Una telenovela venezolana

Un escenario incierto

Escribe: Luis Felipe Gamarra / Ilustración: Omar Xiancas
Quizá sea el capitulo final, pero los actores se resisten a irse. Evo Morales afirma que Hugo Chávez prepara su retorno. En tanto, Ernesto Arreaza, yerno del comandante, lo contradice. Durante los cortes comerciales, aparece una foto del galán caminando con dificultad, pero aferrándose al lema ‘patria o muerte’. Pese a los intentos del chavismo para sostener la sintonía, para los venezolanos está claro que el final de la novela se avecina, porque ningún culebrón se escribe sin un galán.
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Los que hemos seguido la telenovela del presidente venezolano Hugo Chávez, sabemos de qué trata: el macho que llega desde el llano para robarse el amor de Rosa Inés, así tenga que agarrase a golpes con los matones del prometido, el hacendado más rico del valle. En esta intriga, el vaquero toma por asalto el rancho, heredando una mina de billetes negros. Por eso es un insolente al que le encanta irse de boca, incluso con los que llevan corona, porque le gusta provocar, sobre todo al que se cree el alguacil del barrio. No es el más guapo, pero tampoco es el más feo. Sus amigos lo idolatran, lo acompañan a donde él vaya, pero solo porque les paga los tragos cada vez que salen de farra, porque a menudo este macho despilfarra su dinero como si en vez de billetera cargara un barril [sin fondo] de petróleo. Sin embargo, mientras el vaquero se trenza con la niña para danzar su cuarto joropo, su rancho se empobrece, sus peones se matan de hambre y los bancos le cortan el crédito porque sus dólares no valen lo mismo que antes.

En los últimos catorce años, el comandante Hugo Chávez ha sido el libretista de este guión que acaba de quedar en suspenso, dejando a un país en incertidumbre, a la espera de un final que no será colorín ni colorado.

El 11 de diciembre de 2012, Chávez entró al quirófano del Centro de Investigaciones Médico Quirúrgico de La Habana, un hospital convertido en un búnker, para operarse de un cáncer que le detectaron hace dieciocho meses en la zona pélvica, del que aún no se conoce tipología. Desde entonces, los actores de reparto han tratado de reemplazar al galán. Nicolás Maduro, vicepresidente de Venezuela, ex canciller de la república y brazo derecho del comandante, permanece en Caracas como su heredero político. Pero Maduro, así tenga los bigotes, no es matón ni se porta como el más macho. «Maduro no posee la personalidad, el carisma o la popularidad para conducir un país que ha mitificado al caudillo como si se tratara de un padre, y mucho menos para escribir el futuro del chavismo en América Latina», afirma el analista internacional Ariel Segal. Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela [el equivalente al Congreso peruano], es el segundo al mando. Militar en retiro, participó en el golpe de Estado que lideró Chávez contra Carlos Andrés Pérez. Tras haber hecho carrera política durante la revolución chavista, se le considera el nexo entre el gobierno y las Fuerzas Armadas de su país.

Pero ni Cabello ni Maduro son capaces de llenar el vacío que ha dejado el presidente Chávez entre los hombres de uniforme. En un país acostumbrado a la convulsión política, los militares se transforman en la típica matriarca que decide el futuro del galán. Y, pese a que han expresado su respaldo a Chávez a través del alto mando militar encarnado en el ministro de Defensa, almirante en jefe Diego Molero, así como del jefe del comando estratégico operacional, el mayor general Wilmer Barrientos, no se sabe si harán lo mismo con Maduro o Cabello. Por si eso no bastara para calentar este clima de incertidumbre, tampoco se sabe con claridad qué posición han asumido los comandantes, mayores o capitanes que podrían equilibrar la balanza. Los presidentes más emblemáticos de la América Latina roja, que gira alrededor del ALBA –Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América–, como Evo Morales [Bolivia], Rafael Correa [Ecuador] o Daniel Ortega [Nicaragua], tampoco podrán reemplazar a Chávez como ideólogo de esta gesta.

El factor uniforme

En Venezuela el poder está en manos de las Fuerza Armadas. De los veintitrés ministros, siete son militares en actividad. Las veinte gobernaciones –de las veintitrés que existen en Venezuela– que quedaron en manos del Partido Socialista de Venezuela, están bajo custodia de ex militares vinculados a Chávez. Para Farid Kahhat, sociólogo experto en temas internacionales, los militares están a la espera de que el panorama respecto a la salud de Chávez se despeje. «En el escenario de que Chávez se restablezca y regrese al Palacio de Miraflores –sede de gobierno de Venezuela– como el héroe que venció a la muerte, todo seguirá como hasta ahora, solo que con una crisis económica que podría conducir a Venezuela a otros escenarios. En el caso de que Chávez no regrese, habrá que ver si respaldan a sus herederos». La Constitución de la República Bolivariana dicta un plazo de noventa días para la ausencia temporal del jefe de Estado, a la que se suma una prórroga de noventa días más. Si este no regresa en seis meses, Maduro posee treinta días para convocar a elecciones, las que podría ganar el vicepresidente, según la lectura de Kahhat, por los altos índices de popularidad que aún arrastra Chávez.

Pero, para Kahhat, habrá que preguntarse qué pasará con los militares si no gana Maduro. En Venezuela existen 134 mil efectivos de las Fuerzas Armadas, a los que se suman otros 125 mil civiles que integran las llamadas milicias, un círculo con menor poder de fuego, pero que se consideran los defensores del modelo chavista. «En ese escenario, no creo que las Fuerzas Armadas respalden un baño de sangre en Caracas», afirma el analista Segal. Para este último, otro elemento que se debe sumar para el análisis es la intromisión de los hermanos Fidel y Raúl Castro en la república llanera. Según Segal, más allá de que Chávez esté en coma o no, existen muchos políticos, así como integrantes de la inteligencia castrista, ocupando posiciones de poder en el ejército libertador venezolano con miras a asegurar una transición pacífica en la que prevalezca la doctrina socialista. «No creo que los militares venezolanos soporten mucho tiempo esta presencia. Pronto, Maduro o Cabello deberán decidir entre Cuba y Venezuela», explica Segal.

Economía al límite

En el escenario de que Maduro gane este sufragio, deberá enfrentar duros retos económicos, como la devaluación de la moneda, el mercado negro del dólar, los recortes de electricidad, la caída en la producción de petróleo, la inflación, el déficit fiscal y la escasez de productos. «Luego de las expropiaciones, actualmente el gobierno controla gran parte del mercado minorista. Sin embargo, encontrar algunos productos de primera necesidad se hace una tarea imposible en un país en el que más de la mitad de sus empresas manufactureras privadas desaparecieron», explica el economista Kurt Burneo. El desgaste sistemático de su economía, impulsado por el destrozo del sistema democrático, ha convertido a Venezuela en la economía más inestable de la región.

«El gratis se acabó y el regalado se tiene que acabar», ha asegurado Jorge Giordani, ministro de Planificación y Finanzas de Venezuela, considerado uno de los peores ministros de la región, como antesala a un conjunto de ajustes económicos, poco populares pero impostergables, que deberá aplicar al partido, algo que no será fácil para un Maduro que aún posee título de sustituto. No es posible gobernar un país a control remoto desde una isla. Tampoco es posible respaldar a un personaje con tanto carisma. El poschavismo se aproxima. De eso no cabe duda. ¿Quién escribirá el final de esta telenovela? Quizá el mismo Hugo Chávez.