Dos golfistas diferentes

Por Lucia Solis / Fotos de Augusto Escribens
Además del nombre, Miguel Tola papá e hijo comparten su pasión por el golf, deporte que los llevó a ganar campeonatos nacionales e internacionales. ¿Qué pasa cuando padre e hijo se enfrentan? Descúbrelo en la siguiente nota.
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En medio del campo del Lima Golf Club de San Isidro, Miguel Tola (48) y Miguel Tola hijo (20) posan juntos para las fotos. Ensayan un apretón de manos, se miran y sonríen. Ambos son golfistas y ambos comparten el semblante sereno. Hay una evidente complicidad entre los dos; la misma sensación de orgullo. Y no es para menos: el papá empezó a jugar golf cuando era un adolescente, y llegó a ser el número uno del ranking nacional de menores. Tras quedar tercero en el campeonato mundial de júniors, consiguió una beca y partió a estudiar a Estados Unidos. A su regreso se casó y tuvo a Miguel, quien también obtuvo el primer lugar en el ranking nacional y hoy es golfista profesional. ¿Coincidencia o tradición?

¿Tú iniciaste a tu hijo en el golf?
Padre: En realidad, no. Nunca busqué presionarlo.
Hijo: A los 12 años acompañé a mi papá, que venía a jugar con sus amigos; estuve pegando a algunas bolas, y desde entonces me quedé enlazado a este deporte. Me metí a la academia de lleno.

¿Le dijiste a tu papá que querías dedicarte por completo al golf?
H: Sí, porque siempre tuve un dilema entre dos deportes: el fútbol y el golf.
P: Y yo le dije que tenía que elegir uno, que no podía jugar competitivamente dos deportes.
H: Elegí el golf. Mi papá me empezó a entrenar, comencé a jugar mejor, gané mi primer torneo; al año siguiente gané el ranking nacional de mi categoría y pude ir al Sudamericano… Conforme ganaba quería volverme mejor.
P: Bueno, ganar es una droga. A todo el mundo le gusta ganar.

¿Qué consejos dabas a tu hijo cuando recién comenzaba?
P: Le dije que si quería dedicarse al golf, tenía que prepararse por completo. La vida del atleta siempre es sacrificada. No puedes ir a fiestas ni salir los fines de semana. Definitivamente pierdes parte de tu juventud.
H: Y de hecho fue sacrificado. Cuando había campeonatos, no podía salir. Y académicamente también era complicado porque viajaba a competir, faltaba a clases y me atrasaba mucho.

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¿Lo criticabas?
P: Sí, claro, siempre le he hablado con la verdad. Cuando él creía que su nivel estaba bueno y yo no, se lo decía de frente. Al principio no le gustaba escuchar esa clase de críticas, pero después se dio cuenta de que era verdad.
H: Y hemos discutido por eso.
P: Es imposible no discutir.

¿Qué te decía tu papá?
H: Cambia esto, cambia lo otro… Y yo le decía: «pucha, pero así me siento más cómodo». Surgían los conflictos, pero nunca algo serio.
P: Para nada. Al fin y al cabo es un deporte. Él no tiene que dedicarse a esto para vivir.

Miguel, ¿tú quisieras vivir del golf?
H: No, mi prioridad es la universidad. Estudio Administración en la Universidad del Pacífico, y creo que es la mejor decisión que pude tomar. No fue fácil, pero estoy feliz. Juego golf cuando puedo. Los fines de semana vengo al club con él y la pasamos muy bien.

Entonces no presionas para que tu hijo se dedique de lleno al golf.
P: No, lo que hay es presión para que se dedique al estudio.

Más allá del golf, ¿se llevan bien?
H: ¡Muy bien!
P: Sí, a los dos nos gusta ver fútbol internacional. Él es hincha de River Plate y yo de Boca Juniors.
H: Arranca el partido y nos fastidiamos mutuamente.
P: Yo le digo ‘gallina’.
H: El primer gol que mete uno es sinónimo de molestar al otro.
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¿Cómo era tu hijo cuando era niño?
P: Siempre fue muy tranquilo.

¿Y tu papá cómo es?
H: Siempre me apoya en mis decisiones; me da consejos. A veces hay que estrellarse contra la pared para entender algunas cosas, pero al fin y al cabo siempre es lo que papá dice.
P: Y no es que papá sepa todo, sino que papá ya vivió y sabe lo que va a pasar. Me puedo equivocar, pero por un margen muy pequeño [risas].

¿Cuáles son sus objetivos?
P: Como padre, ver crecer a mis hijos, que sean felices y que tomen las decisiones correctas.
H: Mi meta ahora es comenzar a practicar en alguna empresa, graduarme de la universidad y continuar mis estudios en el extranjero.
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¿Cuál es la anécdota que más recuerdan?
P: Cuando nos fuimos a España a ver jugar al Barcelona. Los dos somos hinchas.
H: Un día me dijo: prepara tus cosas, que la próxima semana nos vamos. Fue una sorpresa. Fuimos a Barcelona y a Madrid a ver los dos clásicos. Y el Barcelona perdió los dos partidos.
P: Yo le decía: que ni se enteren porque no nos van a dejar entrar nunca más al estadio [vuelve a reír].

¿Ya se han enfrentado en el campo de golf?
H: Siempre [mirando a su padre]:Todavía no puedes conmigo. Te cuesta ganarme.
P: Es complicado porque juega muy bien.

¿Quién es más competitivo?
H: Los dos.
P: Es imposible ser un deportista y no ser competitivo. Cuando pierdo, me duele. Él lo sabe.
H: Me doy cuenta porque nuestra actitud es la misma. No habla mucho, se molesta. Pero yo me esfuerzo en cada partido hasta el último hoyo. Cada tiro importa.
P: Los mejores partidos siempre son los que se deciden al final.

Cada vez que Miguel Tola termina de hablar voltea hacia su hijo, que le responde con una mirada cómplice, como si ambos supieran que en el campo de golf pueden enfrentarse, pero en la cotidianidad de su vida, más allá del deporte, siempre conformarán el mejor equipo.
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