Amartizar

¿Cuánta ciencia se necesita para llegar a otro planeta?

Hace unas semanas, Curiosity llegó a Marte. Luego de un viaje de nueve meses y una inversión de más de 2 mil millones y medio de dólares, volvimos a amartizar un vehículo en la superficie marciana. Durante los siete minutos que duró la última y más riesgosa parte de su travesía, millones de terrícolas estuvimos atentos a los anuncios de la NASA y a la transmisión en vivo desde la sala de control. Pronto, se convirtió en trending topic en Twitter y no importó que aquella misma tarde Usain Bolt haya batido el récord olímpico de los cien metros planos.

Llegar a Marte es una proeza científica. Determinar las coordenadas de vuelo hacia otro planeta, recubrir la nave con materiales que soporten cerca de mil grados centígrados, o diseñar un sistema de comunicación capaz de enviar fotografías e información a 350 millones de millas de distancia solo ha sido posible después de décadas de estudios e investigaciones científicas. Hoy, en medio de crisis económicas y políticas en todo el mundo, se gradúan menos ingenieros y científicos. En Estados Unidos, menos del 5% de los empleos provienen de esas áreas, y la mayoría de egresados terminan siendo captados por bancos de Wall Street que buscan fórmulas cada vez más intrincadas para nuevos derivados financieros.

Haber llegado a otro planeta puede generar más interés en la ciencia. Ahora ser geek es cool. Y ser un emprendedor tecnológico es sinónimo de éxito, las misiones espaciales pueden ayudar a despertar el gusto por las ciencias e ingenierías. El físico Neil deGrasse, famoso por haberse convertido en un meme de Internet, dice: «Los avances en romper con las barreras del espacio hacen que volvamos a soñar. Y cuando se sueña sobre un futuro que se puede cambiar a partir de ciencia y tecnología, empieza a germinar una cultura de innovación».