Viaje al interior de la semilla

(y todos los cuentos sobre los transgénicos)

Escribe: Mercedes Palomino
¿Es verdad que son tan peligrosos como dicen?

Tuvieron que tocar dos veces la puerta de Amador Osorio para que saliera. Su casa, una sola planta de material noble, se ubica en Carquin Chico, al norte de Huacho. Un poco más allá, sobresale una parcela de veintisiete hectáreas de maíz amarillo duro, que después serán el fiambre de aves y cerdos. José Cueva, agricultor como Amador, y el ingeniero Abel Escudero, de la dirección de Promoción Agraria de Huacho, lo presentan como uno de los más prósperos agricultores del cereal.

–¿Amador, tú has escuchado algo de estas nuevas semillas… los transgénicos?
–¡Ah! ¡Los transgénicos! Justo ayer en la noche vi algo en la tele. Primera vez, de verdad.

Había pasado más de mes y medio desde que la noticia retumbara en el país: el Decreto Supremo (0003-2011-MINAG) que permitía el ingreso de las semillas transgénicas al Perú. Si no lo saben ya, sí, son modificadas genéticamente. Por ejemplo: la semilla de maíz amarillo duro es modificada para resistir más plagas sin necesidad de insecticidas, herbicidas o fungicidas. Esto se logra gracias a su alteración con genes pertenecientes a –incluso– otras especies. En el caso del maíz amarillo duro, esto se obtiene gracias a la implantación de genes de una bacteria de suelo.

Pero, ¿por qué tanta alharaca? Los especialistas que están en contra de los transgénicos indican no conocer las consecuencias que este tipo de modificaciones puedan tener en la salud de los demás seres vivos, tanto de los que los consumen, como de los que simplemente forman parte de su hábitat.

Para Greenpeace Internacional, una de las principales ONG a nivel mundial que ha expresado su lucha abierta contra los transgénicos, no se debería esperar a que las consecuencias de su consumo se evidencien en humanos. «Los alimentos transgénicos parecen actuar como anticonceptivos, causando potencialmente infertilidad. Si eso no es razón suficiente para clausurar definitivamente la industria biotecnológica, no estoy seguro de qué tipo de desastre estamos esperando», dijo el Dr. Jan Van Aken, experto en ingeniería genética de la susodicha asociación.

Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud (OMS), según un informe, indica que no hay ningún caso de enfermedad en seres humanos que pueda ser atribuible –con pruebas científicas– al consumo de transgénicos. Esta misma información ha sido considerada por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés). Pero, ¿cuál es la razón por la que el gobierno peruano quiere formar parte de los países productores de cultivos transgénicos como Brasil, Argentina, Chile, Bolivia, Paraguay, Uruguay y Colombia? Se argumenta, entonces, que pese a ser un país biodiverso, con varios microclimas, la agricultura nacional no abastece la demanda interna.

Según datos del Ministerio de Agricultura, el Perú se ve obligado a importar productos necesarios para la alimentación animal o humana como la soya, el maíz y los aceites vegetales comestibles. Todos los productos mencionados, ya importados hoy, son en su mayoría transgénicos: 70% del maíz amarillo duro que se consume en el país es transgénico; 98% en el caso de la soya; y un 95% en el caso de los aceites vegetales comestibles. Y en menores proporciones, en el caso de los productos proteicos, lácteos y edulcorantes.

País transgénico
Carquin Chico ya tendría su propio veredicto. Los lugares donde se aplicarían los primeros cultivos corresponderían a campos de los productos ya probados en otros países, como la soya o el maíz amarillo duro.

–Nos han dicho que podremos sacar hasta dieciocho toneladas por hectárea con los transgénicos–comenta Gonzalo Alor, presidente de la Asociación de Maíz y Songo del Valle Huaura Sayán.

–Eso sería bestial –agrega Richard Melgarejo, agricultor de Carquin Chico.

–¿Cuánto estás produciendo tú?

–Trece, catorce toneladas por hectárea.

Suena bastante bien. Sobre todo si se toma en cuenta que el precio a nivel mundial de este cereal se ha elevado en un 60%, pasando de 0.50 céntimos el kilo a 1.10 soles. No obstante, a este mensaje se le han ido sumando otros no tan alentadores. «Dicen que nos provocará cáncer». Y sobre el Medio ambiente: «Que contaminará los demás cultivos», explica José Cueva, productor de maíz morado y maíz amarillo duro a cincuenta msnm en la quebrada próxima. «¿Quién me garantiza que no va a haber polinización?», comenta preocupado. Y es que su miedo es válido: la polinización es algo que podría ocurrir por el movimiento de genes de una población de plantas a otra. Eso quiere decir que si entre los cultivos no hay una distancia prudencial, podría darse que una planta transgénica se cruce con otra no transgénica.

No confían en el control agrario que ofrece el Estado. ¿Y si están interesados en producir transgénicos en un corto plazo? Ahí José Cueva cruza los brazos y es más escéptico: le dirá no a su uso, si antes no se le informa adecuadamente. Por su parte, Amador ha pensado –luego de lo que ha escuchado en la televisión– que esperará a que los demás prueben para ver los resultados y luego decidir si los aplicará o no. Total, son veintisiete hectáreas las que maneja.

