Hamburguesas y sundaes

Papacho´s, la nueva travesura de Gastón.

Hace cuatro meses, no se iba a llamar así. Gastón Acurio estaba en Los Bachiche, su entonces recién inaugurado restaurante, afinando los detalles del próximo restaurante, este. Que sería el reino de lo dulce, de las hamburguesas de todas las carnes, de los sundaes de todos los colores. «¿Y quién me va a decir que hago comida chatarra?», dijo entonces.
En los parlantes, suena rock. Los meseros llevan un mandil de jean, como si fueran esos amigos que llegan a ayudar al dueño en las fuentes de soda de Estados Unidos. Pero esto, es distinto. Hay salsas en la mesa —carretillera, mayonesa de la casa, tari, ketchup, mostaza, otro ketchup casero y la salsa base de todos los panes: golf, alcaparras y anchoas— y también individuales de papel para pintar con crayolas. Porque este no es un fast food. El pan es un brioche personalizado —que lleva abierto a la mesa como dos tapas—, las papas las hacen ellos mismos, el helado también y las hamburguesas demoran. Se muele carne todos los días, no se congela nada. Un fin de semana, el primero después de la inauguración, tuvieron 300 comensales que pidieron hamburguesas. En total, setenta kilos de ternera.
La hamburguesa que más se vende es La Papacha: doscientos treinta gramos de carne, onion ring, blue cheese y ketchup de sauco. Otras vienen encamadas con provolone, ensalada de tomatitos cherry y mayonesa de pesto. Los quesos reinan, derretidos: cheddar, emmenthal, blue cheese. También las hay de cordero. No es una dictadura cárnica, porque las hamburguesas también pueden ser ordenadas de vegetales o de lentejas. Los sundaes son el pecado goloso para ir a un infierno dulce. De Sublime con crema de maní, de mazamorra morada, de pie de limón. Postres de toda la vida llevados al vaso alto de un sundae. Una invitación al reino dulce de este mundo.