La belleza de lo único

Escribe: David Gavidia / Foto: Jacques Ferrand
Yahel Waisman estudió Administración de Empresas pero terminó creando vestidos únicos. Luego de recorrer Barcelona y Londres, retornó a Lima y ahora presenta su colección primavera-verano 2014.
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Una casualidad. Así comenzó todo. Es el año 2008 y Yahel Waisman todavía está lejos de convertirse en diseñadora de modas, estudiar en Europa y de que sus modelos se exhiban en importantes tiendas. Es una esforzada estudiante de Administración de Empresas de la Universidad de Lima. Su vida se proyecta a usar sastre y dirigir a monocromáticos oficinistas de saco y corbata. Está lejos de los colores pasteles, de los sobrios encajes y de crear sus propios vestidos. La casualidad todavía no juega a su favor. Pero pronto la historia cambiará.

Llegó el momento de conseguir prácticas. Tenía que graduarse, demostrar en el campo lo aprendido en cinco años de carrera. «Entré en una crisis en que me pregunté si la Administración de Empresas era lo que quería hacer hasta el fin de mis días». Se dio cuenta de que no. Fue cuando la casualidad le hizo un llamado: entró como practicante al bróker textil, y se le abrió un nuevo mundo.

«Desde siempre me gustaba mucho la ropa, y cuando entré al rubro textil decidí dar un paso más, seguir ese camino y estudiar», cuenta Yahel. Entonces viajó a Barcelona, donde llevó un máster en Diseño de Modas en la escuela Felicidad Duce. No tardó en brillar. Su proyecto En tránsito, inspirado en los contrastes de la India, «donde se unen lo sencillo y lo extravagante, lo urbano y lo sofisticado», destacó entre todos, y su modelo se expuso en el escaparate de la tienda Sayan, boutique de la joven diseñadora y empresaria Soledad Álvarez, cuyas colecciones mezclan creatividad y eclecticismo.

Pero no quedó allí. Luego llegó la especialización en el Saint Martins College de Londres, el retorno a Lima y pronto el atelier en Magdalena, donde ahora presenta su colección primavera-verano 2014. «Son solo diez piezas, me gusta que la gente tenga diseños únicos y que no se repitan», cuenta Yahel, vestida con pantalón jeans, un chompón y zapatillas: la antítesis de los vestidos de noche que ella imagina. Esos con transparencias y contrastes de colores negros con beige, de azules con grises pálidos; esos que sobreponen capas de telas sobre telas; esos que tienen una cuota de romanticismo y elegancia.

«Lo que me distingue es que ningún vestido se parece al otro. Tienen relaciones en cuanto a color y textura, pero no son igualitos. Me gusta que puedas ir a una fiesta, un coctel o un matrimonio y seas única». Yahel pretende que sus vestidos sean parte e importantes desfiles y conquisten las pasarelas del mundo. Es de las que se consideran innovadoras, pero sin llegar a ser extravagantes. «Me gusta llevar las cosas al límite, pero sin que los diseños sean excéntricos; deben tener una sobriedad bien llevada y natural», dice esta joven diseñadora de modas que un día cambió un futuro de oficina por un mundo de glamour y belleza. Dice que la casualidad, a veces, puede jugar a nuestro favor. Ella lo sabe.