Las chicas solo quieren divertirse

Por Gabriela Ramos
Kite-sisters, un proyecto que organiza camps en bahías de todo el mundo, busca romper con el estereotipo de que el kite es un deporte para hombres. Del 12 al 19 de octubre se instalará en Paracas.
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Empezar el día sintiendo la brisa marina, con ejercicios de relajación y un poco de yoga al borde de la playa. Disfrutar de un desayuno a base de insumos exóticos que varían dependiendo de la zona. Aprovechar las virtudes del mar practicando kite, surf, snorkel y buceo durante horas y horas. Convivir con chicas que buscan esquivar la rutina. Eso es, básicamente, Kite-Sisters, un proyecto que nació en el 2011 y que recorre las playas de Marruecos, Belice, México, Chile y del Perú en busca de aventuras.

La historia de estos camps empezó muy lejos de la costa, a los pies de la Cordillera de los Andes, en San Juan, Argentina, donde María Celina ‘Chelu’ Guardatti lideraba una escuela de Kite Surf junto con su socio y pareja Octavio Chaine. «Era la única instructora femenina de la zona y una de las pocas riders en el agua. Era un deporte casi completamente masculino», recuerda la fundadora de Kite-Sisters.

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Ahí fue donde se le ocurrió que traer a un grupo de chicas a Cuesta del Viento, el embalse donde impartían clases, era una buena idea para aprender el deporte en un entorno propicio para mujeres. Así empezó todo. «Practicar kite rodeada de hombres puede sonar divertido, pero cansa. Lo que me gustó de Kite-Sisters fue conocer a mujeres de todas las edades con las que, luego de compartir un día lleno de actividades, podíamos charlar sobre la vida, los hijos, los hombres o los negocios», comenta Victoria Koos, una neoyorquina que ha participado en distintos camps deportivos en el Perú, Brasil, Costa Rica y Maui, pero que quedó enamorada de la ciudad amurallada de Tulum, en la Riviera Maya, y de la experiencia Kite-Sisters frente al mar del Caribe.

«En Paracas tienes el plus de estar al lado de una reserva nacional, donde aves, delfines y tortugas son parte del escenario», cuenta la peruana Andrea Balta, miembro del local team que da la bienvenida a los nuevos grupos de sisters. El truco para pasarla bien consiste de tres claves: armar un equipaje ligero, dejar atrás la atmósfera citadina y atreverse a conocer nuevas formas de ver el mundo.
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