Lucía Reátegui

Por Rodrigo Alomía / Fotos de Santiago Barco
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Cuando tenía seis años, a Lucía Reátegui le parecía normal que su abuela la retratara en sus dibujos. Pensaba que todas las abuelas hacían eso, y no le importaba posar durante horas frente a ella, quien había sido una reconocida artista en los sesenta. Ese fue su primer contacto con el mundo artístico. Y a pesar de que nunca obtuvo buenas calificaciones en los cursos de arte que dictaban en su colegio, no dudó en estudiar en la Escuela de Arte Corriente Alterna, en la que se graduaría con la medalla de oro en su promoción. Hoy Lucía Reátegui es una reconocida artista plástica y de performance–usa su cuerpo para contar una historia– que ha presentado exposiciones colectivas e individuales desde Guatemala hasta España, así como también en Lima. Su último trabajo AD LIBITUM [Por el deseo] retrata la perversión y obsesión que se esconden detrás de las mujeres, y fue bastante comentado en 2012 cuando lo presentó. A mediados de este año expondrá un nuevo trabajo con el Colectivo Moho –que conforma junto con la artista Rossana López-Guerra– en la Galería de Arte Cecilia Gonzales de Barranco.

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1. Escultura de una mosca. Pertenece a la exposición que presentará a mediados de este año con el Colectivo Moho. Es la primera pieza que hizo junto con López-Guerra, y está pintada de blanco para quitar la característica grotesca y sucia que siempre rodea a las moscas.

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2. Collar de plata. Lo tiene desde hace cinco años, y casi siempre lo lleva puesto. Es un regalo de su esposo, quien cariñosamente dice a Lucía que es una oveja por su pelo ondulado.

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3. Broche de abeja. Le perteneció a su abuela. Lucía no recuerda en qué momento obtuvo este broche –su abuela nunca se lo dio directamente–, y solo lo usa en momentos especiales, como en alguna de sus exposiciones.

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4. Victoria. No solo es una moledora de carne, sino también una pieza importante de su exposición Ad libitum. Se llama Victoria, y la halló en La Cachina de Lima.

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5. Caja de colores. Un regalo de su madre cuando egresó de Corriente Alterna, hace seis años. Lucía a veces huye a usar colores en sus obras, por eso sus favoritos son los lápices negros y grises que contiene la caja. Siempre trata de que ninguna mina se le rompa.

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6. Calavera de plástico. La tiene desde hace tres o cuatro años. Un día iba caminando por la calle, pasó cerca de un quiosco y vio que un periódico vendía un suplemento con piezas del esqueleto humano, entre ellas una calavera. Sin dudarlo lo compró. A Lucía le atraen temas sobre el cuerpo humano y la muerte, a la que –dice– no teme.