¿Y donde está el policía?

La inseguridad ciudadana crece y los delincuentes, en tanto, son más poderosos

Escribe: Luis Felipe Gamarra / Ilustración:Mikel Hoyle
Es lo que se ha estado preguntando la mayoría de peruanos luego de ver las noticias de estas últimas semanas. Un joven fotógrafo asesinado en la puerta de su casa, un empresario acribillado en una notaria, un policía baleado en la puerta de una pollería. La inseguridad ciudadana es, para algunos expertos, el reflejo del desinterés del Gobierno por este tema que tiene décadas sin solución. Los delincuentes, en tanto, son más poderosos
enfoque ilus
El presidente Ollanta Humala no es el primer político que lanza medidas desesperadas al ser arrinconado por la inseguridad. El jefe de Estado cree que acaba de sorprender al público por sacar mágicamente del sombrero mil policías más para las calles de Lima. Sin embargo, ese truco forma parte del viejo libreto de los jefes de Estado, que utilizan cada vez que la sangre salpica sus índices de popularidad. Lo hizo Alberto Fujimori tras el asesinato del empresario minero Luis Hochschild en manos de los Injertos del Fundo Oquendo [1998]. Lo hizo Alejandro Toledo tras el secuestro de la esposa de su compañero de parrandas, Adam Pollack. [2002]. Lo hizo Alan García el día que casi asesinan a la pequeña Romina de un balazo en la columna vertebral [2010]. ‘Plan Bratton’, ‘Calle Segura’, ‘Plan Telaraña’, ‘Patrullero de Mi Barrio’, ‘Ventanas Rotas’, ‘Comisarías Virtuales’, ‘Tolerancia Cero’, ‘Reforma Policial’, ‘Distritalización de la Policía’, ‘Eliminación del 1×1’, son solo algunas de las innumerables fórmulas fallidas que lanzaron estos presidentes en momentos en los que la inseguridad dejó de ser una percepción, pero que nunca se llegaron a aplicar con convicción. Planes brillantes en el Power Point pero inútiles en la realidad.

Empresarios, políticos, militares y policías han pasado por el ministerio del Interior. Sus fotos están colgadas en la galería de ex ministros, en la antesala al despacho del actual ministro. En esta innumerable colección, contando desde el año 2000, Wilfredo Pedraza ocupa el lugar N°19, el equivalente a haber nombrado a dos ministros por año en la última década. Al asumir el portafolio, Pedraza declaró que él no era mago. No obstante, ha demostrado ser un eficaz aprendiz de prestidigitador, al asistir al presidente en el engaño más antiguo de la política: sacar policías administrativos para ponerlos en las calles. En la práctica, este plan exige presupuesto, capacitación y personal administrativo de repuesto, que no existe, por lo que esta medida, como otras tantas, no pasará de ser un ardid para el olvido. Para las voces más calificadas, se necesita un enfoque que vaya más allá del sector Interior. Estas son algunas de las recomendaciones que repiten expertos en seguridad pero que ningún gobierno se atreve a aplicar.

LA PARADA 109

1. La policía debe retornar a la policía. El ex ministro Óscar Valdés, que llegó a ocupar el cargo de primer ministro en 2011, anunció la eliminación del llamado 1×1 [un día de trabajo por uno de franco], para que los efectivos que le dedicaban hasta cuatro días a la semana al sector privado, retornaran a las calles. Sin embargo, ese plan piloto, que comenzó en Piura, Lambayeque, La Libertad, el Callao y Comas acabó a fines de 2012 sin ninguna explicación. Para Gino Costa, así como para Fernando Rospigliosi, ex ministros de la cartera de Interior, no se podrá conformar una fuerza policial especializada si esta le pertenece la mitad de la semana a las empresas. Según estos expertos, si el Estado ha duplicado su economía en la última década, se debe invertir en recuperar el capital humano, base del sistema de seguridad, para que la fuerza policial sea eficaz.

2. Policía más especializada. Según el general en retiro Marco Miyashiro, durante los primeros cinco años los policías reciben una misma instrucción. Más tarde, se les hace rotar por distintas unidades hasta que se van ubicando desordenadamente en diferentes grupos sin haberse capacitado en nada concreto. «Mientras que el criminal se ha especializado nosotros no». Para Miyashiro, existen unidades que son vistas como castigo, cuando cada una tiene un rol protagónico dentro de la maquinaria de la seguridad interna. Para este ex general, ‘policializar’ al sereno representa un error, porque más tarde se va a querer ‘policilizar’ al ‘guachimán’. «La única autoridad contra el crimen es el policía, pero debemos formarlo para ese fin». Miyashiro afirma que se debe empezar por potenciar las unidades de investigación con tecnología de punta.

