Desde la sala de prensa

Por Ricardo Hinojosa Lizárraga / Fotos de Augusto Escribens
Son tres amigos y son también tres voces, tres experiencias y tres estilos distintos. Asia Sur conversó sobre los gajes del oficio periodístico con tres de los rostros más reconocibles y respetados del medio: Patricia del Río, Raúl Tola y Augusto Álvarez Rodrich. Con ustedes, los interesantes y –por qué no– divertidos entretelones de ese encuentro.
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«El periodismo es la profesión que más se parece al boxeo, con la ventaja de que siempre gana la máquina y la desventaja de que no se permite tirar la toalla», argumentaba Gabriel García Márquez en defensa del oficio. ¿Como un deporte? ¿Como una disciplina? ¿Como una lucha cuerpo a cuerpo? Quizás un poco de todo eso. En los últimos años, los periodistas han sido no solo transmisores sino también protagonistas de la noticia. Pero ya no por someterse al poder político de turno, como sucedió en los noventa, sino por ser capaces de superar la inmediatez y hacernos partícipes de la historia misma mientras se va gestando. Por eso para muchos resultará familiar la imagen de Augusto Álvarez Rodrich quitando la banderita peruana del atril desde donde debatía Ollanta Humala con Alan García en el 2006, o la de Raúl Tola informando sobre el desastre de la central nuclear de Fukushima en el 2011, desde el mismo lugar de los hechos; y, claro, también las entrevistas a importantes políticos que hace Patricia del Río casi cotidianamente. Pero sería difícil imaginar al primero disimulando su emoción viendo goles peruanos en una definición por penales del mundial de los jotitas [desde un televisor detrás de cámaras], mientras el canciller Allan Wagner declaraba telefónicamente para su programa en vivo. También sería una locura pensar en Raúl Tola desmayándose segundos antes de salir al aire, o ver a Patty del Río, durante el terremoto del 2007, bajando las escaleras del edificio de RPP junto con Yola Polastri y la Gallina Turuleca. Sería difícil, pero nada de esto es ficción. Como en la vida misma, las noticias se convierten permanentemente en historias.

Patricia del Río: En el periodismo, la gente que te recibe te marca para que te entusiasmes o decepciones de la carrera. Mi comienzo fue casual. Era un poco mayor para el puesto –tenía veintinueve–, pero hice todas las del practicante. Escribir sobre el perro chimo y calato, o sobre la depilación brasileña y hasta sobre cómo cultivar hortensias, y de ahí notas más serias y políticas. Creo que esta chamba requiere mucha humildad; tienes que partir del principio de que no sabes nada. Y la calle te enseña, tus jefes, tus compañeros. A mí me recibió Fernando Ampuero en SOMOS, con toda la paciencia del caso. Creo que si alguien sabe darte las indicaciones adecuadas, logras encontrar tu estilo de trabajo, sobre todo si es gente honesta, porque te despierta la fascinación por este oficio, que es maravilloso, pero jodidísimo.

Raúl Tola: Yo empecé a los diecisiete años en la revista SÍ, cuando acababa de sacar el tema de las fosas de La Cantuta. Fue un momento muy caliente, pero yo no llegué a hacer política. Estudiaba en la PUCP, no sabía bien qué iba a estudiar, y eso debió ser una pista de lo que iba a hacer más adelante. Los distraídos, por lo general, terminamos siendo periodistas.

Patricia: Los desconcertados.

Raúl: [risas]… sí. Esa revista era dirigida por Ricardo Uceda, quien fue, así como Ampuero para Patricia, mi descubridor/mentor. En mi siguiente trabajo, que fue con la revista MIRA, suplemento dominical del diario EL SOL, conocí a Patty, porque tenía una fuente que trabajaba en la vicepresidencia del Congreso y Patricia trabajaba ahí en esa época. ¿Te acuerdas de que eras correctora?

Patricia: [risas] No, daba clases de redacción.

Raúl: Para los cronistas parlamentarios.

Patricia: Para los asesores de los congresistas. Y ahí nos conocimos, y a los dos nos dio rubeola por comer en la cafetería del Congreso, enfermedad que solo da a los niños, a mí y a Raúl.

Raúl: El periodismo y la rubeola nos hermanaron. [risas]
Augusto Álvarez Rodrich: Yo no he tenido tanta suerte como ustedes, porque estudié economía, aunque no parece. En el ochenta estudiaba en la Universidad del Pacífico y fui director de PANORAMA, la revista del centro de estudiantes. Hicimos una entrevista a Jorge Basadre para el segundo número. Y él se murió a los cinco días, así que esa fue su última entrevista y se publicó en CARETAS. Entré como practicante a Apoyo, y a los seis meses era director de la revista DEBATE. Trabajé veintidós años en Apoyo, luego fui director de PERÚ.21. Nunca he hecho trabajo de calle ni he reporteado tanto como ustedes, pero guardo mucho respeto por los reporteros.

