La vida es más que un cuento de hadas

Por César Ochoa / Foto de Santiago Barco
Daniela Chaves es editora de libros para niños. Su sello, Morada Caracol, publica libros de gran formato y no se conforma con historias sencillas, con finales predecibles. Pompón, su última publicación, generará más de una interrogante en los pequeños.
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Lorenzo es un niño de seis años al que le gusta jugar con sus muñequitos de piratas, con los que se imagina emocionantes aventuras en altamar. Más tarde, cuando deje de retozar con ellos en la sala de su casa, antes de que vengan los primeros bostezos, pedirá a su mamá que le siga leyendo El Hobbit, esa famosa novela fantástica del escritor J. R. Tolkien. Mañana tal vez exija una historia de Tin Tin o de Olivia, esa célebre cerdita traviesa. O a lo mejor el libro EL CAPITÁN CALZONCILLOS Y EL PERVERSO PLAN DEL PROFESOR PIPICACA, que a él le encanta.

Su madre, Daniela Chaves –ojos claros, 31 años, educadora–, le ha leído tantos libros de cuentos que sin ellos Lorenzo no puede dormir. Literalmente. Es como un feliz hechizo de lectura del que no quiere despertar. Daniela no tiene una varita mágica, pero ha logrado que su hijo se interese cada vez más por historias complejas, aún antes de que aprenda a leer. La voz de Daniela tiene inflexiones –emoción, extrañeza, sorpresa– con la que ahora cuenta la historia de su vida, cuyo capítulo más reciente es la edición de POMPÓN, el segundo libro de su sello editorial de libros infantiles Morada Caracol. El libro fue escrito e ilustrado por Patricia Vega Boschiazzo y narra la historia de un conejito que sale a buscar unas zanahorias frescas, sin imaginar que en el camino se topará con algo inesperado.

Daniela cuenta que de niña le gustaba visitar la imprenta que su abuelo tenía en Arequipa, donde nació y vivió hasta los dieciséis años. Allí –dice– aprendió los secretos de la serigrafía, una técnica de impresión artesanal. «Mario Cuzzi, mi abuelo, era perfeccionista, no soportaba ver un libro mal impreso», recuerda Daniela. Por esos años también descubrió la literatura en casa de sus abuelos paternos, donde leía libros como MUJERCITAS, EL DIARIO DE ANA FRANK o RAYUELA. Pero un libro para niños que encontró en una librería de Lima, cuando estudiaba Educación en la Universidad Católica, cambió su vida, como ella dice. Se trataba de GOIG, escrito por Alfredo Bryce Echenique [su escritor de cabecera en ese entonces] y Ana María Dueñas. Era la historia de un perrito que se va hasta Francia en busca de su amo, quien lo había dejado por irse a estudiar. «Me volví una coleccionista de libros para niños», dice mientras hojeaba POMPÓN. Pero no cualquier tipo de libros. Debían ser de gran formato, y con argumentos que fueran más allá de personajes y finales predecibles. Por eso Olivia, esa cerdita desobediente, enojona, traviesa, pero muy divertida, pasó a su biblioteca.

«Solemos minimizar la capacidad de entendimiento de los niños», dice Daniela. «Pero ellos pueden entender más cosas de las que nos imaginamos». Cuando enseñó literatura y matemática en una escuela primaria, confiesa que, además del currículo, leyó libros enteros a sus alumnos, como HARRY POTTER o LAS CRÓNICAS DE NARNIA. Sucede que acababa de regresar de España, donde llevó un Master en Promoción de la Lectura y Literatura Infantil. La imprenta familiar arequipeña, donde pasó su infancia, apareció en sus planes. Así creó Morada Caracol, un sello de Cuzzi Editores, empresa familiar con la que editó e imprimió YO SOY, un libro ilustrado de poemas para niños de Salvador Velarde y Carolina Viale.

Pompón, por su parte, había nacido de la imaginación de la artista peruana Patricia Vega Boschiazzo, que reside en Holanda, y cuando sus ilustraciones llegaron hasta ella, le encantaron. Así comenzaron a trabajar a distancia la historia de aventura de ese conejito misterioso.

—Mamá, ¿dónde están los padres de Pompón? —interviene Lorenzo, mientras se acuerda de la historia.
—No sabemos, hijito. A lo mejor están de viaje —responde Daniela.

«¿Lo ves? De eso se trata: de generar preguntas en ellos». En la aparente sencillez de la trama del tierno Pompón hay aspectos que intrigan a los pequeños. Pompón vive solo, se encuentra con hormigas que lo ignoran, conoce a alguien a quien el lector no sabrá identificar si es ‘él’ o ‘ella’. El final es inesperado. «Al proteger a los niños de temas incómodos, como la soledad, la indiferencia o las familias incompletas, los hacemos indefensos a la realidad», dice Daniela, y sonríe. «Hay que mostrarles situaciones distintas, cosas nuevas, como las que se presentan en la vida misma».