El arte de hacer sentir

Escribe: María Jesús Zevallos / Foto: Musuk Nolte
La violinista Pauchi Sasaki presenta Gama III, en la Asociación MATE
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Lo primero que hizo fue desglosar conceptualmente cada una de las fotos de la muestra Alta Moda del fotógrafo peruano Mario Testino. Entonces entendió que, entre los fondos grises de Martín Chambi y los ropajes multicolores de la asociación cuzqueña Filigranas Peruanas, existía una belleza palpable. De esas que no tienen frontera de tiempo. Eso, dice la violinista peruana Pauchi Sasaki, fue lo que le la hizo sentir. A partir de eso, ella comenzó a componer para su proyecto Gama III, que presenta del 18 al 21 de julio en la Asociación MATE.

En un vestuario, diseñado por la peruana Chiara Machiavello con telares hechos a mano en Huancavelica, y con cinco músicos tocando con ella, Pauchi toca para crear algo más allá de sonidos. «Al Ăn y al cabo, la obra de arte no es mi música», dice la violinista. «El arte es lo que se llega a despertar en la gente». Una incomodidad, un vacío en el estómago, un estado de incertidumbre que puede despertar el amor, la necesidad. Eso es lo que Pauchi espera dar al público: el sentir. «El arte, en realidad, cuando es fuerte, logra despertar el mundo interno de las personas», explica, desde la Casa MATE. «Yo siento que una presentación fue exitosa cuando veo eso en los ojos de la gente».

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Las presentaciones llegaron mientras ella estudiaba periodismo en la universidad y buscaba alguna forma de hacer dinero extra para vivir. Pero la música, ese arte que ella practica desde los cinco años, siempre ha sido su manera de buscar, de encontrar. «La música es, como todas las artes, solo un medio», comenta Pauchi. «Si prima el ímpetu de la expresión, pues, entonces no hay límite de forma». La violinista no prioriza un arte, sino la introspección. «Si es que un día no puedo hacer música, y todavía tengo ese hambre de aprender a través del arte, lo puedo hacer con la fotografía el video». PreĂere no aferrarse a la forma, dice Pauchi con una voz suave que expresa epifanías tan adultas que suelta siempre como parte de su lenguaje.

Pauchi Sasaki toca cada presentación para ochenta personas. Un escenario bastante íntimo para una artista que ha tocado en escenarios como el Teatro Municipal de Lima, con capacidad para más de mil asistentes. Pero ella dice que estas presentaciones, íntimas, en las que el músico y el público son uno, son mucho más difíciles que tocar para un público mayor. No lo hace desde hace siete años, cuando el miedo a mostrar su propia vulnerabilidad era casi paralizante, pero ella sabía que esa era la meta y le encantaba que sea así. Ahora regresa, con otra perspectiva, a la intimidad de una performance sin escenarios, y eso le fascina. El hacer sentir al público lo que ella les da, esa será su recompensa por atreverse a estar expuesta, desnuda, completa.