Raúl: En mi caso he aprendido de la televisión, además de que todos saben hacer su trabajo, que los errores en el set nunca son tan graves al aire. Y eso que yo me he desmayado en vivo, eso se nota.

Augusto: Yo he tenido un error en la revista SEMANA ECONÓMICA. Estábamos cerrando y dije: «tenemos que poner titulares más agresivos». Como los que leen SEMANA quieren ganar dinero, pusimos en la portada «Cómo ganar dinero sin invertir un inti». Y luego le agregué: «Cómo ganar dinero sin invertir un puto inti». El lunes salió impreso. Se repartió, y por más que la quisimos recuperar fue imposible. La gente empezó a llamar porque no encontraba el artículo. Le interesaba leerlo. Sucedió que estaba el titular y no el artículo adentro. Era solo un ejemplo de titulares que podían vender más que estábamos probando, que se nos pasó y salió. [risas]

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Provocación y tentaciones

Patricia: Pienso que son errores serios aquellos de los que te arrepientes cuando te percatas de que no fuiste justo. No tuviste la foto completa y fuiste con todo.

Augusto: Eso me pasa en el noticiero matutino, en el que hay temas de tenencia de hijos. Ahí aprendes que en todas las historias hay dos versiones, el padre y la madre, y lo mejor es escucharlos y escuchar al sentido común, a menos de que sea algo muy evidente, como una violación.

Patricia: En la campaña política siempre me han reclamado, por ejemplo, que no pregunto a Keiko Fujimori por qué no tomó partido por su mamá y sí por su papá. Pero no lo hago porque entiendo que debe haber sido duro para ella, y es una decisión familiar y no política.

Augusto: Keiko tiene una buena respuesta para eso, dice: «Es un pleito que me duele mucho entre mi mamá y mi papá y no lo quiero ventilar». Como Humala, que no quería tocar el tema de su padre, y me parece válido.

Patricia: Hay mucha presión de afuera sobre lo que uno se supone tiene que hacer.

Augusto: Yo ya no me dejo influenciar por lo que dicen en las redes, que intentan manejarte como marioneta para preguntar lo que ellos quieren.

Raúl: Tú lees los comentarios de los diarios y lo que más se repite son los insultos. Y la pregunta más usual es: «¿por qué no escribes de tal tema en tu columna?».

Patricia: O sácale el ancho a…

Raúl: Creo que en el fondo todos tienen alma de editor, creen que tienen la verdad.

Las elecciones que se vienen

Raúl: No creo que lleguemos al nivel de las anteriores elecciones. Una segunda vuelta entre Keiko Fujimori y Ollanta Humala parecía una antesala al infierno. No me refiero solo a que sean malos candidatos, sino al nivel de confrontación que generó en nuestra sociedad. El Perú estuvo partido en la segunda vuelta. Supongo que no volverá a ocurrir en las elecciones que vienen.

Patricia: Temo que sí, porque se está convirtiendo en una práctica habitual eso de que «si no tengo la razón, que se mueran todos». Se ve en temas como la unión civil o el aborto.

Raúl: ¿Crees que no hemos aprendido nada en las elecciones pasadas?

Patricia: No, creo que nos hemos exacerbado.

Raúl: Porque gran parte de la responsabilidad fue de la prensa, de la gente que opinaba. ¿Hemos aprendido los periodistas?

Patricia: Van a sacar todos sus sables cuando esté más caliente la coyuntura. Hay periodistas de izquierda y de derecha que salen a matar. Nos acostumbramos a llevar todo al extremo, y el que quiere algo más equilibrado es un cojudo, un tonto útil que no se come el pleito. Se trata de plantear opciones y que cada uno opine y que el público escuche y diga con quién está más de acuerdo.

Raúl: Ahí el problema no es el pensamiento, sino la forma.

Patricia: Sucede que la forma termina opacando al pensamiento.

Raúl: La forma, claro, porque uno tiene que aislar la imagen del candidato de las preguntas que uno quiere hacer.

Patricia: Todos estamos al borde de caer ahí, claro que una cosa es que a veces te pase, y otra que sea tu estilo.

Raúl: Creo que es más fácil dialogar con alguien con quien compartes formas que con quien está en el extremo opuesto, no tanto de ideología sino de formas.

Augusto: Lo mejor es conversar con alguien que no está de acuerdo contigo. Es más divertido.

Patricia: Si miras la plancha de candidatos municipales, nos debería garantizar un debate alturado. Hay muy buena gente postulando: Villarán, Heresi, Cornejo, Altuve, ¿qué podría salir mal?

