La campeona nacional de downhill ha vendido su bicicleta

Por Pablo Panizo / Foto de Claudio Olguín
La vigente campeona nacional de downhill, Mariana Ortiz de Zevallos, buscó en Chile un nivel de competencia superior al peruano. En el camino encontró el Enduro, la más reciente modalidad del ciclismo de montaña. Ya no tiene bicicleta de downhill ni compite en este estilo, pero a cambio ocupa el vigésimo lugar en el ranking mundial de su nueva pasión.
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En los nacionales de downhill de Chile, los inscritos llegan al centenar y medio. En el Perú bordean los ochenta participantes. «La diferencia no es tanta», cree Mariana Ortiz de Zevallos, vigente campeona nacional de esta modalidad. Su cabeza no piensa que el margen es de casi el doble, sino que en otra de las variantes del ciclismo de montaña, el enduro, Chile tiene cuatrocientos competidores por evento, mientras el Perú no tiene siquiera un campeonato nacional.

Como heredera de una tradición ciclista familiar, Mariana ha sido siempre una apasionada de los recorridos extensos, pero cuando hace cinco años se subió a la bicicleta de su hermano Santiago y probó el descenso, cambió las rutas largas por las bajadas vertiginosas. De cabeza en el downhill, la arequipeña destacó entre el pequeño grupo de mujeres que practica este riesgoso deporte, y ya para el 2012 se consagró subcampeona nacional. Un año más tarde, Mariana vivía en Chile para buscar un nivel de competencia más alto, pero se dio maña para regresar al país y competir por el título nacional: lo ganó.

Convencida de su capacidad, ella y su bicicleta de downhill regresaron a Chile para hacerse un lugar entre las mejores del país vecino. Sin embargo, le hablaron del enduro, una modalidad que surgió apenas en el 2012, pero que ya tiene miles de adeptos en el mundo. Menos radical que el downhill –donde se desciende en picada la difícil geografía de un cerro, en carreras que rara vez superan los diez minutos–, aunque más intenso que el tradicional ciclismo a campo traviesa, esta modalidad es considerada el Dakar del ciclismo, y exige a los atletas hasta seis horas de pedaleo continuo a través de demandantes terrenos montañosos.

Mariana decidió probarse. En la exigente ruta de Valdivia, al sur de Chile, la peruana se ubicó en tercer lugar. Sus rivales no podían creer que llegaría a la meta con una bicicleta de downhill adaptada con algunas piezas. Para su segunda carrera le prestaron una bicicleta de carbono, y la peruana se ubicó segunda. Para la tercera vendió su bicicleta de downhill y, con el auspicio de la marca Giant, compró su primera bicicleta de enduro.

Mariana ya no compite en la modalidad en la que es campeona nacional, pero a cambio, a sus veintiséis años, está más motivada que nunca. Es un hecho: no solo se divierte más en estas pruebas, sino que la exigencia extrema que suponen juega a su favor.

Los recorridos de largo aliento han sido parte de su vida desde pequeña, y hoy su rutina de entrenamiento incluye hora y media de ciclismo diario, además de yoga y muay thai. En el que ha sido hasta ahora su más grande reto en el enduro, la peruana se ubicó en el vigésimo lugar de la primera fecha del Enduro World Series, tras dos días de seis horas de pedaleo.

¿Qué hace falta para que el ciclismo sea en nuestro país el fenómeno que es en Chile? Según Mariana, interés estatal y privado. El resto está garantizado. Mariana ha montado en Canadá, España y Chile, y conoce nuestro potencial. «Lo rico del Perú es su geografía», dice con fundamento. Después de casi dos años en el extranjero, la ciclista vuelve al país con una misión en mente: promover el enduro. ¿Por qué debería tener éxito en su tarea? Ella misma responde: «hay rutas que son increíbles».