetos, pero no le hizo caso. Luego de terminado el taller, Rafael le insistió por otros medios, se volvió un poco stalker, y Alonso seguía sin querer responderle. «Soy muy ermitaño, me aíslo totalmente. Y cuando alguien me comienza a hablar de la nada no se qué responderle». Solo cambió de opinión cuando Rafael le envió un mail en el que le proponía formar un estudio de arte e ilustración para videojuegos. La idea mutó en algo más y se convirtió en el estudio de arte e ilustración: Studio 4D2.

–No nos conocemos desde antes, pero tenemos muchos nexos en común. Somos del mismo año y hasta del mismo mes, pero con dos días de diferencia –dijo Rafael.

–Yo nací el 28, tú el 30 –respondió Alonso–. Soy dos días mayor que tú.

–Sí, tienes razón. Otra cosa graciosa es que mi tío abuelo es padrino de su mamá. Los tíos de Alonso iban a jugar a la hacienda de mi tío abuelo cuando eran niños.
–Pero la mayor coincidencia es que tanto mi abuela como la tía abuela de Rafael tienen una foto con Walt Disney,de cuando vino al Perú como embajador de buena voluntad.

–Es una foto legendaria en mi familia –aclaró Rafael–. La he escaneado, ampliado, enmarcado y está gigante en el estudio. Es curioso que tengamos tantas coincidencias y que Alonso me haya evitado tanto tiempo.

–Fue en una cafetería del Óvalo Gutiérrez. Ahí empezó todo, ahí nació Studio 4D2.

–Cuando llegué, Alonso estaba dibujando, se paró y tumbó su café.

–Aún tengo el sketchbook con la mancha de café de ese día.

–Deberías enmarcarlo.