Por amor al deporte

Sobre la relación entre enamorarse y jugar un partido de fútbol (o la razón de los besitos del Loco Vargas)

Escribe: María Joaquina Salas

La oxitocina es la hormona del amor. Hace que las personas se gusten, especialmente en relaciones íntimas. Una madre y su hijo recién nacido tiene altos niveles de oxitocina y por ello se genera un lazo emocional profundo entre ambos. Sin embargo, recientemente la comunidad científica ha comenzado a interesarse en el papel de esta hormona en los deportes de alta competencia.

Gert-Jan Pepping, un investigador de la Universidad de Groningen, de Holanda, publicó en el año 2010 un estudio llamado Una Nueva Revisión de la Oxitocina y la Competición. Pepping analizó las repeticiones de las definiciones por penales en partidos de gran presión, como copas del mundo y ligas de Campeones. Llegaron a la conclusión de que, cuando un jugador celebra su gol por penal, existe una mayor probabilidad de que sus compañeros también anoten. Según el científico, los jugadores pasan por una transmisión de emociones. La felicidad y la confianza son contagiosas y disparan reacciones bioquímicas en aquellos que las contemplan.

Otro estudio, presentado en octubre durante la reunión anual de la Sociedad de Neurociencia de Nueva Orleans, dio mayores indicios sobre la relación entre actividad física y la producción de oxitocina. Luego de someter a grupos de ratones a ejercicio físico durante seis semanas, comprobaron la existencia de cambios en los sistemas nerviosos relacionados con el incremento de esta hormona. Aquellos sometidos al ejercicio físico se vincularon rápidamente con sus cohabitantes femeninas, a diferencia de aquellos que no.

«Lo que esto implica para atletas competitivos es que, en formas inesperadas, cada partido o carrera puede ser algo así como un duelo amoroso. Y eso es bueno», dice el Dr. Pepping, autor del primer estudio. «En cualquier escenario que requiera de alguna forma de interacción socialnecesitamos información del mismo tipo que guíe nuestro comportamiento, y un sistema nervioso con químicos cerebrales sensibles a esta información. Un jugador tiene que examinar el lenguaje corporal de sus componentes y compañeros de equipo con el fin de evaluar cómo van a responder en la siguiente jugada. También se benefician de la intimidad creada entre los compañeros de equipo y el antagonismo hacia sus competidores».