Palabra de Alan

Por Mariano Olivera La Rosa
Alan García Nores concede su primera entrevista a un medio de comunicación. El hijo del líder aprista, abogado asociado del estudio Payet, Rey, Cauvi, Pérez, Mur, habla de su padre, de sus recuerdos como miembro de la familia presidencial y de su visión del futuro. ¿Está en sus planes incursionar en política?
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Perú, junio de 2026. Mientras el planeta aguarda el inicio del Mundial de Fútbol, Kenji Fujimori Higuchi y Alan García Nores se disputan la presidencia de la República en una reñida contienda electoral. Para algunos sería una distopía digna de la última película de Nolan; para otros, un escenario político más que probable. Pero dejemos las predicciones para las pitonisas –o para los politólogos con ínfulas de adivino–. Aún estamos en 2014. Quien por ahora tiene planes de postular a la presidencia –y claras opciones de llegar a la segunda vuelta– es la hermana de Kenji, Keiko, y Alan García Nores apenas tiene 26 años.

Yo lo conocí hace una década en circunstancias extrañas: coincidimos en el sauna de un gimnasio limeño cuando él acababa de ingresar a la PUCP. Esa vez me contó que no sabía si estudiar Historia, Filosofía o Sociología, y al margen de cualquier prejuicio político, me pareció un chico muy lúcido, con un futuro prometedor.

Diez años después constato que su ‘futuro’ fue realmente auspicioso. Alan no estudió ninguna de las tres carreras anteriores ni se quedó en la PUCP; se graduó como abogado en la Universidad de Lima, cursó una maestría en Derecho Financiero entre Singapur y Nueva York, y ahora, luego de trabajar como asociado en el prestigioso estudio Simpson Thacher & Bartlett LLP en la misma Nueva York, continúa su trayectoria profesional en Lima como asociado del despacho jurídico Payet, Rey, Cauvi, Pérez, Mur.

Gracias a una cirugía gástrica y a un cambio de look, ya no luce con sobrepeso, ruloso ni barbudo; hoy es un tipo pulcro y espigado –aunque no tan alto como Alan papá–, cuya sonrisa puede recordar a la de Chemo del Solar –o a la de Jim Carrey, según le han dicho–. Del Alan que conocí hace diez años conserva un rasgo: la lucidez, y una diplomacia a prueba de balas que bien podría haber heredado de su madre. Pero antes de que algunos lectores se irriten, piensen que soy aprista o su mejor amigo, aclaro que no es mi intención llenarlo de flores. Basta de previos.

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LA ENTREVISTA

Alan nació en Palacio de Gobierno en 1988, pero su memoria empieza en Francia, donde se mudó con su familia luego del autogolpe de Fujimori y una escala en Colombia. De aquellos primeros años en el Perú solo conserva un recuerdo: el 6 de abril de 1992, después de que los militares entraron a su casa y levantaron todos los muebles en busca de un túnel secreto por donde supuestamente había huido su padre, que en realidad estaba escondido en la casa de al lado, «mientras reponía los muebles con mi mamá, me cayó uno sobre el pie y se me salió una uña…».

¿A los cuatro años estabas acomodando muebles?
Estaba jugando con mi mamá a reponer los muebles. No era consciente de lo que pasaba, solo sabía que mi papa se había ido y que todo el mundo estaba en crisis.

¿En algún momento te pesó ser el hijo de Alan García Pérez?
Mira, no voy a decir que me ha pesado por razones externas. Creo que el peso que sientes está en tu cabeza porque, por un lado, no quieres decepcionar. Lo último que quieres es convertirte en EL PROBLEMA, en la razón por la que tu padre no fue elegido, por la que se cayó su gobierno o lo tacharon de corrupto. Siempre vives un miedo de lo que puedes y no puedes hacer; es una presión más psicológica, más personal. Pero te acostumbras a que la gente te mire y comente; a que se pueda esperar algo bueno o pésimo de ti. Nunca me han insultado por ser hijo de mi padre, ni me han rechazado en una entrevista de trabajo por ser aprista.

Eres aprista.
Claro.

¿Miembro del partido?
No estoy registrado en una cédula local del partido ni estoy en la militancia o soy candidato a nada, pero sí.

En 2007 salieron a la luz algunos detalles de tu cuenta de Hi5.
[Sonríe] Eso fue más chiste que otra cosa.

Luego la cuenta fue cancelada. ¿Tú mismo lo hiciste?
El Hi5 ya había pasado un poco de moda. Era una cuenta de acceso público y lo sacaron en…

El Útero de Marita.
Sí, y más me sorprendió que lo rebotara Perú21. ¡Rarísimo!

