Ocho cosas que debiste saber sobre el CADE 20012

Escribe: Ben Solís / Ilustración: Felipe Esparza
Todos los años llega hasta determinada ciudad un grupo de exitosos empresarios, periodistas y políticos del Perú y del mundo. Entre la visión de un cóctel de amigos poderosos que complotan y la de una reunión de filántropos preocupados auténticamente por el devenir de la sociedad yace la verdad del CADE. Este artículo menciona ocho puntos que debes recordar sobre este evento y sus participantes, a propósito de su edición número cincuenta, celebrada en Arequipa.

UNO. El país que soñamos

Las discusiones del CADE –al menos en los últimos años– han estado influenciadas por las fallas que nuestro modelo económico ha ido evidenciando. Cuando éramos un país extraviado, destruyendo nuestro producto a una velocidad superada por el ritmo al cual subían nuestros precios, las discusiones eran sobre cómo salir de ese entrampamiento. Pero una vez que se tomaron las medidas que permitieron el crecimiento durante los noventa, una interrogante surgió: ¿por qué no se reduce la pobreza? Y, más aún, una vez alcanzada la reducción de la pobreza en el gobierno de Toledo, pasamos a preguntarnos cómo reducir también la desigualdad y evitar los conflictos sociales. Hoy el Perú es un país sobre el cual los peruanos podemos por fin soñar.

Hace algunos años existió una idea: Para que el pueblo esté bien basta con que al empresariado le vaya bien. La idea fue resumida con el término chorreo y aunque su autoría se le atribuye a Toledo, este término es ampliamente utilizado en inglés como trickle-down economics. El punto es que esta idea fracasó, pero algunos insisten–como diría J. Quiggin, autor de Zombie Economics– en traerla de vuelta a la vida. Solo así explicamos que 22% de los asistentes al CADE 2012 pensara que «lo que es bueno para la empresa es bueno para la sociedad». La verdad es que los beneficios del crecimiento no se decantarán por sí solos, o al menos no en la cantidad y velocidad necesarias para solucionar los problemas de un país. En el CADE 2012 esto ha quedado claro: hay que ir dos pasos más adelante. El primero es pagar los impuestos. Pero como dijo Federico Cúneo –socio y director de Amrop Perú–«Pagar los impuestos no es suficiente». El segundo paso es la Responsabilidad Social Empresarial (RSE).

DOS. La RSE también es negocio

Los empresarios están para hacer dinero y sus motivaciones casi siempre giran alrededor de ello. Esto no es malo. A lo largo del CADE, el relato de algunos empresarios evocaba charlas de gurús espirituales, pero ninguno se animaba a decirlo con todas sus letras. Hasta que Rossana Ramos-Velita, una empresaria iqueña dedicada a las microfinanzas, se animó: «Ser socialmente responsable es parte de mi modelo de negocio». Es decir, la responsabilidad social no debe ser entendida (solamente) como una obra caritativa, una manifestación demagnificencia con mis connacionales. Es también, y sobre todo, una especie de inversión que permite que mi negocio opere en un entorno más favorable. Ramos-Velita es parte de la Grameen Foundation de Muhammad Yunnus, el Premio Nobel de la Paz 2006 por su contribución de la idea de créditos para el autoempleo de los más pobres. Pero no solo eso, también dirige la Caja Rural Los Andes con gran éxito. La clave, no obstante, no ha sido su bondad sino su visión de la oportunidad de negocio. No tiene nada de malo que los empresarios hagan dinero. Y si lo hacen siendo «el socio financiero que fomenta y fortalece el futuro de las familias rurales del Perú», tanto mejor.