Hablar desde los ojos

Historias para un cambio

Por Pablo Panizo
En el pequeño distrito de Lobitos, en Talara, quince niños de escasos recursos han aprendido a cuestionar su espacio a partir de la fotografía. Sus imágenes hablan de ellos y del mundo que los rodea. Con el taller instalado ya de forma permanente, el Proyecto Iris busca ahora replicar su trabajo en nuevas comunidades.
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El pueblo de Lobitos, en el norte del país, tiene pasado de campamento petrolero y, más tarde, militar. Se dice que en este pacífico rincón de la costa talareña se construyó el primer cine de Sudamérica, para las acaudaladas familias petroleras que, instaladas frente al mar, hicieron del balneario una especie de Londres en miniatura: lujosas casas de pino oregón con techos a dos aguas, áticos y porche; iglesia; escuela; casino. Hoy, sin embargo, del Lobitos petrolero solo queda lo que los mandos militares de paso no pudieron depredar y los tablistas, atraídos por sus olas, lograron restaurar. A pocas cuadras del ex campamento petrolero, en los barrios Primavera, Zarumilla y Nuevo Lobitos, vive el grueso de la población, compuesto principalmente por familias de pescadores. Siete niños de estos barrios han llegado a la playa para tomar fotografías con cámaras digitales donadas al Proyecto Iris. Uno de ellos se concentra en la basura que encuentra en la arena y ensaya disparos.

– ¿Cómo llega la basura hasta aquí?- le pregunta Alejandra Orosco, creadora del programa.
– La corriente la trae- explica el niño.
– Entonces lo que lanzamos al mar aquí, termina en otro lugar.
– Sí.

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El Proyecto Iris parte de la premisa de la fotografía participativa: legitimar al otro a través de su mirada. «El iris es como una huella digital de los ojos», piensa Alejandra. Nunca hay dos miradas iguales, y cada una refleja un universo personal. Frente al espectador, las imágenes de estos niños tienen también una función social que Alejandra describe como el rompimiento con «el alto grado de indiferencia con el que vivimos». En Lobitos, en los dos talleres que el proyecto ha desarrollado hasta el momento, quince niños han aprendido las nociones básicas de la fotografía y, a partir de estos conceptos, han reflexionado sobre el espacio en el que viven. ¿Cómo es que un muelle queda reducido a pilotes oxidados? ¿Cuánto importa para su pueblo la pesca? ¿Cómo un lujoso casino termina canibalizado al punto de derrumbarse? ¿Cómo los ‘zancudos’, esos pozos petroleros que trabajan día y noche, se instalan a orillas del mar, dificultando el acceso a las playas?

A sus 25 años, Alejandra Orosco se ha propuesto replicar esta experiencia en otras zonas de bajos recursos. Mientras se ha logrado ya instalar el taller de Lobitos de forma permanente, con el apoyo del fotógrafo local Henry Espinoza, este año Proyecto Iris llegará al barrio de Malambito, en el distrito limeño de Barranco, y al caótico Belén, un barrio iquiteño donde cientos de niños deben vivir rodeados de basura. Para continuar con su trabajo, sin embargo, necesitan apoyo: el proyecto es posible gracias a la donación de cámaras digitales, y las puertas están siempre abiertas para nuevos donantes. Conscientes del desafío que significa ir hasta Iquitos, Proyecto Iris busca también alianzas con el sector privado y organizaciones no gubernamentales.