La vida real de un señor fantástico

Por Pablo Panizo
El colombiano Alberto Salcedo Ramos se sumerge en la extraordinaria vida del autor de La gota fría, Emiliano Zuleta, una de las más recordadas figuras del vallenato.
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La ficción suele suponer para los escritores un reto por hacer de su texto una historia verosímil. En el periodismo literario, en cambio, los esfuerzos se orientan hacia encontrar en una vida real los pedazos que la hacen extraordinaria. En el caso de EL TESTAMENTO DEL VIEJO MILE, la lógica se invierte: la vida del cantante de vallenato Emiliano Zuleta Baquero es tan extravagante que el cronista Alberto Salcedo Ramos tuvo que empeñarse por hacerla creíble. A los noventa años, Zuleta, el Viejo Mile, había tenido tantas mujeres como cumpleaños, tantos hijos que no podía contarlos y tantas canciones dedicadas a su archirrival en el acordeón y el canto Lorenzo Morales, que muchas han sido olvidadas para siempre.

En el ocaso de su vida, mientras doctores y familiares lo alejaban del ron, el acordeonista habló con Salcedo Ramos sin reservarse ninguna infidencia. «Era una catarata de palabras», recuerda el cronista colombiano. Su fina pluma hizo de sus palabras una historia inolvidable. Parecemos estar frente a un capítulo de CIEN AÑOS DE SOLEDAD. ¿En el interior de Colombia es mágica la realidad? Es definitivamente muy distinta a la de la ciudad. La de Zuleta era «una región en la que los hombres se comparan con gallos de riña o con ceibas que resisten tempestades», un mundo donde la virilidad está determinada por el éxito con las mujeres y, en el mujerieguismo, nadie como Zuleta. Ya lo sabía su propia madre, quien buscaba a las madres del pueblo, para aconsejarles que «amarren a sus hijas, que por la calle anda suelto un gallo de pelea».

El Viejo Mile corregiría: tampoco en el acordeón ni en la improvisación hubo otro como él. La discusión entre Zuleta y Lorenzo Morales por quién era el mejor en las noches de música duró hasta que apareció La gota fría, y con ella el duelo quedó sentenciado a favor de Mile. Me lleva él o me lo llevo yo, pa’ que se acabe la vaina. Ay, Morales, a mí no me lleva, porque no me da la gana. «Si usted quiere encontrar mejores compositores que Emiliano, los va a encontrar. ¡Pero el que escribió La gota fría fui yo!», sentencia Zuleta.

La historia detrás de la canción que popularizó Carlos Vives a inicios de los noventa es también narrada con excelencia por Salcedo Ramos. Quizá por alguna extraña sinceridad que brinde la ancianidad, o quizá simplemente porque así lo quiso, el Viejo Mile no se preocupa por qué decir y qué no. «[Sus palabras] hubieran sido insoportables en boca de cualquier joven e ilustrado, pero dichas por él, un analfabeto ya anciano, sonaban graciosas. Era como ver a un abuelito tratando de derrotar su propia vejez mostrando al mundo sus credenciales de conquistador», comenta Salcedo Ramos sobre el hombre que –asegura– le hizo divertirse más que nunca haciendo su trabajo.

Originalmente publicada hace una década en la revista EL MALPENSANTE, esta crónica ha sido reeditada en un e-book para descargarla desde ecicero.es. Sobre su autor no hay mucho que no se haya dicho ya: Salcedo Ramos es considerado uno de los maestros de la nueva narrativa latinoamericana, y ha sido calificado por el norteamericano Jon Lee Anderson –uno de los periodistas más influyentes del último siglo– como el cronista de cronistas. Imperdible su próxima intervención en la Bienal de Novela Mario Vargas Llosa, cuando el 25 de marzo brinde dos charlas sobre crónica y narrativa autobiográfica, y sobre el futuro del periodismo.