Dos almas gemelas siempre andan juntas

Escribe: Rebeca Vaisman / Foto: Camila Rodrigo
De niñas eran compañeras de carpeta. Pamela Rodríguez es cantante; Anahí Gonzales Daly, modelo. Tienen agendas recargadas, viajes constantes y familias que extrañar. Sus personalidades son distintas, pero ambas se consideran dinámicas, independientes. Y ambas crearon Ánima, una marca de ropa que quiere ser también el espíritu de una mujer con contradicciones y fortalezas. Hoy, otra vez, se sientan juntas.
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Es domingo al final del día. Esa hora un poco melancólica, un poco cansada. Ya no es fin de semana, tampoco lunes. El limbo. Pero ahí, en Barranco, es una hora bonita. Por el mar; porque el sol, mientras se va, parece más cerca que nunca. Anahí Gonzales Daly ha llegado hace poco a la casa de Pamela Rodríguez. Trabajarán hasta tarde, armando los looks de lo que será la primera sesión fotográfica de Ánima, la marca de ropa que han creado juntas. Pero en este instante están recostadas en el sofá: casi echadas, con las cabezas cómodamente apoyadas sobre el respaldar, muy cerca la una de la otra. Pamela lleva un moño; Anahí extiende el largo pelo sobre el mueble. Desde que se hicieron amigas, en el colegio, han pasado muchos domingos juntas.

Anahí: Teníamos ocho años cuando Pamela llegó de Canadá y entró al San Silvestre. En su primer día la sentaron a mi lado, en la carpeta.

Pamela: Bueno, antes la profesora preguntó al salón quién quería ser mi amiga, y Anahí fue la única que levantó la mano. Fue la única que se apiadó de mí.

Pamela y Anahí ríen. Desde ese primer día se dieron cuenta de que eran distintas. Y se hicieron amigas.

El cuerpo

Pamela: Ánima es ropa superurbana. Es modernísima, pero no sigue una tendencia. Eso no nos interesa. Nos importa que tenga onda, ¿sabes?

Anahí: Hay mucha asimetría, mucho diseño en los cortes. Usamos materia prima peruana, pero el estilo es internacional. Es ropa que puedes vestir de día con zapatos chatos, y de noche con tacos. Es versátil y tiene nuestra onda.

Pamela: Pero es ropa cómoda. A veces tener onda significa meterte en un embudo, estar tan incómoda, que no te soportas ni a ti misma.

Anahí: Claro. No es una prenda que… ¿Cómo se diría?

Pamela: La ropa no te satura.

Anahí: ¡Exacto! La ropa fluye. Y ves a la mujer.

Pamela: Porque es supersexy. ¿Entiendes? No tienes que enseñar nada; no es necesario.

Anahí: El hombro caído en un top lo hace sexy; un escote en la espalda, o un corte en la pierna. Esos detalles que te hacen sentir sexy a ti.

Pamela: ¡Claro! Ánima se hace pensando totalmente en esa mujer actual, moderna, dueña de sí misma. Dueña de su vida y de su universo. Y los hombres ¿en qué estarán?

Anahí: [Ríe] Ambas hemos viajado mucho por nuestras carreras, hemos visto muchas cosas, y pensamos en una mujer independiente.

Pamela: ¡Y para nada al servicio del hombre! En la lista de importancia de Ánima, diría que el hombre es la última rueda del coche.

La risa de Pamela es un estallido. Anahí mueve la cabeza para mirarla y se contagia.

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La mente

Anahí: Es gracioso: somos bien distintas en muchas cosas, pero tenemos tantas similitudes en otras.

Pamela: Por ejemplo, somos igual de compulsivas a la hora de ir por zapatos y ropa…

Anahí: Sí, a las dos nos gustan mucho la moda y el diseño.

Pamela: Anahí es supermoderna, clásica. Y yo soy más… No sé… ¡Más freaky!

Las dos toman juntas las decisiones sobre diseño y producción. Conversan, se cuestionan, y llegan a un punto en común. Han sido muchas noches de trabajo, muchos domingos. Pero, claro, en esa dinámica existe ya un precedente.

Pamela: Cuando teníamos once años vendíamos tarjetas.

Anahí: ¡Es verdad! Hicimos un negocio de tarjetas para bautizos. Teníamos clases de pergamino repujado. ¡Qué gracioso que te hayas acordado de eso!

Pamela: Eran horrorosas.

Anahí: Pero vendíamos…

Pamela: Debemos aclarar que hemos evolucionado en nuestra estética. Pero a un par de pobres niños le dieron eso de recuerdo.

Anahí también tiene el suyo. Y lo comparte: «También hicimos un club», dice.

Pamela: ¡El Club Dorado!

Anahí: Teníamos nueve años. Hicimos carnés y todo.

Pamela: Somos socias vitalicias. Así que ya tenemos una historia de proyectos juntas. ¡Esto no es una casualidad!

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El alma

Anahí: Mi familia es una prioridad, pero también necesito tener metas y proyectos para estar completa. Todo se puede hacer.

Pamela: Además, la idea es apoyarnos mucho entre las dos. Hace unas semanas Anahí estuvo en Nueva York y yo asumí nuestras reuniones; en diciembre me voy a hacer una grabación a México, y ella se quedará al frente. Somos tan amigas, tan organizadas, y este proyecto nos encanta.

Anahí: Nos divertimos mucho haciéndolo. Nos matamos de risa.

Pamela: Y las dos somos workaholics. Tenemos prioridades similares. Somos mujeres que queremos nuestra independencia, pero sabemos que eso no se riñe con tener un hogar. Ambas sabemos lo que implica tener una carrera difícil.

Pamela y Anahí están esperando que llegue un buen amigo de ambas, el director de arte Christian Duarte. Tienen que elegir los accesorios que acompañarán cada uno de los looks. Si fuera cierto que una fotografía te roba un pedazo de alma, sería mucho lo que a esta primera sesión le tocaría reflejar.

Pamela: Investigando sobre el ánima descubrimos que en la psicología junguiana [del psicólogo Carl Jung] es todo lo que representa a la mujer en el imaginario del hombre.

Anahí: La mujer idealizada.

Pamela: Los arquetipos de mujer en el inconsciente del hombre. Parece una contradicción con todo lo que he venido diciendo, ¿no? Pero me pareció divertido plantearnos recrear una nueva mujer, versión 2013.

Anahí: Que sea trabajadora, madre, cosmopolita; que haga mil cosas a la vez y pueda hacer todo bien.

Pamela: Un nuevo tipo de mujer tan independiente ¡que se salga de cualquier imaginario!, ¡de cualquier cabeza!

Ya es de noche en Lima, en Barranco, sobre el mar. Terminarán de trabajar y tratarán de dormir lo más posible. La sesión de fotos empezará temprano al día siguiente.

Pamela: Y yo que soy insomne y me despierto con cara terrible, estoy asustada con esta modelo profesional al lado. ¡No sé qué voy a hacer! Voy a ponerme lentes y gorro.

Pamela se ríe de nuevo cerrando los ojos. Anahí la mira desde su espacio en el sofá, con una sonrisa silenciosa pero linda. Como si fuera el primer día de clases y ambas tuvieran ocho años. Y supieran que se sentarían juntas el resto de su vida.