3. Construir un sistema represivo severo. El Congreso ha dictado leyes contra la delincuencia respecto a penas y beneficios penitenciarios pero, como lo hizo sin una revisión total del sistema represivo, y sin la existencia de una política pública criminal integral, las penas son aplicadas por el Poder Judicial sin proporción respecto al delito. El Presidente afirmó que iba a asumir la jefatura del Consejo Nacional de Seguridad Ciudadana [Conasec]. Nombró al general en retiro Eduardo Pérez Rocha como director de este organismo, antes encabezado por el ministro del Interior. Pero, según Pérez Rocha, Humala nunca comandó decididamente el Conasec. Para Pérez Rocha, no se podrán medir avances en este campo, como se pretende ahora, sin un equipo técnico que construya de cero una línea de base, con información estadística que defina metas concretas. El respaldo político del Presidente es fundamental, pero se debe ir más allá de las promesas.

4. Estadísticas coherentes. Para Gino Costa, que dirige Ciudad Nuestra, no existe un sistema de estadísticas fiable sobre criminalidad. Por un lado, las estadísticas del Ministerio Público indican que se cometen 24 homicidios por cada 100 mil habitantes, lo que nos ubica casi a la cabeza de la región en lo que respecta a peligrosidad. Sin embargo, las cifras que maneja la policía señalan que solo se cometen 9 homicidios por cada 100 mil habitantes, que nos pone a mitad de la tabla. Sin cifras no se podrá medir los avances o fiscalizar los retrocesos en esta lucha.

5. Reforma del sistema de represión. La letra del vals dice ‘cuatro puertas hay abiertas para el que no tiene dinero: el hospital, la iglesia, la cárcel y el cementerio’. Pero, en el Perú, el que posee las cuatro puertas abiertas es el delincuente. A pesar de que la Policía, la Fiscalía, el Poder Judicial y el Instituto Nacional Penitenciario [INPE] integran un equipo contra la criminalidad, no solo son instituciones mortalmente vulneradas por la ineficiencia y la corrupción, sino que no son capaces de coordinar su labor. Para el ex general Pérez Rocha, ex director del Conasec, los vacíos son aprovechados por criminales. Para este ex policía, todas las penas deben tener cárcel. No como ahora, que las penas menores a cuatro años son sin prisión efectiva. Para complementar este paquete, se deben eliminar los beneficios penitenciarios para los delitos con mayor reincidencia, para eliminar el sentimiento de impunidad.

6. Control en los penales. Para Lucía Dammert, experta en temas de seguridad ciudadana, Las llaves de las celdas deben estar en manos del INPE o la Policía, no en poder de los delincuentes, como sucede ahora. El poder en las penitenciarías lo poseen los presos, representados por su delegado, que es otro recluso. Eso es inadmisible en una sociedad que aspira a combatir la delincuencia de manera eficaz. En la cárcel de Castro Castro se permite que los terroristas sigan cantando sus himnos, los narcotraficantes siguen administrando sus cárteles, así como los ‘marcas’ que extorsionan a empresarios con absoluta impunidad. Según Dammert, estos privilegios se deben cortar de raíz. Pero, el control exige no solo más presupuesto, sino establecer si las cárceles deben estar en manos de privados, a través de concesiones, o si se quedarán en manos del Estado. Sin la recuperación administrativa de los penales ninguna medida que se dicte para castigar al delincuente funcionará.

7. Falta de capacidad gestión. La policía carece de infraestructura para enfrentarse al delincuente, pero este no es un problema de presupuesto sino de falta de gestión, explica Rospigliosi. No es posible que haya adquisiciones paralizadas desde 2005 por mala administración. El Gobierno ha anunciado que la policía será reemplazada en estas instancias por personal burocrático especializado, que será capacitado por Servir. Es una medida positiva que permitirá en el corto plazo acelerar los procesos de compra. Pero, para Rospigliosi, se debe llevar este modelo hasta las comisarías, en las que un simple software podría reducir el papeleo hasta en 30%.

8. Control de armas. Un elemento clave que ningún presidente ha enfrentado es la regulación del mercado de armas. Para Fernando Rospigliosi, la Superintendencia Nacional de Control de Servicios de Seguridad [Sucamec], que se creó en esta administración en reemplazo de la Discamec, pone muchas trabas para aquellas personas que buscan obtener un arma legalmente, transformándose en un desincentivo para la formalidad. Para este experto, mientras más burocracia, más mercado negro habrá. Por otro lado, todas las unidades de la policía deben fiscalizar la labor de sus armerías, para cerrar el caño de los malos policías que le alquilan sus armas a las bandas de robos. Así se llegue a regular el mercado negro, si no se identifica y se castiga a los agentes que se dedican a este negocio, la delincuencia siempre estará armada.

9. Endurecer las penas para los malos policías. Se desconfía de la actuación policial porque existen malos elementos que son parte de este círculo. Si la cabeza de la policía la componen policías que se encuentran en un hostal con su amante, jefes que aseguran que los pishtacos existen o que se reúnen en Las Brujas de Cachiche para armar operativos para privados, o inclusive se les reconoce nombrándolos ministros, no será posible reformar la policía de arriba abajo. «¿Con qué moral se le exigirá a los policías que cumplan con las normas con honor?», se pregunta el ex general Miyashiro. Debemos empezar por poner orden en casa, separando a los malos efectivos sin que el Poder Judicial los reincorpore. Eso devolverá el liderazgo.