El vuelo de Casareto

Por Daniela Betancour / Fotos de Augusto Escribens
En el mundo de las startups hay dos tipos de personas: «las que solo tienen ideas, y las que las tienen y las ejecutan», dice Giancarlo Casareto, fundador de Flixtio. Él es de las segundas. Después de renunciar a su cargo en una importante transnacional, se lanzó a pilotear un sueño: crear su propia empresa de mercado en línea.

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Las cosas le estaban saliendo de maravilla: trabajaba como gerente de marca en una de las compañías tecnológicas más reconocidas del mundo y los planes de casarse con su novia estaban a la vuelta de la esquina. Sin embargo, un bichito no lo dejaba tranquilo. Desde pequeño había visto a su padre manejar sus empresas y anhelaba el momento de poder hacer lo mismo.

Conforme pasaba el tiempo, Giancarlo estaba más convencido de que la manera ideal de vender un producto no era mediante imágenes y texto, sino aprovechando las bondades de las plataformas audiovisuales. Así, junto con sus socios Teo Palacios y Walter Artica, creó Flixtio: un e-commerce en el que empresarios independientes venden productos creados por ellos mismos mediante microvideos.

¿Cómo así decides cambiar de rumbo?
Me di cuenta de que mi trabajo se estaba volviendo muy repetitivo. Pasaba de vender el modelo uno a vender el modelo dos, y así sucesivamente. Siempre era lo mismo. Yo quería crear algo de impacto, desde cero. Además hubo un cambio de dirección en la compañía y salieron muchos líderes que admiraba. Ahí me di cuenta de que si uno se siente bien, cómodo y orgulloso de trabajar donde trabaja es por la gente que lo rodea.

¿No hubo temor?
Por supuesto que sí. Es una gran incertidumbre dejar un trabajo estable para decir: «voy a lanzarme a esta aventura; dejaré de recibir un sueldo para ver qué sucede». Pero mi familia, mi esposa y mis socios me dieron una estabilidad enorme. Y ahora son los creativos que confían en mí los que me motivan a hacerlo.

Hay quienes dicen que crear una startup exitosa es cuestión de suerte…
Y hay muchos otros que dicen que es como estar en una montaña rusa… En realidad es como estar en un avión sin piloto. En una montaña rusa tienes puesto el cinturón y solo esperas a que acabe el paseo; en cambio, en un avión sin piloto puedes ir a la cabina y tratar de hacer algo para que no se caiga. Eso es exactamente lo que pasa cuando estás en una startup: entras y no hay escuela en el mundo que te diga cómo hacer las cosas.

Mucho empeño y dedicación entonces.
Sí, no ha sido fácil. Hemos pasado por mucho. Ha habido personas que se han ido por una mejor oferta, artistas que nos han dicho que no, documentos que teníamos que tramitar y que de pronto no eran diez sino once… Las metas que teníamos en un principio las aplazábamos una y otra vez.

«Me atrevería a recomendar a todo el mundo que se lance a crear una empresa y que no tenga miedo, pero que se prepare porque no es una lucha fácil. Eso sí, es bastante divertida».

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El presente

Una mañana Giancarlo visitó las oficinas de Wayra –aceleradora de startups del Grupo Telefónica– para una reunión de negocios, y el ambiente y las instalaciones, muy similares a las de Google, lo convencieron de que él, como todas las personas que trabajaban allí, también quería crear algo innovador.

Meses más tarde presentó su proyecto a la compañía y fue uno de los cuatro seleccionados para obtener financiamiento.

Te acabas de casar. ¿Ha sido difícil balancear el reto de este proyecto con tu matrimonio?
¡Para nada! Mi esposa y yo tenemos una relación muy directa y honesta. Creo que la fórmula está en que me casé con una persona que me entiende y confía en mí. Incluso ahora que manejo mis tiempos puedo apoyarla más, y también hacer cosas que antes no podía.

¿Como qué?
Para empezar puedo estar contigo tomándome un café y contándote todo esto [ríe]. Ahora puedo estar más tiempo con la familia o sacar a pasear a mi perro a las 11 a.m. si me apetece. Son esas cositas que dejas de lado por estar en un horario de 9 a.m. a 6 p.m. y que ahora haces con mucho gusto.

¿También te permite pensar en emprender otros proyectos?
Tengo muchos, pero por ahora me quiero enfocar en Flixtio. Una vez que la gente te ve metido en un proyecto como este, te empieza a llamar para hacer otras cosas. Pero déjame decirte algo: las ideas no valen nada, todos las tenemos; lo que realmente vale es ejecutarlas.

¿Qué te deja esta experiencia?
La mejor maestría que he podido tener: la de la calle. Me atrevería a recomendar a todo el mundo que se lance a crear una empresa y que no tenga miedo, pero que se prepare porque no es una lucha fácil. Eso sí, es bastante divertida. ¡Pueden ver los resultados en la página de Flixtio!