El color del dinero puede ser más verde

Por Rebeca Vaisman
La última Cade Ejecutivos demostró que los empresarios peruanos están siguiendo la tendencia mundial: ser responsables con el medio ambiente genera mayores ventas. Peru Carbon Fund presenta un estándar local de certificación para compensar la huella de carbono y, de paso, colaborar reforestando la selva. La ecología puede ser un negocio rentable.
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¿Cuánto pueden contaminar mil empresarios peruanos durante tres días? La edición 2013 de Cade Ejecutivos, que contó con más de mil participantes reunidos en Paracas para la cita, se convirtió en el primer evento del carbono neutral en el Perú. ¿Qué significa esto? Primero, que se determinó el nivel de contaminación que implicaron los días de reunión; es decir, la huella de carbono: fueron cien toneladas de CO2, provenientes de buses que movilizaban a la gente, de los autos de aquellos que fueron por su cuenta, y de la energía de cuatro grupos electrógenos que dieron luz y electricidad a las instalaciones.

¿Es posible compensar cien toneladas de dióxido de carbono? En este caso sí: con cinco hectáreas de árboles nativos reforestados en la selva central peruana, que equivalen a cien certificados comprados a Peru Carbon Fund, la primera certificadora de carbono neutral peruana.

La COP 2014 se llevará a cabo el próximo diciembre en el Perú. Se trata de la conferencia más importante a nivel mundial sobre cambio climático: se esperan 20 mil visitantes de más de 190 países para discutir temas ambientales

Devolver a la naturaleza

Hace once años, el mercado voluntario de carbono neutral era incipiente en el mundo. Y en el Perú no existía. Ese 2002 un grupo de jóvenes emprendedores decidió apostar por la Amazonía peruana. Se internaron en la selva e iniciaron un proyecto de reforestación de árboles nativos, con miras a la posibilidad de que, un día, en un Perú consciente del medio ambiente, el carbono limpio emitido por los árboles se convierta en un producto con valor.

Hace dos años, el momento pareció haber llegado, y nació Peru Carbon Fund. Este se propone que las empresas compren carbono neutral proveniente de árboles, para compensar el CO2 que emiten a través de la energía que usan para funcionar. «La energía del Perú es bastante limpia», señala Alessandro Riva, director ejecutivo de PCF. «La luz, que viene de la Red Nacional, proviene de hidroeléctricas en 50%, y eso es energía limpia. El resto proviene del gas, y en menor medida del carbón». La contaminación que genera una empresa se mide a través de su matriz energética: su uso de luz y su quema de combustible. Según Riva, con esos datos puede establecerse la contaminación de la empresa al 95%.

PCF hace esa medición. Luego ofrece la oportunidad de compensar al medio ambiente a través de sus certificados de carbono neutral. PCF trabaja con distintos reforestadores en la selva, financia sus cultivos sostenibles, y actualmente tiene 100 mil toneladas de carbono limpio por vender para el 2014, distribuidas en más de tres mil hectáreas de árboles. Cada certificado equivale a una tonelada de dióxido de carbono compensada, y cuesta veinte dólares.

PCF ha creado un estándar forestal propio que Riva describe como «simple y lógico». «Está diseñado para que un agricultor la siga fácilmente, y para que se pueda medir fácilmente también la huella de carbono de una empresa», continúa el director. «No queremos que el agricultor de la selva cambie su dinámica; solo queremos que cambie de cultivo». «Los reforestadores del Perú son pioneros», opina Riva.

La inversión es grande: reforestar una hectárea cuesta alrededor de 15 mil soles, y los resultados se ven en cuatro o cinco años. Además se tiene que reforestar un mínimo de diez hectáreas, ya que es un negocio de volúmenes. Sin embargo, el potencial es igual de grande que la apuesta: «Queremos convencer a más agricultores para que reforesten, y demostrar que en el Perú hay gente interesada en comprar carbono neutral. Nos proponemos sembrar 25 mil hectáreas de árboles nativos en los próximos diez años».

Verde vida

Alessandro Riva es diseñador gráfico de profesión, y un interesado en marketing y publicidad. Pero reconoce que su experiencia de once años reforestando le ha dado conocimientos muy valiosos que hoy pone en práctica. Después de todo, si quiere vender el carbono producido por un árbol, tiene que entender cómo crece este. «La idea de la reforestación es producir madera sostenible que pueda venderse en el mercado», explica. ¿Y dónde radica la competitividad de los madereros peruanos?

Para Riva la respuesta es clara: en las especies nativas. «En el país hay mucha siembra de pino, un árbol que no es nativo. En el mercado competimos con Chile, en que el 5% de su PBI proviene de la venta de pino. Es imposible competir con eso. Tienes que salir al mercado con especies nativas, no exóticas. La Amazonía peruana produce árboles como Guazuma crinita, Bixa y Colubrina glandulosa, que son menos aceitosos, crecen más rápido y no tienen ojos en su madera. Pero hasta hace poco, nadie había experimentado con estas especies, explica Riva.

De acuerdo con su planteamiento, PCF abarca una serie de problemas y trata de resolverlos a la vez. Por un lado, está la compensación de dióxido de carbono que incide en el nivel de contaminación del país. Por otro, la reforestación de especies nativas maderables, lo que genera trabajo. Esto apunta a desarrollar una industria maderera peruana con buen valor en el mercado internacional. Y, finalmente, se ataca el preocupante tema de la deforestación de la Amazonía a causa del cultivo de hoja de coca y la minería ilegal. Según un estudio publicado hace dos meses por la revista oficial de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, la tasa anual de deforestación en la región Madre de Dios se ha triplicado desde el 2008 como consecuencia, principalmente, de la extensión de la minería ilegal del oro.

peru carbon

Desarrollo nacional

Según una investigación realizada por la consultora de marca Interbrand, 43% de 300 directores ejecutivos en el mundo considera que se incluyen factores relacionados al cambio climático en la valorización de sus empresas. Y una encuesta global hecha por la consultora Endelman & Associates señala que el 85% de los consumidores mundiales prefiere marcas socialmente responsables.

Estas prometedoras cifras han generado, también, una serie de malos usos denominados greenwashing: una actividad que utiliza la imagen ‘verde’ con fines exclusivamente marketeros, sin cumplir cabalmente con sus promesas éticas. En el último reporte de LOS PECADOS DEL GREENWASHING [2010], desarrollado por la organización Terra Choice, más del 95% de productos norteamericanos que se presentan como ecológicos incumple con alguna de sus afirmaciones o las utiliza ambiguamente.

PCF quiere convertirse en un logo que garantiza la compensación de la huella de carbono de sus clientes. Por lo pronto, la ONG estadounidense Forest Trends, cuya labor está orientada a la sostenibilidad de los bosques, ha mencionado en su informe 2013 a PCF como uno de los estándares de certificación que vale la pena tener en cuenta a nivel mundial.

«Nosotros vamos a vender a las empresas la idea de que ser carbono neutral es bueno comercial y publicitariamente. Y lo es», asegura Riva, con entusiasmo visible. «Me encantaría que en un futuro las empresas lo hagan por filantropía: pero hoy no puedes pedir a compañías que recién están haciendo utilidades, después de quince años, que de pronto donen dinero para reforestar el país. Sin embargo, este es un tema que tiene una respuesta comercial positiva», afirma. Y agrega algo más, antes de marcharse a la última reunión de directorio de PCF del año: «Las marcas ya no son de las empresas, sino de los consumidores. Y la gente quiere productos que no contaminen».