Dos hermanos juegan sobre las olas

Por Rosa Chávez
Aprendieron a surfear a los tres años y tienen las cicatrices para comprobarlo. Hoy Raúl y Juan Diego Ríos corren tabla como si hubiesen nacido sobre ellas. Estos niños hermanos han encontrado en el mar no solo su espacio de triunfo, sino también el lugar perfecto para jugar.
IMG_4452-retREDIM

Es domingo al mediodía y los hermanos Raúl y Juan Diego Ríos tienen los rostros cubiertos de bloqueador solar. Sus cabelleras y sus pieles tostadas revelan largas horas al sol. Los tablistas de once y ocho años han llegado hasta la playa La Pampilla, en la Costa Verde de Lima, para competir en la Segunda Fecha del Circuito Nacional de Tabla Junior. En el cuello lucen unas llagas delgadas, largas y planas que podrían pasar como un descuido en el aseo para el ojo común, aunque los experimentados del mar no se confunden. Los hermanos Ríos se han herido la piel por no aplicarse vaselina antes de vestir sus wetsuits. Regla de oro para un surfer. Pero Juan Diego no soporta tanta suavidad sobre su cuerpo y Raúl es despistado. Además ambos dicen olvidar cualquier molestia una vez que entran al mar. Allí no se quejan de las heridas que tienen: pellejitos colgantes en los talones, raspones en los empeines, rasguños en las pantorrillas. Los cuerpos pequeños y jóvenes de los Ríos están marcados por una actividad extrema. Reflejan experiencia, constancia y trajín. Pero los niños están muy ocupados deseando comer galletas de chocolate antes de ir al mar como para percatarse de ello.

Para ser un día tan importante, los Ríos lucen bastante relajados. Bromean, por momentos preguntan a qué hora les toca entrar al mar, piden comer golosinas. Parecen estar en el lugar no para competir, sino para divertirse, lo cual hacen, y bastante. Antes de que lleguen sus turnos aprovechan para jugar con sus amigos en la playa. Raúl ha olvidado que hoy amaneció con 39 grados de temperatura y que lo único que lo protege es el par de cucharadas de Doloral que su madre le dio en la mañana. Lo ha olvidado porque ahora está sobre una morey compartiendo con sus amigos.

Raúl y Juan Diego corren tabla desde los tres años. En el 2011 empezaron a competir en torneos locales y desde hace un año participan en competencias a nivel nacional. En este momento lideran el ranking en las categorías sub-10 y sub-12. No eran premios ni reconocimiento lo que esperaban del surf cuando comenzaron a practicarlo. Ellos se montaron sobre las tablas solo porque les provocó hacerlo. Hoy los Ríos forman parte de un grupo de niños talentosos que conforman lo que se puede llamar las promesas del surf peruano. Obtuvieron el segundo lugar en la sub-10 y el primer lugar en la sub-14 en el Volcom Fiji Pro de Ecuador en el 2014, y son los integrantes más jóvenes del Team Billabong en Sudamérica. Raúl y Juan Diego están ya en las grandes ligas y piensan mantenerse allí por un tiempo.

IMG_4461-retREDIM

Los hermanos Ríos viven en Máncora con sus padres Raúl y Melissa, y su hermana mayor Natalia. Este fin de semana, la familia entera ha viajado para ver a los menores del clan competir por primera vez en Lima. Raúl padre ha alquilado un auto gris para poder movilizarse con comodidad por la ciudad. Ha hecho llamadas, ha coordinado encuentros, ha dispuesto lo necesario para que los niños estén tranquilos. De hecho Raúl padre es quien se encarga de manejar la carrera deportiva de sus hijos: él los entrena y los acompaña a todas las competiciones. Es también quien acercó a sus hijos al mar. Fue cuando Raúl y Juan Diego vieron a su papá surfear que desearon hacer lo mismo, y hacerlo mejor.

Hoy Raúl padre no ha dejado de moverse. Va de un lado a otro ultimando detalles y aconsejando a sus hijos. Raúl se para en un lugar estratégico desde donde pueda observar todo, y entonces silba. Quizá los niños estén a cincuenta o más metros de la orilla, pero lo oyen con claridad. Raúl padre silba porque esa es su manera de dirigir a la distancia. Son tres tipos de silbidos bien diferenciados y con significados particulares: uno para anunciar las buenas olas, otro para indicar que deben esperarlas, y el último para que los niños volteen a mirarlo y vean qué tiene que decirles a través de señas. Es un código ya aprendido, y los pequeños, entre sus distracciones y juegos, saben que en la competencia la única manera de ganar es prestando atención.

Hoy, entre las olas de La Pampilla, ambos compiten juntos en una misma categoría. Una vez obtenido el primer lugar en la sub-10, Juan Diego entró a la final de la categoría de su hermano, la sub-12. Ese día los hermanos que no pelean por quedarse con los mejores juguetes, sino por alcanzar las mejores olas del océano, además de sus lesiones también mostraron medallas en el cuello.