Arquitectura de polvo y arena

Escribe: Pamela Ravina / Foto: Cristóbal Palma
De la partícula más pequeña que compone un desierto, nace una ciudad. Veinte de las más prestigiosas oficinas de arquitectura del país sumaron esfuerzos y concibieron Yucún, la primera muestra colectiva que presentó el Perú en la Bienal de Arquitectura de Venecia. En la más importante vitrina para este arte, se lucieron con una propuesta que esperan llevar a cabo: la creación de Olmos, una ciudad en el desierto, desde cero.

El país vive un auge económico insólito. En el Perú se está construyendo más que en toda la historia. Lima se ha llenado de proyectos de construcción: vivienda, oficinas, edificios institucionales. Se construye más, pero la arquitectura no tiene un mayor desarrollo. «De ahí que Lima sea una ciudad caos, una ciudad fea. Es una de las más grandes e importantes de la región, pero su expresión no es lo que le corresponde. Es una ciudad fragmentada y sin visión», dice el arquitecto José Orrego, director del estudio Metrópolis y activista del urbanismo sostenible.

Para la cantidad de construcciones que hay, la presencia de los arquitectos es bastante pobre. Las construcciones contemporáneas privilegian la cantidad antes que la calidad. Los proyectos públicos son concursos de precio. «Cuando nos recuerden, dentro de un siglo, no habrá esos edificios que den cuenta de ese auge y que están ahí para hablar de una sociedad prospera», dice Orrego. Preocupados por toda esa coyuntura, José Orrego y Enrique Bonilla di Tola, ambos arquitectos, comenzaron con la valla alta: se presentarían en la Bienal de Arquitectura de Venecia, la más importante del mundo. Más aún, querían mostrar otra faceta de la arquitectura peruana: la del proyectista. No querían reducirse a diseñar casas de playa.

Habitarás el desierto

Es la décimo tercera edición de la Bienal de Venecia. Cada dos años, se organiza la muestra que alberga expresiones arquitectónicas de todo el mundo. Siete pabellones se destinan a los países latinoamericanos. Este año, la Bienal tuvo como curador al inglés David Chipperfield, ganador del premio Priztker, algo así como el Nobel de la Arquitectura. Chipperfield consideraba que las bienales de arquitectura del mundo comenzaban a fundirse con las de arte. Las propuestas eran cada vez más conceptuales, bellas, pero poco funcionales. Por eso, convocó a los arquitectos del mundo a trabajar sobre un concepto: Commom Ground, el trabajo del espacio común, del trabajo en grupo para las colectividades.

«El encargo para todos los países participantes era que los arquitectos recuperaran el oficio de trabajar en equipo y que se plantearan problemas arquitectónicos, no solamente estéticos. Esto nos vino a pelo, porque nos permitió, además de la escasez de recursos que teníamos, pensar que podíamos armar un grupo de los arquitectos más representativos del país para llevar el Perú a la Bienal de Venecia». Artadi, Baracco Asociados, Barclay & Crousse, Bragagnini, Carlos Palomino, Arquitectos del Norte, Carlos Pestana, Claudia Ucceli + OUA, David Mutal, García Milla, León, Gonzalez Moix, K+ M Arquitectura y Urbanismo, Llosa Cortegana, Longhi, Metrópolis, Nómeda, OB + RA, Poggiones + Biondi, Seinfeld, Vicca Verde, 51-1/Supersudaca. Con el apoyo de la fundación Wiese y Odebretch, veinte de las oficinas más importantes de la arquitectura peruana se juntaron para trabajar un proyecto común: pensar una urbe en el desierto, desde cero.

Esto supone generar una nueva ciudad en Olmos (Lambayeque) que, inicialmente, estará habitada por 80 mil personas y, en su máxima expresión, por 250 mil. Salvando distancias, es una situación muy parecida a la que vivió Brasil cuando construyó su nueva capital, Brasilia. La irrigación generará nuevos puestos de trabajo y nuevas necesidades que van a acompañar el proyecto. «Es un fenómeno bastante particular, plantearnos una reflexión de cómo intervenir un desierto, teniendo en cuenta la tradición moche. Es el mismo problema que se plantearon los antiguos habitantes de esa zona hace 5 mil años, pero con tecnología del presente. Nos plantea una gran reflexión a todos los arquitectos. Siempre trabajamos sobre algo que ya existe: un lote, una ciudad. Esto es algo nuevo por completo», dice Orrego, comisario de la Muestra Peruana en la Bienal de Venecia.

Moches en Italia

La arquitectura en el Perú tiene una tradición de 5 mil años. Los arquitectos tienen una historia y referentes importantes que nutren sus creaciones. Cada una de las veinte oficinas realizó una propuesta sobre cómo debía intervenirse el desierto, respetando el medio ambiente e incorporando la tradición arquitectónica moche que se desarrolló en la zona. Realizaron seis talleres de reflexión y discusión y, como resultado de ellos, armaron veinte maquetas en cartón. Pero consideraron que eso era muy convencional. El grupo convocó a Carlos Runcie-Tanaka, el consagrado escultor, para que diera su punto de vista. Él ya había participado de la bienal de Arte, también en Venecia. Transformó las propuestas, utilizando como base las maquetas de cartón, en esculturas de barro cocido a las que llamaron huaquetas. Son una suerte de reminiscencia de huacos que representaban edificaciones que hacían los moches durante su etapa de esplendor cultural.

Aparecieron dos personas más. Cristina Colichón, artista plástica especializada en fibras, quien entretejió las propuestas a través de un telar contemporáneo que hizo en base a acetatos. Las veinte huaquetas se transformaban en un solo gran telar. Alfonso Casabonne, videasta, colaboró con la muestra realizando un video que resumía el contenido de la misma en tres minutos para que el visitante pudiera entender toda la reflexión.

La muestra tenía veinte piezas, el telar que estaba en medio y dos pantallas: una con el video realizado por Alfonso Casabonne, y en la otra, un capítulo de Megaconstrucciones, programa emitido por Discovery Channel, donde se explicaba la dimensión de la obra hidráulica de Olmos. La exhibición en Venecia terminó a finales de noviembre. Pero la nueva asociación de arquitectos que integran estas veinte oficinas espera poder montarla en Lima el próximo año. Y, por supuesto, esperan poder llevar a cabo sus propuestas, del barro y el cartón, al desierto, para construir una ciudad de la partícula más pequeña, el yucún.