Profecías limeñas

¿Cómo se verá Lima en veinte años?

Escribe: Manolo Bonilla
A pesar de que tiene 477 años de fundada, Lima sigue siendo una ciudad adolescente. De caprichos, contradicciones y contrastes. Ya no es la Lima de los virreyes, ni el Jirón de la Unión o la urbe del desborde en los sesentas. No es la Lima oscura y explosiva de los ochenta, ni la metrópolis pujante y emergente de hace dos décadas. Lima ya no se reconoce en su cutis no tan lozano de hoy. A propósito de su rostro urbano en este nuevo aniversario y de lo que le espera en los próximos lustros hablamos con tres arriesgados arquitectos que diseñaron una casa para la Lima del futuro.

El patio y el puente de Llona + Zamora Arquitectos
«Debemos entender la lógica de la construcción»

Si la creación del mundo empezó con el hágase la luz, el génesis de esta casa urbana del futuro, ganadora del concurso convocado por Eternit el año pasado, encuentra su vitalidad, justamente, en la luz. Cuenta con un puente que cruza un enorme vacío que se convertirá en el patio y no tiene apoyos. Aunque suene a metafísica, se construyen espacios con la sombra que deja el puente y se subrayan los volúmenes destinados a las dinámicas de los ocupantes de la casa.

Este proyecto no solo pretendió solucionar arquitectónicamente un espacio, sino abordar todo el sistema constructivo de materiales livianos. Las formas y las estructuras solo podían ser concebidas teniendo como insumo el sistema drywall. ¿Por qué? «Es ecológico, de rápida ejecución, es un material sumamente noble», dijo la arquitecta Michelle Llona, seguidora del francés Le Corbusier, para explicar y señalar las ventajas. Por otro lado, su dupla creativa, Rafael Zamora comentó que lo fundamental es «aprovechar el sistema de construcción limpio, que tiene libertad en la geometría, es de rápida ejecución y que te permite volar. Hay que atreverse».

Esa libertad también se encuentra en los espacios de la casa.

Pero en la ciudad, esos espacios públicos no lo son tanto. La proliferación de rejas y de urbanizaciones como si fueran sistemas nerviosos de vigilancia es un fenómeno que alcanza todos los estratos en Lima. Se cercan barrios en Los Olivos como en La Molina. Eso da cuenta de una ciudad segmentada en células, como si se trataran de pequeños guetos. No existe espacio público y salimos de casa solo para ir a otra edificación conocida. Ya no hay recorridos que te permitan apropiarte de la ciudad.

La casa posturbana de Longhi Arquitectos
«Hay que resetear la ciudad»

Por más contradictorio que suene, esta casa se ubica en el desierto que será Lima. En clases de geografía siempre se dijo que la costa es una zona desértica. No hay nada descabellado allí. Longhi, el autor de la casa para después de la urbe, considera que «para hacer la arquitectura de un sitio, uno debe encontrar la naturaleza y para hacer las casas, uno debe encontrar lo natural de ese sitio. La gran búsqueda es, entonces, ¿qué es natural para Lima? Y antiguamente fue un desierto irrigado por el río Rímac».

Para Longhi, la ciudad jardín murió por la especulación inmobiliaria y porque nunca se pensaron en las razones en las que se escogió Lima como capital. Y si nos remontamos años atrás, el país también necesita una terapia arquitectónica después del trauma de la colonización. «Debemos hacer el Macchu Picchu contemporáneo. Porque somos peruanos, arquitectos y contemporáneos. La mayoría hace lo que existe en otros sitios y copia. A veces no funciona. Teniendo como antecedentes un buen paquete genético en arquitectura que se ha mostrado desde las culturas preincas. Gastón Acurio hace terapia social en la cocina. Y Szyszlo lo hizo con la pintura precolombina. Esa es mi tesis».

Un pesimista es un optimista con información. Y, a veces, el arquitecto Luis Longhi se ha ganado esa definición. Además de la de polémico. Tiene raíces puneñas, vive en Lima y tiene apellido italiano. Es lector de Ribeyro y de niño supo el quechua. Hoy lleva el pelo largo atado en una cola y otro proyecto suyo, una Lima vertical con torres enormes en el 2070, ganó un importante concurso internacional de Evolo y parece sacado de una película futurista y postapocalíptica. En una oportunidad declaró que Lima, como cualquier otra gran metrópoli, es una ciudad del caos «debido a la desesperación humana por conseguir bienestar económico. Siempre ha sido así. Ahora todos están hablando de la arquitectura verde y de preocuparse por la ecología pero ya cuando la cosa está grave».

