A estos cuatro no hay quien los calle

Escribe: María Jesús Zevallos
Han dedicado sus canciones a periodistas y políticos corruptos, a la crisis migratoria en Estados Unidos y a la vecina chismosa del barrio. Lo vienen haciendo durante dieciocho años y no se arrepienten. La banda mexicana Molotov, esa que detesta la pose de lo políticamente correcto, se presentará en Lima este 18 de octubre para seguir ofendiendo al que le chante el guante, como dicen. A mucha honra y con todo respeto.
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En junio de 2008, las autoridades locales del estado de Matamoros, en la frontera México-Estados Unidos, pidieron a sus residentes que no fueran al concierto de Molotov, que se presentaría al mes siguiente. Su nueva canción, Frijolero, era una crítica hacia la problemática migratoria de la frontera. No era la primera vez que la censura acechaba. En 1997, en ese mismo lugar, se había cancelado un concierto por presiones de la Iglesia católica, que se sentía amenazada por las letras de DÓNDE JUGARÁN LAS NIÑAS, el primer disco de Molotov, que tenía por portada la foto de una chica en el asiento trasero de un auto, vestida de uniforme escolar y con la ropa interior en las rodillas.

Desde ese aparatoso comienzo, cada uno de los siete álbumes de los cuatro de México ha tenido un himno de controversia y protesta. ¿Pero cómo sobrevive casi dos décadas una banda escandalosa y políticamente incorrecta? «Nos sorprende mucho que nos hagan esa pregunta», dice Paco Ayala, bajista de la banda. Los años de Molotov –dice Ayala– han pasado con tensiones, pero sin crisis. «Esto es música, esto es desmadre, y a nosotros nos fascina hacer música y subir a un escenario y tocarla». Las tensiones, según el bajista, surgen a partir de los desgastes normales de cualquier relación duradera. Molotov, sin embargo, parece mantener un chaleco antibalas alrededor de sus cuatro integrantes. Las críticas externas –dicen– no les hacen ni cosquillas. En julio pasado, la Alianza gay y lésbica contra la difamación [GLADD, por sus siglas en inglés] pidió a la banda que no tocara la canción Puto durante su gira por Estados Unidos, donde funciona la organización. La palabra ‘maricón’ dentro del tema les incomodaba. «Puto es una canción de catarsis para expresar la frustración que nos causa la clase política», explicó en ese entonces Ayala a los medios. Molotov no dejó de tocar la canción y se ganó el resentimiento de todas las asociaciones por los derechos de la comunidad LGTB. «Lo que pasó en Estados Unidos afectó la manera como hacemos música», dice Ayala. «Nos dimos cuenta de que vamos a seguir haciendo lo que nos hinche un huevo». La libertad es algo que la banda tiene presente como un eslogan personal: «Seguiremos diciendo las cosas como son».

«Cuando subes al escenario todo cambia: se va el cansancio, se acaba la cruda y empieza la otra fiesta», dice. «Tocamos casi todos los días y nunca se vuelve rutina; siempre tienes que salir a rompértela, ¿no? Es como jugar fútbol, creo yo».

Este año las presentaciones en vivo han tomado un espacio más dominante en la agenda de Molotov. El último disco de estudio de la banda, Eternamiente, se lanzó en 2007, pero Ayala espera empezar a grabar a fines de este año. «Para nosotros el estudio es como unos rayos X», dice el bajista. «Ahí te das cuenta de los errores, salen las debilidades, ahí es donde tienes que ponerte las pilas, porque vas a dejar eso grabado para siempre». Ayala dice que hay bastante pasión por la etapa de producción de un disco, pero el escenario siempre saca lo más visceral; lo más animal de la banda y de su música.

Molotov parece alimentarse de todas las balas que le disparan. Lo que recibe cualquiera que se atreve a decir lo que quiere y como quiere. «Nosotros creemos que esa es una razón muy fuerte que estimula a Molotov a seguir haciendo música un rato más», explica el mexicano. Y lo seguirán haciendo juntos, hasta que el cuerpo se los permita, porque pueden ser algunos de los pocos músicos que se atrevan a «dar voz a los que no la tienen», como explica Ayala. Una banda que –como una bomba casera– se ha convertido en el arma favorita de aquellos sin poder para lanzar una granada.

Mayoría de edad

Son dieciocho años de conflictos con el mundo, pero también de Grammys, premios MTV, discos de oro y una fanaticada que solamente sigue creciendo y volviéndose más diversa con los años. Todos los integrantes –más cerca de los cuarenta que de los treinta– siguen con giras interminables, como en agosto de este año, que cumplieron veinticinco conciertos en veintiocho días. Ayala no está seguro cómo siguen teniendo la energía para hacerlo, pero sabe que una vez que están en el escenario, la edad, el cansancio y la noche anterior quedan olvido.