ArtLima

La primera feria internacional de arte en la ciudad ( se construirá aquí)

Escribe: Gloria Ziegler/ Foto: Sergio Fernández Majluf
En el Perú no hay solo cocineros. Con esa premisa, Rochi del Castillo, Christian Bendayán, Efraín Salas y Erica Lang se reunieron para organizar ArtLima, una iniciativa que busca posicionar al país en el mapa del arte latinoamericano. Para eso, recorrieron la ciudad en busca de la sede. Pero querían algo más. Querían encontrar un edificio que les permitiera contar la historia del país desde su arquitectura. Hasta que llegaron a la Escuela Superior de Guerra y el Centro de Altos Estudios Nacionales en Chorrillos. ¿Un espacio militar puede servir para romper esquemas en el arte?

Apenas entraron al despacho, el general les mostró la foto. Era una instantánea en la que Chambi había retratado a las fuerzas militares cuidando una fiesta patronal. Durante meses, Christian Bendayán, Rochi del Castillo, Efraín Salas y Erica Lang habían recorrido Lima buscando un espacio que pudiera convertirse en la sede de la primera feria internacional de arte. No buscaban solamente un lugar amplio, querían un edificio que además les permitiera vender la historia arquitectónica del Perú y que fuera capaz de romper esquemas.

Ninguno los había convencido. Hasta que llegaron a la Bajada de Agua Dulce, en Chorrillos, y lo vieron allí, imponente. «Era una edificación que se mostraba increíble, pero hasta entonces no sabíamos qué había», cuenta Rochi del Castillo. Empezaron a averiguar, se enteraron de que era la Escuela Superior de Guerra y el Centro de Altos Estudios Nacionales y, después de meses de negociaciones, obtuvieron una primera reunión con el General José Vigil León. El mismo que minutos después les extendería la foto de Chambi.

«No podía ser una señal más clara de que durante mucho tiempo existieron relaciones cívico-militares, y que justamente ellas daban el soporte para que la sociedad pudiera activarse culturalmente con sus fiestas y todas sus actividades», explica la editora de De Boca en Boca.

Ahora, después de muchos años, los directivos de la institución que abrirá por primera vez sus puertas al público en abril estaban dispuestos a acompañar una actividad artística de avanzada que no tiene ningún tipo de restricción de contenidos o vetos. El edificio de fines del siglo XIX, que actualmente funciona como una institución académica, fue construido por orden de Nicolás de Piérola en 1898. Hasta entonces, allí funcionó la Escuela de Cabos, pero luego de la Guerra del Pacífico, el entonces presidente mandó a construir una academia: el Perú necesitaba militares formados para no volver a repetir los errores recientes.

«Es un edificio clásico, de dos pisos, muy bien logrado a nivel de fachada, con un frente de cien metros», cuenta el arquitecto Luis Martín Bogdanovich, que también trabaja en los preparativos de la primera feria internacional de arte que tendrá la ciudad, y explica que el edificio tal cual lo mandó a construir Piérola en 1898 ya no se conserva. El terremoto de 1940, que afectó fuertemente a Chorrillos, lo había dañado. «Después del golpe militar, el General Odría decidió reconstruirlo en ladrillo y concreto, pero siguió inflexiblemente los lineamientos del original. Si uno ve las fotos de las dos fachadas, son iguales. En el interior sí hubo intervención por cuestión de materiales, y donde ahora vemos columnas o molduras de concreto antes eran de madera y yeso».

El edificio, declarado Monumento Histórico por el Instituto Nacional de Cultura, se desarrolla como un claustro, con un zaguán entre la calle y el interior, una reja que probablemente perteneció a la Escuela de Cabos, un atrio y un retiro muy grande que permite ver en perspectiva la magnitud del edificio. «Esa misma imagen de potencia que quisieron darle los militares a principios del siglo XIX ahora nosotros la estamos trasladando al ArtLima. Y, a su vez, es una forma de apostar por el patrimonio, ver cómo lo que se produce actualmente es una continuación de la voluntad artística desde los principios de la civilización aquí en el Perú, pasando por las culturas precolombinas, el Virreinato y la República hasta lo que se produce actualmente», dice el arquitecto.

