Ella viaja para encontrarse

Por Rebeca Vaisman / Fotos de Santiago Barco
Lorena Larriviere va por la vida como por la pasarela: enfocada en lo que tiene delante y lista para cambiar el rumbo en cualquier momento. Sus largas piernas han caminado, literalmente, kilómetros: ha vivido y trabajado en Miami, Nueva York, Milán y Santiago. Y ahora deja Lima una vez más rumbo a Hamburgo. ¿Qué lleva una modelo peruana en la maleta?
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Ha llegado temprano al café. Quiere aprovechar para almorzar porque después no tendrá tiempo para hacerlo. Lorena Larriviere está a cuatro días de irse del Perú de nuevo. No es la primera vez que la modelo de veintidós años hace maletas y se prepara para un viaje largo. Pero el proceso siempre es complicado. Lorena cuenta que lo más difícil es despedirse de la familia; sin importar cuántas veces lo haya hecho ya. Es lo que más le pesa. Por lo demás viajará ligera: ha vendido casi todas sus cosas, entre electrodomésticos, muebles y ropa, sin pena. Quizás porque está acostumbrada a empezar en una ciudad y acumular nuevos objetos, vivencias, recuerdos. O quizás porque desde muy chica aprendió que la verdadera independencia implica no ser esclavo de ninguna comodidad. Lorena Larriviere, que siempre se ha sentido inquieta, que siempre ha parecido dispuesta a arriesgar, está lista para una aventura más.

De Lima a Hamburgo

Primero hará una parada de dos meses en Milán, donde su agencia ya le ha preparado algunos trabajos. Lorena extrañaba la ciudad italiana: fue el primer lugar al que llegó, sola, en el 2010, cuando decidió que si quería ser una buena modelo, necesitaría espacio para ensayar. Mucho más espacio del que Lima, en ese momento, podía ofrecerle. «Cuando empecé a modelar profesionalmente hace cuatro años, no había nada; ningún contacto que te ayudara a salir», cuenta Lorena. «Ahora modelos como Valeria de Santis y Anahí Gonzales-Daly han regresado al Perú, y están moviendo a nuevas chicas, y eso es superbueno. Pero yo tuve que hacerlo sola». Lorena ahorró hasta que pudo comprarse un pasaje a Milán, y llegó para aprender italiano en las calles y tocar la puerta de todas las agencias que pudo. Firmó con Elite Models. Hoy regresa a la ciudad del diseño contratada por la agencia Seven Models; luego seguirá hacia Hamburgo, en Alemania, donde la esperan más bookings, y donde Max Higueras, su enamorado, la encontrará.

Cuando ganó el Elite Model Perú 2008, había accedido a participar en el concurso porque vio en el modelaje la oportunidad de conseguir algo que quería: estudiar Arquitectura. Sin embargo, para el 2010 sus planes habían cambiado. En un chispazo de precoz sabiduría, Lorena entendió que toda pasarela se replantea en el camino. Aquella primera oportunidad en Milán, la modelo peruana estuvo en presentaciones de Roberto Cavalli, Versace y Louis Vuitton, y desfiló en shows de Elie Saab y Benetton. Además estuvo en la Semana de la Moda de Milán.

Pero también pasó por periodos en los que no conseguía trabajo. La experiencia le enseñó que si gastaba el dinero de un mes en unos zapatos fabulosos, al siguiente mes podría no alcanzarle para el ticket del metro. Aprendió a alargar sus sueldos. Hoy Lorena se considera una chica ahorradora, que no necesita acumular ropa, y que disfruta de desplazarse en transporte público.

Y aprendió muchas otras lenguas: habla inglés, italiano, portugués –porque vivía con modelos brasileños en Santiago–, y croata básico porque tuvo un enamorado croata. De alemán no sabe nada. Pero está segura de que aprenderá rápido: «Siempre ha sido buena con los idiomas, aunque nunca haya estudiado ninguno», afirma, todavía en castellano.

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Equilibrio emocional

Frente a ella tiene el omelette de espinacas acompañado de wraps crudos de linaza que pidió hace un momento. Sus últimos días en Lima carecen de tiempo, y no quiere saltarse una comida.

«Llevo una vida muy equilibrada. Voy al gimnasio, me cuido en la alimentación, y soy muy puntual con mis castings y trabajos», asegura Lorena. «Siento que para algunas chicas en el Perú el modelaje es un juego. También sucede que me citan a una hora para una producción, y las fotos se hacen dos horas después. Existe todo un desbalance», opina la modelo sobre el medio peruano.

No se arrepiente de no haber seguido Arquitectura. Gracias al modelaje se ha mantenido sola desde los dieciocho años; ha viajado, y ha asumido responsabilidades. Además ha tenido el tiempo y las experiencias necesarios para entender lo que realmente le interesa hacer: «He decidido estudiar Nutrición orientada a la alimentación orgánica y cruda», explica, con evidente entusiasmo. Después de años de ver cómo amigas y compañeras sucumbían ante la obsesión por la delgadez que tanto se critica a la industria de la moda, y de una reveladora conversación con su amiga, la nutricionista holística Fernanda de la Puente, Lorena decidió que debía preocuparse más por lo que sucedía en el interior de su cuerpo. «Le conté lo importante que es integrar la buena nutrición a la vida de una forma más real, honesta y sana», recuerda Fernanda, quien asesora a modelos en Nueva York. «Le expliqué que lo mejor es encontrar el propio balance, distinto en cada persona. Hoy la veo superfeliz y plena. Contenta y satisfecha con ella misma y con su trabajo», dice la nutricionista. «Mi interés empezó por un tema estético, pero he ido leyendo al respecto y experimentando con los alimentos; me he dado cuenta de que todo viene de adentro», afirma Lorena. También la belleza, aunque suene a cliché.

«Además de su sonrisa pícara creo que fue su sencillez la que me atrajo», dice Max Higueras, el chico con el que ha vivido los últimos meses en Lima, y con quien empieza la aventura alemana. «Lore es supersimple, superella, y no necesita de cosas inalcanzables o sueños de grandeza para estar contenta», dice el enamorado.

Cuerpo, mente y espíritu

Últimamente Lorena está dispuesta a emprender otro viaje: uno interno. Ella es la menor de cuatro hermanos, y nació trece años después que el último de ellos. Desde pequeña aprendió a ser independiente y tomar decisiones. «Fui más madura porque todos a mi alrededor eran grandes», reflexiona Lorena. Pero contó también con las enseñanzas religiosas de su hogar muy católico para sentir seguridad. Entonces cuando tenía trece, sus padres se separaron. Y empezaron sus dudas. Los últimos años para Lorena Larriviere han sido intensos: ha vivido lejos, ha pasado muchas noches sola, ha conocido la sensación de triunfo sobre una pasarela y también la derrota cuando era una en cien modelos haciendo cola para un casting. «Ahora que he crecido he vuelto a acercarme a Dios. Me doy cuenta de que la fe es necesaria», admite Lorena. En su cuello cuelga un dije de San Benito, que la madre de Max le regaló. «Necesitas fe para lidiar con lo que pasa alrededor: fe también es creer en ti mismo, y creer en otro», finaliza la modelo, que debe seguir con su día si quiere estar lista para el viaje.

Después de todo, tomar un nuevo camino es también un acto de fe.