Bloguera nómada encuentra su hogar [por ahora]

Francesca García Miró

Escribe: Carlos Fuller / Foto: Hugo Botto
Francesca García Miró ha sido una nómade toda su vida. Desde que dejó el Perú, a los nueve años, nunca ha permanecido en una misma ciudad por mucho tiempo. Es quizá por ello que su blog de tendencias se llama Drifting Nomad. Sin embargo, desde hace nueve años que esta viajera no deja Madrid por mucho tiempo. La ciudad donde sigue equipando el apartamento en que vive. ¿Encontrará esta bloguera un lugar al que pueda llamar casa?

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Where is home?

Esa fue la pregunta que, hace poco, Francesca García Miró le hizo a su padre, Aurelio García Miró, el baterista de la banda de rock ochentera Imágenes, quien por sus múltiples trabajos llevó a su familia de una casa a otra y de esta ciudad a aquella. Una familia nómade. Drifting Nomad: ese es el nombre del blog en el que registra con su cámara todo lo que llama su atención. Desde la ropa de la gente por la calle hasta restaurantes, lugares secretos, accesorios, momentos. Nómada a la deriva: eso significa el nombre de su blog.

Francesca dice que es el nombre perfecto para alguien como ella.

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Tres casas en Lima. Primero en San Isidro, por el Parque Acosta. Luego a La Molina. De nuevo en San Isidro, en Los Nogales. Todo eso antes de cumplir los nueve años. Había estudiado en el colegio Roosevelt y en el San Silvestre. Ahí no tuvo mucho tiempo para hacer un grupo de amigos porque papá quería hacer un máster en la Universidad de Columbia y viajarían a Nueva York. También vivirían en Nueva Jersey, Miami, Connecticut. Hasta llegar finalmente a Madrid. Ahí, Francesca terminaría la secundaria en el American School of Madrid. Luego estudiaría Diseño Gráfico y Artes Visuales. En ese lugar lleva, el día de hoy, su segunda carrera, ligada a los negocios y las comunicaciones.

Hace nueve años que vive en Madrid.


Madrid: sus calles y su gente. Ponerse el iPod, amarrarse la cámara y salir a perderse. Fotografiar lo que encuentre; desde un vintage shop hasta un bakery escondido. Hablar con desconocidos sobre alguna prenda que lleven o conversar por conversar. Francesca García Miró lleva siempre su cámara Canon y una libreta para apuntar alguna idea. O alguna de sus cámaras Lomography. O una pequeña que puede sumergir bajo el agua. Llegando a su casa, postea todo aquello que vio por las calles de Madrid. Pudo hacer lo mismo en Nueva York, donde estuvo de visita hace poco. Salió en varios recorridos de street style, pidiéndole a extraños una fotografía, una frase, una recomendación.

Drifting Nomad es un hobby, pero le dedica mucho más tiempo que cualquier hobby. Su blog es un diario de lo que le sucede cada día.

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Cuando cumplió dieciocho años su padre le quería hacer un regalo y Francesca pidió un viaje alrededor de su vida. Un regreso a su pasado. Jamás había tenido un grupo de amigos fijo, jamás había entendido lo que era propiamente un hogar y quería volver a visitar a la gente que estuvo con ella en cada momento. Partió de Madrid a Miami, luego a Nueva York, a Nueva Jersey, a Connecticut y a Lima. Cuando estuvo en Nueva Jersey fue a la casa donde había vivido en su infancia. 325 Moore Avenue. Tocó el timbre, habló con la gente que ahí vivía y entró como si nunca la hubiese dejado.

En Lima, llegó al lugar que más se asemejaba a un hogar: Ancón. La casa del abuelo Héctor Jerí. La casa de las rejas verdes. Ahí donde veraneaban todos los hermanos de su mamá y todos los primos de Francesca. Ahí donde se conocieron su mamá y su papá.


Cada vez que se mudaban, la madre de Francesca hacía que ella y sus hermanos botaran todo. Es una mujer muy poco aprehensiva con las cosas. Francesca, en cambio, lo guarda todo. Hasta la ropa que le han prestado sus amigas hace años, nunca la bota. Hay un objeto que ha conservado desde que vivía en Lima. Es un oso de peluche en overoles; su nombre es Gabicho. Se lo compraron sus papás en un viaje a Miami. Luego que ambos se divorciaran, el peluche se convirtió en un símbolo. Un regalo de cuando estaban juntos. Ambos viven en Madrid, pero cada uno tomó su camino. Además de sus dos hermanos, Francesca ya tiene dos nuevos por otros compromisos de sus padres. Como su familia más cercana ya estaba enrumbada en sus propias cosas, ella pensó en mudarse por su cuenta.

Ahora Francesca vive en un apartamento a las afueras de Madrid. En Valdemarín. Una casita que ha comenzado a armar poco a poco y desde donde puede salir a pasear.

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«No creas que a veces no me pregunto si debería seguir moviéndome. Tengo veintitrés, soy joven, no estoy casada. Me cuesta muchísimo decidir quedarme en un sitio, por lo mismo que soy una nómade. Pensaba irme a París a hacer un semestre o a Londres. Y si me voy a otro lugar no podría seguir manteniendo este apartamento. Tengo este gran problema: estoy por fin tranquila y estable y feliz. Tengo miedo de que, por querer viajar, me pierda de algo que nunca he tenido. Es complicado. La gente se va a estudiar fuera del país o viaja a donde sea. Y pueden irse a donde les dé la gana porque al final regresan a casa. Yo soy distinta. Yo no he tenido eso».


El signo zodiacal de Francesca es Cáncer. Me lo dice luego de mostrarme a su peluche Gabicho por la webcam. Es marrón y lleva overoles. Cáncer es el signo del cangrejo, el animal que recorre la arena de un lado a otro. El signo de aquellos que guardan con mucho cariño sus posesiones, como si fuesen tesoros. El signo, también, de la gente conservadora. De los que aman la seguridad y el calor de su hogar.

Where is home?

Eso le preguntó Francesca a su padre un día.

Tal vez ahora sepa la respuesta.