La sinfónica que nació de la basura

Por César Ochoa
La Orquesta Reciclados Cateura no solo es una sinfónica juvenil paraguaya que toca instrumentos fabricados con basura, sino también una escuela de superación personal para niños en riesgo y un laboratorio de creatividad. El 20 de marzo abrirán el concierto de Metallica en el Estadio Nacional.
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«Nos tiran basura, pero nosotros devolvemos música». Favio Chávez es un técnico ambiental que hace ocho años llegó a Cateura, un vertedero de basura tan grande como cinco canchas de fútbol al sur de Asunción, Paraguay, sin imaginar que de aquí haría florecer una de las mayores revoluciones musicales de su país de los últimos años. Él es fundador y director de la Orquesta Reciclados Cateura, una sinfónica juvenil que recorre el mundo tocando instrumentos hechos con basura. En esta agrupación, la buena nueva es la transformación social a través de la música, la creatividad es la religión, y Favio, el profeta.

Cateura va contra toda lógica ambiental: se alza desde hace treinta años sobre un hermoso humedal al borde del río Paraguay. En sus alrededores, barrios enteros que conforman una sociedad de al menos diez mil gancheros [recicladores] viven y dependen del basural. Favio Chávez, quien también es profesor de música, recuerda que lo que más le conmovió cuando llegó a Cateura fueron los gancheritos, cientos de niños que jugaban entre cerros de desperdicios como si estuvieran en un parque de diversiones. Un día trajo su guitarra, y, entre los intermedios de sus investigaciones sobre separación de basura para la tesis que preparaba, comenzó a llamar la atención de los niños con su instrumento tocando delante de ellos. Pronto los pequeños empezaron a coger la guitarra. Favio dice que no solo lo hacía porque quería cultivar en ellos un arte, sino sobre todo para alejarlos de la basura.

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Favio Chávez cuenta que pronto tuvo un puñado de alumnos que cada día crecía. Aunque llevaba algunas guitarras, los niños y jóvenes no podían llevárselas a sus casas para seguir ensayando, situación que causaba frustración entre los niños de su escuela de música improvisada en el basural. En Cateura campean la delincuencia y padres alcohólicos que no dudarían en vender una guitarra nueva para seguir con el vicio. Sin embargo, Cateura también es un apéndice de la ciudad que vive gracias a lo que la sociedad dice que ya no sirve. Las casas están hechas con tablones, latas y plásticos que sacan del basural. Aquí todo puede cobrar una segunda vida. Por un azar afortunado, un día un ganchero llamado Nicolás Gómez, conocido como Colá, encontró un violín viejo mientras escarbaba con un palo entre los desperdicios. Colá llevó el violín a Favio, quien ya se había hecho conocido entre los gancheros por sus lecciones de guitarra a los niños. «Mire, maestro, una guitarra pequeñita», le dijo. «Quizá le pueda servir». Juntos repararon el violín, y entonces comenzó la historia de lo que al cabo de unos meses se convertiría en la Orquesta Reciclados Cateura.


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La idea -reciclar basura para hacer instrumentos- no solo era buena, sino también estratégica: un violín hecho de lata y madera vieja nadie querría robarla, y podrían fabricar cuantas quisieran. Caló, Favio, otros gancheros y los mismos alumnos comenzaron a producir en serie verdaderos instrumentos de precisión dignos de un museo dedicado a la música. Hay violines hechos con latas de pintura, maderas y tenedores viejos que sujetan las cuerdas. También hay tambores a base de radiografías, violonchelos fabricados con cilindros y saxofones con tubos de cañería, chapitas de cerveza, monedas y botones. «Pero algunos instrumentos tienen fecha de vencimiento y las marcas que se aprecian en ellos no son nuestros auspiciadores», bromea Favio. Al proyecto se sumaron más profesores de música, y los alumnos de otros barrios cercanos comenzaron a llegar. Hoy la Orquesta Reciclados Cateura es una sinfónica con secciones de cuerdas, vientos y percusión con veintidós integrantes, pero también es una escuela donde participan al menos 160 niños
y jóvenes.

A sus 37 años, Favio Chávez ha recorrido el mundo con su orquesta reciclada. Sus giras han incluido presentaciones en más de veinte ciudades de Europa, Estados Unidos y Asia. En el 2012, el famoso documentalista de Graham Townsley filmó con ellos LA ARMONÍA DEL VERTEDERO, una película cuyo tráiler se hizo viral, y superó los dos millones de visitas. El repertorio de la orquesta está compuesta de música popular: desde canciones de The Beatles hasta My way, de Frank Sinatra, pasando por clásicos como Beethoven, Mozart y Vivaldi. Al sonido que proyectan, algunos han calificado de ‘latoso’, por los materiales con los que están hechos. Hoy reciben donaciones económicas y de instrumentos profesionales [que se usan para los ensayos], pero ellos prefieren seguir presentándose con los reciclados.

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«No solo es la música, sino también el mensaje que proyectamos», dice Favio Chávez. Reconoce que gracias a la orquesta algunos padres de los niños han dejado los vicios para apoyar a sus hijos, y otros han comenzado a estudiar solo porque ven a sus pequeños personas capaces de destacar con esfuerzo. «La meta principal no es formar buenos músicos, sino buenos ciudadanos», subraya Favio. El próximo veinte de marzo, la Orquesta Reciclados Cateura abrirá el concierto del grupo de trash metal Metallica, en el Estadio Nacional de Lima. «Ellos vieron un link de una de nuestras presentaciones y nos contactaron», asegura el músico antes de despedirse. «Nunca hemos hecho una presentación a esa escala. Será todo un reto».