La dama de las galerías

Por Rebeca Vaisman / Fotos de Erik Molgora
Hace mucho que Juana de Aizpuru no viaja por vacaciones. Si sale de España, es por trabajo. Es fundadora de una de las ferias de arte más importantes, ARCO, y también de la Bienal de Arte de Sevilla. Su galería acaba de cumplir 43 años. Ha sobrellevado más de una crisis política, social y económica, y sigue creyendo en el espíritu enriquecedor del arte. Por eso aceptó venir a Perú como invitada de ArtLima 2014. Porque el arte contemporáneo es su trabajo, pero es también su vida.
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La última vez que Juana de Aizpuru estuvo en Lima fue hace quince años. Debía viajar, desde su España natal, a Sao Paulo primero y luego a México. Hace mucho tiempo que la galerista no viaja por placer: aunque para ella, el trabajo, o sea el arte, lo es. Aquella vez paró en Lima solo por unos días. Hoy está entusiasmada por su regreso. Le han hablado sobre los cambios en la ciudad: en su arquitectura, su sensación de desarrollo, su nuevo movimiento. Le han hablado sobre proyectos interesantes, y también sobre la posibilidad de un mercado del arte competitivo. Eso es lo que espera encontrar Juana de Aizpuru, a poco de llegar invitada por la feria internacional de arte, ArtLima.

Su presencia en esta segunda edición y su participación como ponente en la sección Habla ArtLima y en la sección principal es sumamente especial: Juana de Aizpuru es la creadora y la primera directora de ARCO Madrid, una de las principales ferias de arte contemporáneo que fundó en 1982, y que en su más reciente edición logró congregar a más de cien mil visitantes. También creó la Bienal Internacional de Arte Contemporáneo de Sevilla en el 2003. Y la galería que lleva su nombre, en Madrid, acaba de cumplir 43 años. Como ella misma dice, «en esta larga etapa de mi vida ha ocurrido, en España y en el mundo, de todo».

Habla Aizpuru

Juana de Aizpuru conversa desde Madrid. Desde la casa de la calle Barquillo, donde su galería permanece hace más de veinte años. Hasta el 2004 mantuvo en paralelo la sede de Sevilla, la original. Fue doloroso para ella tener que cerrarla. Pero en la capital española ya casi es de noche. Su voz se escucha afable y grave. Sus respuestas son siempre directas. Aunque dejó de dirigir ARCO en 1986, ha permanecido cercana al comité organizador. «La feria siempre resulta muy positiva», asegura la galerista. «Tiene un carácter muy festivo, muy vital, es un ambiente maravilloso. Una feria más que revindicar, lo que tiene que hacer es difundir el arte contemporáneo, ofrecer contactos entre galerías. Una feria tiene
que ser un lugar de encuentro», explica Juana de Aizpuru, cuando falta poco para que aterrice en el evento limeño.

«Tenerla es un honor», dice Rochi del Castillo, directora de ArtLima. «Ella es la pionera de las ferias de arte, y es una de las gestoras culturales más importantes del mundo. Además, no ha participado en ninguna otra feria de la región», precisa, con orgullo. «ArtLima quiere apoyarse en la experiencia extranjera, y Juana es generosa con su vivencia. Lo más importante para ella es que la gente se acerque al arte contemporáneo por el cual ella ha trabajado tanto».

Aizpuru es considerada, efectivamente, una pionera del coleccionismo de arte contemporáneo en España. Artistas como Heimo Zobernig, Miroslaw Balka, Richard Hamilton, Alberto García-Alix y Carmen Laffon han sido parte del catálogo de su galería. Se la tiene por descubridora de Miquel Barceló y de Juliao Sarmento. Y Eduardo Chillida trabajó con ella cuando ya era un escultor reconocido.