El interior está compuesto por un patio de dos pisos con corredores en U, un área central donde se va a desarrollar el sector principal de la feria, y está rematado por un volumen que semeja un templo clásico de orden jónico, pero en su lugar hay un auditorio. «Mejor lugar no hubieran podido conseguir –asegura Bogdanovich–. Solamente hay que hacer trabajos de puesta en valor y darle una imagen un poco más acorde a una feria de arte, porque el edificio tiene un carácter institucional muy importante. Pero no había un lugar mejor que este».

¿Cómo revolucionar el arte latinoamericano desde un edificio histórico?

«El arte no tiene que estar relacionado con un momento económico en la vida para poder gozarlo –dice Rochi del Castillo–. Por eso queremos abrir esta feria al público, incluir todas las artes, todas las posibilidades, y que la gente pueda ir al evento y gozar de todos los servicios que va a tener a su disposición».

En este sentido, la feria CREE Perú –la empresa que formaron los cuatro directores–, que viene ideando desde hace cerca de tres años, se presentará de una manera muy ordenada: la sección principal estará conformada por cuarenta stands para galerías y con más de cuatrocientos artistas, que fueron elegidos por un Comité de Selección integrado por galeristas, artistas plásticos y otros especialistas. A esto se sumará una exposición nacional, curada por Jorge Villacorta y Carlo Trivelli, que seleccionará a un grupo de artistas locales –sin injerencia de la organización– que pretende mostrar al mundo el talento local y, por primera vez en el país, se organizará un Project Room, que reunirá a nueve artistas internacionales bajo la dirección del español Carlos Zaya –el mismo que se encargo de la curaduría española en la LV Bienal de Venecia–, que «busca ampliar el panorama de arte contemporáneo, teniendo sumo cuidado porque el Perú todavía no es un país con consumidores y público que sabe leer arte contemporáneo».

En paralelo, durante la feria también se desarrollarán programas educativos. «Sin programas educativos y académicos, nosotros, como peruanos, no estaríamos activando nada en nuestro país», explica Rochi del Castillo. Estos programas estarán compuestos por mesas redondas y conversatorios bajo la coordinación de la fotógrafa peruana Sonia Cunliffe. «Queremos cosas prácticas con términos cercanos, y no algo que se vuelva pura doctrina. Responder a preguntas simples tales como ¿para qué sirve esto?, que gestores culturales cuenten su experiencia, que expliquen cómo llegaron, cómo manejaron determinadas cosas, que permitan aterrizar las ideas».

A esto se sumaran una serie de visitas guiadas, que pueden funcionar tanto como consejería, como para niños, jóvenes y toda la gente que se acerca por primera vez al arte. Y, finalmente programas de coleccionismo: Matching Funds, que brinda un incentivo económico a instituciones internacionales comprometidas en la adquisición de arte en la feria de Lima. « Es una iniciativa que permite que los trabajos se vayan a las grandes colecciones del mundo, porque no puede ser que con el talento que tenemos en Perú no salgamos».

Para activar el coleccionismo local, también se generó Iniciando colecciones, un programa que busca descubrir nuevos talentos de los egresados de las principales escuelas de arte, bajo la curaduría de Giuliana Vidarte, que presentará composiciones de mínimo cuatro piezas de diferentes artistas, asociadas bajo un hijo conductor y que no se podrán separar en la venta. La idea es motivar la compra de piezas de arte, con una curaduría sensata y que sirva para que los artistas se apoyen entre si.

«Con esta feria queremos presentar un panorama nacional e internacional. Tenemos gente exitosísima que triunfa en el exterior en el área contemporánea, pero aquí no es reconocido, o ni saben de ellos. Entonces la idea también es un poco traer de nuevo y repatriar esos talentos», concluye Rochi del Castillo.