El temple de Inés

Por Lucia Solis / Foto de Phoss
Con firmeza y perseverancia, Inés Temple ha conseguido hacer de una situación complicada, una oportunidad de superación. Junto a CARE Perú, lanza el proyecto Niñas con Oportunidades, que demuestra aún más su vocación de servicio.

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Dentro de la oficina de Inés Temple, en la sede de DBM Perú, que ella preside, destacan una veintena de premios y varios diplomas otorgados por diferentes universidades como Harvard y Georgetown. Parece mentira que la mujer que de niña creía que no tendría que trabajar, sea hoy una de las empresarias peruanas más exitosas. «Mi papá era médico y se despertaba en las madrugadas para ir donde sus pacientes. Yo pensaba: uy, pobre mi papá saliendo en medio de la noche con el frío, qué rico que soy mujer y no voy a tener que trabajar», cuenta Inés Temple, acomodada en su escritorio con un impecable sastre amarillo pastel. Pero unos años más tarde quiso ser misionera y después doctora. La idea de servir a la gente la maravillaba. Pero cuando entró a la universidad, como dice ella, se ‘’distrajo’’ y buscó algo más práctico. Finalmente, estudio administración de empresas.

«El tema de vocación de servicio lo trabajo ampliamente todos los días en organizaciones como CARE», cuenta Inés, que cuando habla de su trabajo se refiere al que viene haciendo desde hace más de 20 años con Lee Hecht Harrison – DBM Perú, la empresa que logró traer al país después de un año de insistencia. Lograrlo no fue fácil. En plena época de estatización de la banca en Perú y después de estudiar y trabajar en Lima y Nueva York, se volvió a ir a Estados Unidos junto a su familia, donde se dedicó a cuidar a sus tres hijos. Después de unos años, su esposo fue despedido de la empresa donde trabajaba. «Lo hicieron de muy mala manera, sin ningún respeto, sin ninguna consideración hacia su dignidad ni su autoestima. Lo afectó mucho a él y a la familia», recuerda Inés.

Desde cero
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Regresó al Perú a empezar de nuevo. Y cierto día, sin imaginar a lo que le llevaría, encontró en una revista de la Universidad de Nueva York un programa llamado Outplacement, cuyo trabajo era motivar a que las empresas sean cuidadosas al comunicar un despido y además ayudar a sus ex empleados a recolocarse en el mercado laboral. «Yo dije: ¡wow! Si nosotros hubiésemos tenido eso, todo habría sido diferente». En ese momento cogió el teléfono, llamó a DBM, la empresa que ofrecía este servicio y dijo con firmeza: Hola, me llamo Inés Temple, soy peruana y quiero trabajar con ustedes. «Me tomó un año que supieran donde está el Perú», bromea. Pero insistió y perseveró hasta que logró llegar a un acuerdo.

Era una locura. ¿Quién pagaría por ayudar a las empresas a recolocar a sus despedidos? «Si ya los han despedido, ¿por qué se tendrían que ocupar de ellos? Pero apostamos por eso y comenzamos. Al principio la gente me miraba con cara de…» dice Inés y entorna los ojos. Hoy en día Lee Hecht Harrison – DBM Perú es la empresa de movilidad más grande en el mundo de habla hispana y han ayudado a recolocarse a más de cuarenta mil personas entre empleados, operarios y ejecutivos en puestos iguales o mejores de los que tenían.

Poder femenino
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«Yo creo que las mujeres tenemos una ventaja competitiva, confían en nosotros. Saben que nosotras somos profesionales. Las empresas serias comprenden el valor de la diversidad. El reto es en los sectores de menor educación» dice cuando habla de CARE Perú.

Es por ello que, como presidenta del directorio de esta organización que lleva más de cincuenta años en el Perú, desarrolla el proyecto Niñas con Oportunidades. «No es una campaña, una campaña es de un día y termina, esto es un proyecto de largo aliento que debe continuar por mucho tiempo».

Según cifras del Ministerio de Educación, en el Perú, solo el 43% de las chicas de entre 13 y 18 años de zonas rurales terminan la secundaria. Ante esta situación, Niñas con Oportunidades busca que dentro de diez años, cincuenta mil niñas en situación de pobreza culminen sus estudios secundarios y mejoren sus oportunidades en un futuro. «Queremos romper el ciclo de pobreza» explica Inés. «Está comprobado que educar a una niña es un foco de desarrollo trascendental para ella, su familia y la comunidad donde vive. Una niña educada ganará en promedio 20% más cuando sea grande por cada año de educación que haya recibido», agrega. El método es complementar a niñas empoderadas con profesores capacitados, padres comprometidos y la colaboración de empresas y voluntarios.

El proyecto viene desarrollando planes piloto en Chincha y Puno. «La idea es expandirnos en más ciudades», dice Inés, a quien la vocación de servicio la hace, como ella dice, poder irse a dormir tranquila todas las noches con la certeza de que está haciendo algo por alguien. Es una mujer altamente exitosa y ocupada pero con el tiempo para ver oportunidades a partir de una problemática, como sucede con este proyecto. Ocupada pero con tiempo para ayudar. Por momentos se detiene para hacer coordinaciones por teléfono. «Dejo mi computadora un rato y cuando vuelvo ya tengo 65 mails», dice con una sonrisa. Y nos vamos. Tiene que seguir trabajando.