Hacer de Lima una ciudad autosostenida es su principal idea. Donde todos los que viven allí sientan que pertenecen al lugar y que la misma ciudad los acepte. Longhi habla fuerte. «Por supuesto que existe arquitectura que cholea. Hacer una caja de plástico en medio de San Isidro y decir que eso es arquitectura es cholear. Eso es como lanzar una mirada de desprecio. ¿Para que lo entienda quien? Lo que es copia de algo y que no pertenece al lugar está fuera de foco. Es una agresión.

¿Cómo imagina Lima en veinte años? El proyecto de su casa posturbana se sitúa después del urbanismo. «Es muy difícil para que suceda de pronto. Solo seremos capaces de resetear la ciudad cuando haya una guerra o un gran terremoto. Cuando hay un terremoto, los políticos entran a “reconstruir” y siguen robando. Mira lo de Arequipa, lo de Ica. No aceptamos lo que nos da el destino. Porque ante ese desastre, los cuantos que sobrevivan van a aprender a vivir de otra manera. En cinco años, la ciudad sería totalmente distinta. En esas condiciones, no existiría la especulación por lucrar o enriquecerse. Y uno adoptaría la verdadera naturaleza del limeño».

La casa pliegle de Poggione + Biondi Arquitectos
«La ciudad debe ser como un queso gruyère».

El proyecto parte de una idea casi lúdica: experimentar con papel. Origami. Que no es otra cosa que estructuras de papel dobladas. Por motivos didácticos, digamos que existen dos grandes categorías en la arquitectura. Una, que forma parte de la tradición moderna, en la que el objeto es colocado sobre un lugar, como el Partenón griego, por ejemplo. Por otro lado, existe la arquitectura como pliegues del suelo. Hablamos de una ecología del suelo, por ejemplo, Machu Picchu. El arquitecto René Poggione lo extiende incluso a toda la arquitectura precolombina, se trata entonces de «construir desde la modificación del suelo. Debemos entender el suelo como una ecología. Antropomorfizarlo. Eso es el paisaje cultural». Y de eso trata la casa plegable. Porque es posible una mixtura entre ambas corrientes. Tradición con innovación. «Tampoco se trata de hacer huacas por toda la ciudad», bromea Poggione.

Su estudio es una casona recuperada en Chorrillos, a una cuadra del malecón. A unos cuantos metros del mar y en una ciudad que vive de espaldas a él. Y René Poggione es un arquitecto que vive en Lima hace 23 años, trabaja en esa casona y se reconcilia con la ciudad cuando ve el mar. Como para todo limeño, el tráfico lo agobia. «Si Lima es vieja. Es nueva. Es móvil. Es fija. Es contradictoria. Ya sin mar sería una fábula», diría.

Y también es la ciudad del crecimiento vertical. Si algunos dicen que es la causa del afeamiento de la ciudad, Poggione es un ferviente defensor de la densificación urbana. Pero hacia arriba. Se explica. «Una ciudad más pequeña en territorio tiene más dinero por metro cuadrado. Se le asigna más presupuesto que se invierte en circulación, seguridad, limpieza e iluminación. Más chica y compacta la ciudad es más fácil de administrar. ¿Por qué se ha crecido con grandes extensiones? Porque, claro, no hubo dinero para financiar la producción de infraestructura urbana y arquitectura». Y así empezaron las invasiones. Lima se desbordó. Para él, una ciudad con densidad ideal debe tener 600 habitantes por hectárea. Lima tiene 100.

Pero no solo se trata de densificación. «Se debe incorporar el “esponjamiento”. La idea es generar manzanas que crezcan y a la vez, expropiar otras para convertirlas en parques. Crear huecos urbanos como plazas, parques, verdes y públicos, jardines. Pero es necesaria la compactación primero. Como el queso gruyère y sus agujeros». Y los espacios públicos son primordiales. Lima debe ser la única ciudad que inaugura parques para enrejarlos después. «Entonces salir a la calle se convierte en un mero tránsito. Nunca te puedes llegar a reconocer en tu ciudad ni sentirla propia».