Erasmo Wong Seoane

Devela la magia del norte en una foto

Por Adriana Seminario / Fotos de Augusto Escribens
Playas, sol, chifles, burros. Esas son las primeras imágenes que se nos vienen a la mente al hablar de Piura. Pensamos inmediatamente en la capital del departamento, Ciudad del Eterno Sol. En Máncora, en surf y en que este lugar solo existe en el verano. El fotógrafo Erasmo Wong Seoane inaugura su última exposición Piura: realismo fantástico para sacudir, precisamente, esos clichés. Para contarnos historias de gente común, historias reales con magia norteña.
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Erasmo Wong Seoane ha viajado por todo el mundo. Comenzó tanteando sus inclinaciones artísticas en la carrera de Arquitectura, pero finalmente se inclinó por el mundo de la fotografía. Estudió en International Center of Photography de Nueva York, y desde entonces no ha parado de disparar su cámara. Ha retratado a madres de familia en Botswana, vendedores de pétalos a las orillas del río Ganges en la India, niños gitanos en Kazan, Rusia, y los paisajes urbanos más vívidos de Marruecos, Cuba y Nueva York. Su ojo está acostumbrado a mirar el mundo y capturar los segundos más precisos. Por este motivo, el Gobierno Regional de Piura lo escogió para elaborar un ambicioso proyecto fotográfico.

Todos saben que en Piura las playas son lindas, que hay burros en casi todas las calles y algarrobos también. Las autoridades querían hacer algo distinto para promocionar la región. Mostrar algo más que la típica postal de los folletos turísticos. Por eso decidieron mezclar la visión de un fotógrafo que hubiese visto el mundo, Erasmo Wong Seoane; y un artista local cuya obra esté impregnada de Piura, Humberto Saldarriaga. «Normalmente el artista va, toca la puerta, presenta su proyecto y pide financiamiento para llevarlo a cabo», cuenta Erasmo, aún con asombro, cuando recuerda que fue el gobierno regional el que lo buscó, y no al revés, como suele suceder.

Caminos del sol

El primer viaje que hizo, en julio del 2013, fue express. Una semana para recorrer las ocho provincias de Piura. La meta era encontrar a quince personajes. Quince historias que materializarán la magia de la tierra de Grau. Erasmo Wong viajó sin cámara. Quería concentrarse en buscar los elementos claves para componer el proyecto en lugar de estar preocupado por fotografiar todo aquello que le llamara la atención. ¿La fórmula que estaba buscando? Un buen personaje con una buena historia.

—A veces ocurría que el personaje era increíble, pero su historia no —cuenta el fotógrafo, mientras frunce levemente el ceño—. De pronto conocía a un alcalde que podía tener una historia de éxito y emprendimiento, pero eso no era lo que buscaba.

Erasmo hace un esfuerzo por recordar, y afirma que debe haber conversado al menos con cincuenta personas. Desde el terroso caserío de El Convento, sin agua ni electricidad pero con mujeres de ojos verdes, hasta los de nombres irónicos, como Malavida o La Horca. Su búsqueda lo llevó por las playas de Cabo Blanco, las lagunas de Huancabamba y la tierra de los músicos de Sechura. Pronto se dio cuenta de que personajes e historias eran lo último que faltaban.

Entre las pícaras cumananas de los curtidos afroperuanos de Yapatera y aquel pescador piurano que disfruta cuando cuenta la anécdota de la vez que brindó con Ernest Hemingway, la magia para la exposición parecía estar debajo de cada piedra. Quizás la más memorable sea la de aquella joven que Erasmo fotografió cuando se bañaba en la Laguna Negra de Huancabamba. Con el torso desnudo posó sin vergüenza para su lente. Contó que venía a limpiarse el cuerpo y el alma todos los años, ya que su padrastro había abusado sexualmente de ella. El agua helada de ese lago, a más de cuatro mil metros de altura, le daba paz. Pero la magia no se hace esperar. La joven sin nombre revela que desde que empezó a bañarse en la laguna, a su padrastro le salió una mancha negra en el rostro que se expande cada año. Hoy le tapa casi toda la cara. Ella asegura que la mancha tiene la forma de la laguna.

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Historias y magia

Es claro que en Piura la gente no cuenta una buena historia sin añadir un toque mágico a sus relatos. Un final fantástico o inesperado siempre te agarrará por sorpresa. Esto capturó al escritor Fernando Ampuero para escribir los textos de la muestra. Mejor dicho para dar forma a los relatos que Erasmo había logrado recopilar. Aunque hacerlo no fue nada fácil, confiesa.

—He leído los libros de Fernando y me gusta su narrativa —explica el fotógrafo, mientras hace un gesto circular en el aire, como si englobara una idea—, su manera de relatar cuentos y atraparte con las historias.

Ampuero recibió a Wong en su casa una mañana. En realidad se había olvidado de que tenía una reunión con él, y lo hizo pasar en bata. Luego de disculparse y charlar un poco, Erasmo aprovechó para proponerle que escribiera los textos para la muestra. No fue fácil. Ampuero no estaba muy convencido al principio. Entre sus charlas en universidades y múltiples proyectos, intentó excusarse de la muestra. Sin embargo, Erasmo logró atraparlo con el anzuelo de la magia norteña.

—Mira, Fernando —le dije—, te muestro algunas fotos, y si te interesan, te cuento de qué se tratan. Si no te interesa el proyecto luego de verlas, no te molesto nunca más.

Fue suficiente. El autor de Paren el mundo que aquí me bajo descendió en la estación Piura para pulir los relatos que Wong estuvo escribiendo en su libreta de apuntes, todas las noches, durante su búsqueda en la tierra de lo fantástico.

Humans of Piura

Hace casi cuatro años, un fotógrafo estadounidense llamado Brandon Stanton inició un proyecto llamado Humans of New York. Consistía en capturar personajes peculiares en Manhattan y alrededores, y crear un registro viviente de la Gran Manzana. Erasmo Wong tiene este libro sobre la pequeña mesa que hay en su sala. ¿Lo había tomado como inspiración?, ¿tenía una guía previa de cómo elaborar la exposición fotográfica de Piura? La respuesta es no para ambas preguntas. La idea de encontrar al personaje, la historia y conseguir la foto con la técnica perfecta es algo que concibió por sí mismo. Sin embargo sonríe por la coincidencia del hecho que esta dinámica se haya dado antes en otros lados del mundo.

—¿Se te ha ocurrido repetir esta experiencia con otras regiones del país?

— Claro, me encantaría —dice Erasmo, con una sonrisa—. Es un chambón, todo un tema logístico, pero sí quisiera repetirlo en el Perú. Hay mucha magia que capturar.