Vida y resurrección de dos casas

Escribe: Carlos Fuller M. / Fotos: Marco Garro
CASACOR vuelve al Centro Histórico de Lima, esta vez con el proyecto más ambicioso de sus diecisiete ediciones: la restauración de dos casas del aristocrático Jirón de la Unión. La Casa Mujica y la Casa D’ Pardo. Más de cincuenta ambientes remodelados por los mejores arquitectos, diseñadores de interiores y paisajistas del país. Dos residencias que recuperaron el esplendor que alguna vez tuvieron.

Casa vieja

Nadie había entrado en los últimos cincuenta años. Nadie hasta marzo, cuando se supo que sería una de las dos sedes de la edición de este año de CASACOR.

Esta primera casona pertenece a la familia Mujica y, muchos años atrás, había sido su «residencia de ciudad». Todo al estilo republicano. Tres patios, piscina, abundante madera, acabados de fierro, techos altos de más de seis metros coronados por claraboyas. Claro que cuando entraron por primera vez –si bien la estructura se mantenía firme– el lugar era un asidero de tierra y basura. Botellas de gaseosa de los años cincuenta, fotografías viejas, maletas oxidadas en el piso. El patio posterior estaba cubierto por un gran montículo de tierra; la madera de los escalones estaba carcomida y en algunas habitaciones las paredes estaban tan huecas que dejaban ver la casa del vecino.

A tan solo media cuadra estaba la segunda casa, perteneciente a la familia D’ Pardo. Por muchos años esta fue propiedad de poderosos apellidos como los Wiese y de diversas aerolíneas; pero en 1975 fue vendida a sus actuales dueños, los D’ Pardo. Ahí estuvo el restaurante y mercado El Tambo de Oro, que hoy ya no existe. También se mantuvieron ahí, hasta hace poco, algunas tiendas de artesanía. Cuando entraron, en marzo, vieron que esta casona estaba mucho mejor conservada que la casa de los Mujica.

La calle se llama Belén, o así solía llamarse. Hasta finales del siglo XIX no existía el Jirón de la Unión, y cada cuadra que lo formaba tenía un nombre distinto. Belén era la número diez y ambas, las casas de la familia D’ Pardo y Mujica, albergaban a la aristocracia limeña.

Durante los años cincuenta era buena costumbre irse a jironear agarrados del brazo, vestidos con los mejores trajes. A un par de cuadras de la Plaza San Martín, del Hotel Bolívar y del Club Nacional.

Ambas casas tuvieron que ser restauradas tanto en el exterior como en los ambientes interiores. Muchos pisos y paredes tuvieron que volver a hacerse. Mantener casonas como estas, actualmente, es impagable. Al haber mucho trabajo en madera y fierro se necesitan reparaciones periódicas. Aún no se han hecho cálculos precisos, pero esta es, de lejos, la mayor inversión que ha hecho CASACOR en sus diecisiete ediciones.

Viejas casonas del Centro de Lima, monumentos históricos de la época republicana; materia prima atractiva para cualquier arquitecto, diseñador, paisajista o decorador. En ambas casas existen 52 ambientes. El día del Open Day, en el que CASACOR presentaba las que serían sus dos sedes, más de 380 personas llegaron con proyectos para cada uno de estos espacios. El reto: mantener el espíritu de la casa en cada remodelación. Su elegancia, su tradición.