El pintor que retrata lo que no vemos

Pablo Patrucco ha pintado y dibujado bañistas en la playa, un puesto de películas piratas, monumentos de héroes, un menú de chifa. Ha expuesto su trabajo en Argentina, Alemania, Emiratos Árabes Unidos y otros países. El año pasado fue considerado uno los artistas peruanos jóvenes más destacados de la primera década del siglo XXI. Su pasión es hacer arte de aquellas cosas que pasan desapercibidas.
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Pero mira la mano que tiene!». La exclamación corresponde a una señora que ha llegado al taller de Pablo Patrucco justo cuando le están tomando unas fotografías. La señora, tía de Patrucco que está acompañada por dos personas más en este momento, queda maravillada al observar uno de los tantos cuadros que hay en el espacio de trabajo del artista. «Buena mano. Parece una foto, qué bárbaro», responde uno de los acompañantes. Patrucco sonríe y agradece con amabilidad los cumplidos. El año pasado, Patrucco, de 38 años, fue incluido en el catálogo PRIMERA DÉCADA. ARTES VISUALES DEL SIGLO XXI EN LIMA, editado por el Instituto Cultural Peruano Norteamericano [Icpna]. En la publicación también se encuentran artistas como Christian Bendayán, Jorge Cabieses y Edi Hirose. Pero antes de proseguir con el presente de Patrucco, es apropiado trazar una ruta desde su pasado.

Para empezar, es egresado de la escuela de arte Corriente Alterna. Antes de dedicarse de lleno a la pintura, trabajó año y medio como director fotográfico en un proyecto de enciclopedia sobre el Perú. Dieciocho tomos. Años atrás, había estudiado con Alicia Benavides, una fotógrafa de gran experiencia que ha retratado a figuras como Blanca Varela, Julio Ramón Ribeyro o Mario Vargas Llosa, así que tomar ese trabajo no le pareció extraño ni ajeno. Además, dice que en ese momento, el año 2000, la coyuntura laboral era más favorable para la fotografía que para la pintura. Lo cierto es que durante ese tiempo sintió que debía volver a su especialidad y lo hizo, después de renunciar a su trabajo a fines del 2001. «No podía vivir sin la pintura». No ha parado desde entonces.

En el 2002 ganó el primer premio del VII Salón de Dibujo del ICPNA. Al año siguiente, fue finalista en dos concursos: en Arte Joven de la Municipalidad de Miraflores y en Pasaporte para un Artista de la Embajada de Francia en Perú. Su primera muestra fue ÍCONOS [2004]. Se realizó en la galería Punctum, dirigida por el crítico y curador Jorge Villacorta. «Me sorprendió que en la primera conversación que tuvimos, él supiera mi trayectoria y la de mis contemporáneos. Sabía qué premios había ganado, todo», recuerda Patrucco. Iconos era un trabajo que fue rotulado como hiperrealista, una corriente surgida en los años sesenta que tenía como propósito crear arte a modo de registro crudo –too much para algunos– de la realidad. Patrucco, que había pintado el interior de un microbús cualquiera o una casa hecha con esteras, no se consideraba hiperrealista.

Seis meses después, expuso ESPACIOS COMUNES [2005] en la galería Lucía de la Puente. «Lucía me había ofrecido tener una muestra en el segundo piso. Pero después me dice que ya no porque tenía algo mejor: ser el primer artista menor de treinte años en exponer en la sala grande». Un nuevo espaldarazo para afianzar su carrera. En 2007, presentó LITORAL en dos galerías de Bolivia. En 2009, vuelve a Lima con BARROCO FRÍO, una muestra montada en la galería Enlace Arte Contemporáneo que tenía como protagonistas imágenes callejeras, elementos que están en la ciudad y que suelen pasar desapercibidos, a pesar de su carácter kitsch. Un colorido y kitsch menú de chifa. Un exuberante panel compuesto por películas piratas. Una repisa de una tienda de zapatos. Una página de anuncios de kinesiólogas con terror al vacío. Un nutrido grupo de vírgenes y santos de yeso. Una vitrina con numerosos anteojos. «Patrucco opone al calentamiento global de las imágenes el barroco frío de su contemplación autocontemplada», escribió el crítico Gustavo Buntinx, curador de la muestra.

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Su última exposición individual fue MATERIA OSCURA [2012], una colección de retratos hechos a lápiz de personajes “anónimos” aislados de su contexto original. ¿Qué ha pretendido Patrucco con sus trabajos a lo largo del tiempo? Por lo general, las obras de todo artista hablan por sí mismas. Obviamente, sobre todo en un corpus de trabajo como el de Patrucco. En tal sentido, el observador puede detectar un patrón común en ese discurso: el interés por lo cotidiano. A diferencia de otros artistas, Patrucco no parece expulsar demonios antropomorfos, formas abstractas ni experiencias oníricas. Su proceso consiste en fotografiar lo que ve y trasladar el material posteriormente a pintura o dibujo. ¿Se siente cómodo hablando sobre sus creaciones? «Me ha costado bastante. Siempre tengo que desarrollar todo un discurso para poder hablar después. El curador también ayuda. De hecho, es vital la mirada de alguien que fortalezca tu discurso. Uno está metido en el taller, pensando en imágenes, en pinturas, pero el curador pone en claro detalles conceptuales que se le escapan al artista».

«Pablo, te llamaron del Ministerio de Defensa», dice una voz que proviene de afuera. ¿Ministerio de Defensa? Patrucco explica que es una sorpresa «bien grande». En estos meses prepara su próxima muestra, que se inaugurará en marzo y que girará en función a la figura de los héroes. Le impresiona el hecho que, en las grandes ciudades, la presencia del héroe sea una constante, un pilar sobre el que se construyen ideales de identidad y de patria. Prueba de ello es la pintura que hizo basada en un monumento del General Sherman, héroe estadounidense de la Guerra Civil. ¿Qué tiene que ver la sorpresa con todo esto? «En los sótanos del Ministerio de Defensa, se ha encontrado un registro fílmico de la guerra con Ecuador en 1941, el único existente. Lo voy a usar. En la exposición habrá una sala de proyección y se mostrará la película». Habrá que verla.