¿Fue una lección?
Por un lado aprendí a no tomarme fotos comprometedoras ni escandalosas, pero no fue algo que me haya golpeado en lo personal. En la universidad todos me esperaban con el Perú21 de ese día; me dio mucha risa. Y no había nada malo en lo que sacaron; eran unas fotos chistosas [en un par aparecía fumando un cigarrillo y en otra, tomando un pisco sour].

También se filtraron unos apelativos cariñosos…
Sí… ¡pero eres el único que se acuerda de eso, ah!

No me acordaba; lo he encontrado… ¿En verdad te decían Osito, Alanis?
¡No, no, no…! [Suelta una carcajada].

Lo desmientes.
¡Totalmente! [Continúan las risas]. Habrá pasado una o dos veces, pero no, no… ¡de ninguna manera! [Otra carcajada].

Al año siguiente ocurrió lo de Gandules. [La Primera difundió una denuncia sobre la supuesta visita de García Nores a Pacasmayo para ofrecer trabajo a los campesinos que apoyaran a la empresa Gandules INC SAC en relación con unas tierras ricas en minerales. Como consecuencia, García Nores interpuso una querella contra el diario por difamación agravada, y reclamó una reparación por 290 mil nuevos soles]. ¿En qué quedó ese asunto?
¿Sabes que no tengo idea? Tendría que preguntar al abogado que llevó el tema. Pero ese hecho en particular sí me molestó mucho porque me acusaban de ser traficante de tierras para una empresa que inventaron… ¡No tenía ni pies ni cabeza! ¡Nunca había pisado esos terrenos! ¡Nunca había ido a esa ciudad!

¿A ese nivel de invención? ¿Ni siquiera habías ido a Pacasmayo?
Tenía 18 años, ¿cómo iba a ir a traficar tierras al norte? Lo hicieron de pura maldad, y me pusieron en la primera plana del periódico, entonces no había otra que querellar.

Esto no estuvo al nivel de lo que pasó con tu cuenta de Hi5…
Sí, esta fue una acusación seria. Nadie quiere ser acusado de tráfico de tierras a los 18 años. Pero ningún otro diario lo rebotó, porque se dieron cuenta de que era una sonsera. La Primera todos los días se dedicaba a sacar portadas contra el gobierno, y ya sabemos de quién era ese periódico y dónde está ahora ese señor [se refiere a Martín Belaunde Lossio, ex vocero de Ollanta Humala, hoy prófugo de la justicia vinculado a la red criminal de César Álvarez]. Usaron a un familiar de 18 años para tratar de quitar 3% de popularidad al presidente.

¿Tienes intención de incursionar en política?
Sí es algo en lo que pienso bastante. Sí creo que en un futuro podría ser… [calla un segundo]. No es que uno diga: «a partir de mañana hago vida política», y ya. Por otro lado me parece que hay que tener mucho cuidado con el tema porque lo último que quieres es mandar la impresión de que somos otra familia Kirchner. Criticamos la reelección conyugal, pero queremos que padre e hijo se sucedan. No. Esa no es la idea, y no es tampoco que sienta que por ser ‘hijo de’ tengo derecho a usar el partido como se me dé la gana para llegar a ser igual que mi papá. Entraré en política si logro los méritos para hacerlo, y si le soy útil al país y al partido en un momento determinado.

¿Discrepas de tu padre? ¿Lo criticas?
Conversamos mucho, pero creo que en términos generales mantenemos la misma línea.

¿Compartes la sensación de que sin él el Apra no existiría?
La gente relaciona mucho el partido con la figura de Alan García, pero ¿cómo era antes, con Haya de la Torre? «El día que muera Haya, muere el Partido Aprista», decían. Murió Haya de la Torre y el Partido Aprista llegó a la presidencia dos veces. Sé que el Apra no va a desaparecer cuando Alan García deje de ser el candidato; se transformará, tendrá otros candidatos… es lo que siempre pasa.

Uno podría ser Alan García hijo…
[Sonríe] Se vería un poco mal.

Tienes 26 años. ¿Sientes que estás avanzando muy rápido? ¿Te detienes a pensar en eso?
Bueno sí, siempre quise acelerar un poco. En la universidad también adelanté un año en la carrera; estaba desesperado.

¿Por qué el apuro?
Porque siempre hay un paso más para dar; sabes que está ahí y quieres lograrlo. Cuando estaba en la universidad, ya pensaba en la maestría; cuando estaba en la maestría, pensaba en trabajar en un estudio en Nueva York… El año pasado regresé a Lima…

¿Cuál es el siguiente paso?
Todavía estoy buscándolo [vuelve a sonreír]. Cuando lo encuentre, te mando una actualización.