El esquiador que no sabe detenerse

Roberto Carcelén

Por Raúl Lescano / Fotos de AFP
En su última competencia oficial en Sochi 2014, el esquiador Roberto Carcelén quiso dar un mensaje de coraje al participar con dos costillas rotas y un músculo desgarrado. Para un hombre callado que conoció a su esposa y primera entrenadora de esquí por Internet, las palabras nunca fueron su principal herramienta en la vida. Pero ahora, convertido en un símbolo del optimismo nacional, ha hecho de su relato heroico su principal trabajo.
roberto1

Con la primera y sexta costillas del lado derecho rotas, el músculo desgarrado y una gripe de último momento, Roberto Carcelén terminó la carrera más dolorosa de su vida. Cuando decidió competir a pesar de las lesiones en las Olimpiadas de Invierno de Sochi, supo que sería un mensaje claro de aliento y coraje para todos. La foto del esquiador peruano una vez que cruzó la meta, entre la satisfacción y el dolor, se convirtió en una imagen olímpica y de orgullo nacional. Para él, esta no solo era la carrera que anunciaba su retiro oficial del esquí profesional. También era el principio de un nuevo reto: siendo un hombre de pocas palabras debía llevar esa lección a la mayor cantidad de gente posible.

Después de dos años de insistencia, Roberto Carcelén se tuvo que poner los esquís para saber de qué le hablaba su esposa. Una vez que lo hizo y sintió por qué recorrer quince kilómetros de terreno ondulado era una de las competencias de nieve que requiere mayor fortaleza, supo que había encontrado un nuevo hobby. El primer deportista peruano en participar de unas olimpiadas de invierno y el esquiador que se ha convertido en el símbolo del optimismo nacional era, hasta hace ocho años, un consultor de marketing con un pasatiempo potencialmente olímpico. Mientras el Perú aún celebraba el título mundial de Kina Malpartida y la nominación de La Teta Asustada a los Oscar, Roberto Carcelén empezó a entender sus capacidades físicas como una responsabilidad nacional.

La hazaña en los juegos de invierno de Sochi 2014 no era la culminación de una vida dedicada al esquí de fondo, era el final de un periodo de solo ocho años que comenzó una tarde de invierno en Seattle cuando Kate, su esposa, comprendió que no serviría de nada seguir explicándole a Carcelén que el esquí de fondo tenía la misma dinámica que le satisfacía de niño: recorrer largas distancias en el menor tiempo posible. Mientras sus dos hermanos menores dormían y soñaban, Roberto Carcelén, de nueve años, se levantaba a las seis de la mañana y salía a correr alrededor del El Golf de San Isidro. Ahí, día tras día, se trazaba mayores distancias y velocidades qué superar.

– ¿Por qué lo hacías?
– Una vez que terminaba sentía que había hecho algo bueno.
–¿Como en lo sucedido en Sochi?
– Sí.

Sochi 2014 - Cross Country Skiing

Roberto Carcelén es un hombre de pocas palabras. Después de pensar unos segundos que parecen la antesala de un largo discurso, el atleta solo responde lo necesario.

Cuando conoció a su esposa esa falta de elocuencia no fue un impedimento. Se conocieron por Internet y mantuvieron una relación virtual a través de un portal donde deportistas de todo el mundo buscan a otros. En Internet las palabras de Roberto fluyen. De hecho, desde diciembre de 2011, Carcelén mantiene un blog donde cuenta detalladamente cómo son los lugares a los que va a esquiar, qué entrenamientos realiza, qué come y a quiénes conoce. Ahí Roberto Carcelén pareciera un hombre locuaz, alguien pendiente de la primera pregunta para contar que sí, yo he corrido en montañas de Austria, Suiza, Italia. Pero no lo es. El peruano dice no ser tímido, sino diplomático. En las casi diez entrevistas que dio solo el día de su llegada, tuvo que repetir una y otra vez que sí, que las costillas fracturadas le dolían, que la carrera fue muy difícil, que solo pensaba en la gente que podía sacar una lección de su participación, que ahora se dedicaría a entrenar a futuras generaciones. Por más que fuera la quinta vez en menos de media hora que le preguntaban lo mismo, Carcelén respondía como si fuera una pregunta nueva.

Una vez que este esquiador experimenta nuevas aventuras siente la necesidad de sacarles el mayor provecho. Ya en su luna de miel, se dedicó a correr los caminos incas junto a su esposa. A partir de las rutas que descubrió en Los Andes, Carcelén decidió crear Inka Runners, una empresa dedicada a organizar una mezcla entre tours y maratones en Cusco. Al esquí le sacó provecho llevando al país dos veces consecutivas a las olimpiadas.

Roberto Carcelén está convencido que no siempre se necesitaban palabras para dar mensajes y compartir experiencias. Lo suyo es ahorrarse las palabras y hacer lo que mejor sabe hacer: correr, esquiar. Antes de la competencia en Sochi recibía hasta cien mensajes de aliento diarios, después pasó a tener su correo electrónico siempre copado. Ahora Roberto Carcelén ha regresado al Perú, esta vez, con la fuerza de su relato, de sus palabras. Su meta por ahora ya no se trata de recorrer en el menor tiempo la mayor distancia. Por estos días, dice, tiene otra línea de meta: ayudar a que otros como él terminen su propia carrera.