El eterno regreso de los tacvbos

Escribe: Carmen Graciela Díaz
Hay bandas que, como esos one hit wonders, causan furor un tiempo y luego desaparecen. Café Tacvba, esa banda mexicana que hizo de la fusión una marca registrada, pronto cumplirá veinticinco años y –poco antes de un concierto en San Juan de Puerto Rico– se dio un tiempo para reflexionar sobre su esencia como grupo. La clave –dicen ellos– está en la capacidad que tienen para repelerse y atraerse cada cierto tiempo gracias a la música.
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Café Tacvba prueba sus sonidos y retumba el escenario del Coliseo de Puerto Rico, en San Juan. No hay nadie aquí, salvo filas de asientos azules, ingenieros de sonido en la consola y stagehands que se desplazan entre cables y monitores. Verlos así, en esa intimidad, debe ser uno de los mejores ejercicios para conocer a una banda. Dentro de poco cientos de fans colmarán el recinto. Y por ahora la mayor urgencia de este cuarteto, que en mayo próximo cumplirá veinticinco años, está en que todo suene perfecto.

Rubén Albarrán, el vocalista, no está por aquí y nadie sabe por dónde anda. Es el mismo que en el escenario ha acogido diversos nombres que ha compaginado a su identidad, como Pinche Juan, Cosme, Anónimo o Masiosare, para «desahogarse de Rubén y tomar aires nuevos». Hace poco se llamó K’Kame, un nombre de origen huichol, uno de los grupos indígenas de México, que significa «el que avanza paso a paso».

El teclado suena primero y reverbera. Pájaros será la primera canción del concierto, y es uno de los temas del álbum más reciente de la banda, EL OBJETO ANTES LLAMADO DISCO. Los hermanos Enrique y Joselo Rangel están concentrados en el bajo y la guitarra, respectivamente, mientras que Emmanuel Meme del Real, el cuarto elemento del grupo al mando de los teclados, hace una pausa y se anima a reflexionar sobre esta banda que nació en Ciudad Satélite, un suburbio del D.F. donde los cuatro aprendieron a convivir y a entenderse a través de la música, a pesar de ser muy diferentes entre sí.

Ningún entendido del rock podría definir a Café Tacvba en dos palabras. Menos el Meme: «¿A qué suena o cuál es el propósito de nuestro último disco?… realmente no lo hay», dice el compositor de Eres, esa canción que en el 2004 ganó el Grammy Latino a Mejor Canción de Rock. De hecho, Los Tacvbos son una mezcla de casi todo, y al inicio se declararon «no rockers», sino autores de «música mexicana contemporánea». «Su música tiene tantos componentes como el mole, el plato prehispánico que tiene treinta ingredientes. O incluso más», escribió sobre ellos en El País la periodista Verónica Calderón.

En SEGUIR SIENDO, un documental que la banda estrenó en el 2010, una chica japonesa le pregunta a Rubén en un aeropuerto qué estilo de música tocan. «Mexicana, rock,bossa nova, jazz, electrónica…», dijo muy suelto de huesos. «A mí me resulta admirable cómo mezclan sonidos nativos con sonidos foráneos. Siempre mezclan mucha geografía musical», dijo sobre Café Tacvba el argentino Gustavo Cerati.

El catálogo musical de la banda mexicana es como una paleta de colores que refleja ese acervo musical que, en el fondo, caracteriza a Latinoamérica. EL OBJETO ANTES LLAMADO DISCO –nominado a Mejor Álbum de Música Alternativa al Latin Grammy y que recibió Disco de Oro por sus ventas– tiene sencillos como Olita del altamar, una canción de influencia andina y cuyo video se rodó con una banda de sicuris -músicos que tocan sampoña- en la Reserva Nacional de Paracas.

Si ‘evolucionar’ es un verbo que caracteriza a los grupos que perduran, en Café Tacvba es una suerte de credo. «Cuando La Cafeta tocaba Ingrata era naca y divertida, pero ahora no», escribió un tal Adrián Oliveros en el video de esa canción en YouTube. ¿Hacia dónde va un grupo que tiene tanto de rancheras como de garage rock?

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Café Tacvba es, ante todo, un grupo de cuatro almas diferentes que, tras las celebraciones por sus veinte años, decidieron darse un tiempo. Cada uno tomó rumbos distintos, bandas independientes: La Banderville, Torreblanca, Candy, Renoh; hasta que esa fuerza que los repelió los volvió a atraer, repitiendo esa intermitencia que ha caracterizado a esta banda. Con un repertorio de siete discos de estudio, sin contar trabajos en vivo ni recopilatorios, premios ni giras por España, Centroamérica y Sudamérica, y Estados Unidos, en el 2012 se volvieron a juntar para crear –junto al productor argentino Gustavo Santaolalla, ganador de dos premios Óscar–, EL OBJETO ANTES LLAMADO DISCO, que grabaron en ambientes donde los acompañaban amigos y familiares. «Lo que escuchas es la radiografía de lo que somos en este momento», dice Meme, el tecladista, vestido con un jacket de mahón y camisa de flores multicolores. «No sé realmente a qué suena. Sólo sé si me gusta o no. Cuando algo no gusta o a alguien le disgusta, se desecha. Pero cuando hay una excitación general o una aprobación de todos, sabemos que vamos por buen camino».

Meme dice que los contrastes que tienen enriquecen la propuesta de Café Tacvba, y que es en la creación donde convergen. «Crecimos en el mismo barrio, nos educamos con un contexto que tarde o temprano se manifiesta en alguna referencia musical». Para él, cuando intentan hacer algo que no suena a ellos, acaban volviendo al pasado. No parecerse a lo que fueron asegura su vigencia, todo lo que serán. Juan de Dios Balbi, el manager del grupo y que ha estado con ellos desde 1992, dice que cada vez que se encuentran sigue la magia.

«Llega un momento en el que ya no sé qué estamos proponiendo, porque empezamos de broma y lo hacemos», dijo Joselo, el guitarrista, a Rolling Stone México. Y pensar que todo comenzó el 27 de mayo de 1989, cuando Café Tacvba tocó su primer concierto con boletos pagados, aunque la mayoría fueron amigos y familiares que los acompañaron en el Hijo del Cuervo de la Ciudad de México, donde hicieron dos presentaciones el mismo día, con cables prestados de amigos músicos.

A mediados de noviembre, se estrenó EL OBJETO ANTES LLAMADO DISCO: LA PELÍCULA en el Baja International Film Festival en Los Cabos, México. Una película que explora el proceso de grabación de su más reciente disco. «Pensar que podemos hacer canciones y exponerlas se convierte en una adicción. Esperar que una persona escuche una canción, después otra y que luego las canten en masa, ahí es donde se paga todo», sonríe Meme, poco antes de la prueba de sonido. Quizá sea ese el pegamento que los mantiene unidos, dice. Lo que necesitan para tocar esta noche y todas las que quedan.