Más entusiastas se muestran Richard y Gonzalo. Ellos esperan la llegada de las semillas transgénicas como si se tratara de la locomotora del progreso. «En el Perú, siempre estamos a la cola», se lamentan. Recién hace dos años que ellos pudieron introducirse en la siembra de maíz híbrido, algo que ya se venía desarrollando desde hace más de cincuenta años en Argentina.

–Los distribuidores de la semilla nacional nos metían miedo. Nos decían que el híbrido era malo. Que nos daría cáncer, nos saldría cola de rata. ¿Y qué ha pasado? Nada. –responde Richard.

–Querían que sigamos comprando el maíz nacional. Los que vendían las semillas nos decían eso –agrega Gonzalo, indignado.

Richard no quiere que el plato se repita. «No queremos esperar otros quince años más, como lo plantean algunos sectores». ¿Qué sectores? «Sectores que tienen su propia conveniencia. Los importadores de maíz transgénico quieren que nosotros sigamos con los híbridos para que ellos continúen importando y vendiendo aquí».

Historias del subsuelo
Quizás lo que Richard y Gonzalo no saben es que el aumento podría ser temporal. Según datos obtenidos en el cordón cerealero de Estados Unidos, mediante un estudio de la Universidad de Kansas en 2008, la soya mostró una disminución de su rendimiento hasta en 10%. La productividad del maíz transgénico fue en varios años menor, y en algunos relativamente igual o solo algo mayor. Esto, según precisa el estudio, se debería a la aparición de plagas más fuertes y a que esta semilla es menos resistente a problemas ambientales como la sequía.

En nuestro país, el Ejecutivo se ha mostrado, casi en su mayoría, a favor de la introducción de semillas transgénicas, pese a las grandes suspicacias. Sin embargo, antes y después de la renuncia de Rafael Quevedo, ministro de Agricultura firmante del DS 03-2011, la cartera de Ambiente dejó clara su postura en contra: pidió que se tomara en cuenta que los transgénicos son propiedad de empresas que detentan patentes sobre ellos. «Esto no solo desfavorece a nuestros pequeños agricultores, sino que les puede ocasionar una dependencia económica y tecnológica que la mayoría de ellos no está en condiciones de afrontar», señaló el ministro Antonio Brack.

«Hablan los que saben»
Para el doctor Luis Destefano, investigador de la Universidad Peruana Cayetano Heredia y miembro de Perú Biotec, no se debería temer a las semillas transgénicas, pues no afectan a la salud ni a la megadiversidad. Afirmó que, hasta el momento, países tan diversos como Bolivia, aplican cultivos transgénicos y no hay ningún estudio que pruebe que su diversidad se haya visto perjudicada. «Es más, permitirá una mayor protección del ambiente, puesto que no se utilizarán pesticidas», sustentó Destefano en un debate organizado por la mencionada universidad.

Por su parte, el biólogo Santiago Pastor, especialista de la Dirección General de Diversidad Biológica del Ministerio del Ambiente, insiste en que «la biotecnología es importante, pero la bioseguridad es indispensable. El Perú debe tomar previsiones y prohibir su ingreso o establecer moratorias hasta encontrar mejores condiciones para su regulación». También señaló la importancia de que los productos transgénicos que se comercializan en el Perú tengan la etiqueta correspondiente para que no existan dudas.

¿Una tecnología trasnochada?

Según indicaron los agricultores, su producción podría ser mayor si sus requerimientos son escuchados. «La modernidad no debería ser solo la mejora de la semilla, sino también la asistencia técnica y tecnológica. En esta zona no contamos con sembradoras, ni otras herramientas modernas. Nos valemos de los herbicidas, fungicidas y pesticidas como tecnología», comenta el ingeniero agrónomo Abel Escudero.

A esta posición se le suma la de la Convención Nacional del Agro Peruano (Conveagro) y la Asociación de Exportadores del Perú (ADEX), que expusieron su rechazo: «Así como las transnacionales manifiestan que no se puede demostrar que los transgénicos no afectan la vida y la salud, tampoco han demostrado que estas semillas mejoren el rendimiento de los cultivos», fue tajante el presidente de la Conveagro, Luis Zúñiga.

La propuesta de los cocineros de APEGA es que el Estado se incline por una agricultura moderna, que tenga como horizonte la producción a gran escala de productos orgánicos. «Tenemos miles de pequeños agricultores que pueden asociarse exitosamente y convertir al Perú en país líder de productos orgánicos. Los cocineros lo entendemos así», afirmó el chef peruano más reconocido, Gastón Acurio. Y si corroboramos esta información de acuerdo a las preferencias que tienen los restaurantes con más estrellas Michelin del mundo –a la hora de comprar sus productos–, podríamos creer que es cierto: el Noma, en Copenhague, y el Mugaritz, en España, son compradores únicamente de productos orgánicos. No sabemos, ni con precisión ni con ciencia ficción, cómo terminara este cuento. Acaso cuando el árbol de la quina del escudo nacional también sea transgénico.