Pero Aizpuru no se debe únicamente a sus artistas, o a sus compradores. En el 2012, donó veintiséis piezas de su colección personal al Centro Andaluz de Arte Contemporáneo. «Era una idea que tenía y que quería cumplir», respondió en su momento. «Más que una colección, tengo un stock importante, un fondo de galería. Hay obras de los años sesenta y setenta, que son testimonios de una época. El CAAC no existía entonces. Yo siempre pensaba ¡qué falta le harían estas obras!».

La última vez que estuvo en Lima, vino para promocionar ARCO. Hoy, Juana de Aizpuru espera hacer conexiones directas con el ambiente artístico peruano. «El mercado del arte es una consecuencia, no se puede imponer», reflexiona con su voz grave, ronca, desde Madrid. «Surge en aquellos países que tienen una gran tradición, donde el arte y sus tendencias son conocidas. Del conocimiento viene el amor por el arte, y de este, el deseo de poseerlo. Y así surge un mercado. No sé si en Perú se habrá recorrido aún este camino, pero eventos como ArtLima dicen que sí se desea recorrerlo. Voy a Lima con una gran ilusión», agrega Juana.

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Lucha contemporánea

La crisis económica mundial que se inició en 2008 no es la primera que la galería Juana de Aizpuru ha debido enfrentar. Sin embargo, tiene características especiales, por su alcance y su duración. «Pero me coge mejor situada que las crisis anteriores», asegura la galerista. «Hoy tengo abierto un mercado internacional muy amplio. Aunque las cosas están bastante paradas en España, tengo clientes en países como Suiza, Argentina, Canadá y Australia, y eso nos ayuda a afrontar la crisis».

Con más de cuatro décadas en el negocio del arte, Aizpuru no le tiene miedo a las épocas malas. Ni a los tiempos de guerra. «Mi lucha actual es por conseguir un IVA [impuesto al valor agregado] cultural para las obras de arte. Un IVA elevado aumenta el precio de las obras: ahora mismo, con el impuesto que tenemos en España, se iguala una obra de arte a un auto de lujo, un yate o una piel». Aizpuru se refiere al 21% que se paga por impuesto a la venta de arte en España. Resulta alto, comparado con el 19% que se paga en Alemania, o el 6% de Francia.

En el Perú, aunque la medición es engorrosa, el impuesto es de alrededor del 35%, explica Erica Lang, codirectora de ArtLima. «Se debería exonerar del impuesto al arte, como a los libros», opina Lang. «Así se podría mover más el arte contemporáneo en el Perú». De hecho, uno de los logros de ArtLima este año es haber conseguido que el recinto ferial sea declarado zona primaria. Es decir, que todas las piezas que vienen del extranjero entrarán con internamento terporal, sin pagar el porcentaje de nacionalización. Solo si se logra una venta, deberán pagar ese porcentaje. Esa es una gran ayuda para los galeristas visitantes, quienes no corren tanto riesgo de participar en la feria peruana.

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Aún así, falta camino por recorrer, y el siguiente paso podría ser la implementación de una ley de mezenazgo, que impulse el coleccionismo. «¡Es que un 35% es inadmisible», enfatiza Juana de Aizpuru. «Si en Perú se le proporcionase el impuesto cultural, el arte dejaría de ser un objeto de lujo, y se podría crear un patrimonio artístico contemporáneo. La labor del coleccionista es loable, porque colabora con el Estado en cuidar y mantener ese patrimonio».

Finalmente, antes de dejar que la comunicación se corte, se le pregunta a Juana de Aizpuru si el mundo virtual como nuevo soporte de exhibición y de venta del arte contemporáneo, replantea el papel de las galerías. Ella no duda un segundo: «Nuestro rol es insustituible. Nosotros, en la galería, aprovechamos todas las facilidades de la nueva tecnología. Pero el coleccionista necesita al galerista porque creamos con él un vínculo especial: nos transmitimos entusiasmo, compartimos conceptos, intereses». Después de más de cuarenta años de labor, a poco de subirse a un avión para cruzar el mundo persiguiendo otra feria de arte, Juana de Aizpuru resume: «Mi trabajo es emocionante e insustituible».