Augusto: Y Castañeda no habla…[muchas risas]

Raúl: El que mejor mantenía las formas era Belaunde, pero el otro era Valentín Paniagua.

Patricia: Hasta para mandar a la mierda a Lúcar tenía estilo.
[más y más risas]

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Se sufre pero se goza

Augusto: Uno de los mejores momentos que tuve como periodista fue el debate de Ollanta con García.

Raúl: Cuando sacaste la banderita.

Patricia: «Señor Humala, ¿puede sacar su bandera? ¿No? Entonces yo la saco».

Raúl: Además llegó tarde porque estaba comiendo en el Queirolo…

Augusto: Era tosco. En el primer corte me dijo: «no funcionan las luces». Le digo que no, que como llegó tarde no le pude enseñar cómo funcionaban. Le pregunté por qué sucedió eso y me dijo que tuvo problemas con los de seguridad. «Me metieron al Queirolo y me comí un sánguche mientras esperaba», me dijo.

Patricia: ¿Y la banderita?

Augusto: La bandera me la quedé, vino Nadine a pedírmela pero le dije: «No, la gané yo».

Patricia: [risas] Fue un souvenir del debate.

Raúl: Yo una vez me desmayé. La primera vez que salí al aire fue catastrófica. Fue en Canal N. Aún no sé cómo continué en TV. Me asusté muchísimo, me hiperventilé y escuchando la cuenta 10, 9… Empezó un ruido y sentí sudor frío y me desmayé. Escuché remotamente 4, 3, y me levanté. Salí tartamudeando, pálido.

Augusto: ¿Nadie se dio cuenta?

Raúl: Si veías la transmisión claramente te dabas cuenta de que a ese muchacho le pasaba algo. La otra cosa es que como el canal estaba en construcción, siempre nos íbamos a una toma aérea, que era una toma de protección. Claro, nos vamos a esa toma y me gritan: «¡tenemos un enlace por teléfono!» y no escucho bien. Pregunté desde dónde, y como seguía sin escuchar grité «¡Puta madre!, ¿desde dónde?», con una intensidad… Y pasaba que habíamos ido a la toma aérea, pero no habían cortado el audio. Salieron al aire mi desmayo y ese grito.

Patricia: Yo tengo varias así, pero no me parecen graciosas. A mí me ponen nerviosa. Un día, en RPP, Augusto pensó que el siguiente invitado era el que estaba en los asientos de espera y lo llamó a sentarse frente a cámaras todo apurado, y comenzó la entrevista al aire…

Augusto: «Señor, ¿qué piensa de la ley… ? No sé, yo solo vine a arreglar el tubo de agua». [muchas risas]

Patricia: Y Augusto y yo nos mirábamos y por interno nos preguntaban a quién estábamos entrevistando y resulta que era el señor de la limpieza.

Raúl: Otro reto son las grandes coberturas, las catástrofes. Aparte de lo vivido en Pisco, aquí, otra situación me sucedió en Fukushima, Japón. Yo todavía no entiendo qué pasó en ese momento. Es una mezcla depánico, curiosidad y adrenalina. Vas avanzando y va ocurriendo. La energía ahí era muy pesada cuando entrabas a las casas japonesas arrasadas por el tsunami; muchas quedaban al borde del mar. La radiactivdad es invisible, muchos corresponsales de guerra curtidos fueron y tuvieron que retirarse, porque no lo puedes percibir, pues quizás te esté matando. Yo no sentía que me pasaba nada, en esta especie de trance, de locura, en el que llegué a este lugar. Aún recuerdo que cuando hicimos el stand up a un kilómetro de la planta nuclear, mi camarógrafo hizo la toma y dije que era la central nuclear que había causado pánico en todo el mundo. Recuerdo que al acabar bajó la cámara, la abrazó y me miró y me dijo: «Huevón, ¿qué hacemos acá?». Ahí descubrí hasta dónde habíamos llegado y que mejor nos íbamos rápido.

Lecciones aprendidas

Patricia: Lo principal que he aprendido como periodista es que no hay cosas blancas ni negras, sobre todo hay puntos de vista atendibles y tú debes tener claro cuál es el tuyo para saber de dónde partir. Me gusta mucho del periodismo que tú no eres más que una pieza que está al servicio de otras cosas más. No eres el rey. Y me gusta saber que a veces algo de lo que hago hace que algo cambie. No solo por mí, sino también por todos los que trabajan conmigo. Le pasa a la gente en otros trabajos, y tal vez no lo noten, pero en el nuestro se nota más. En nuestro caso es muy visible, y eso te alimenta el ego.

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Raúl: Casi todo lo que sé de la vida lo he aprendido en las coberturas, escribiendo, en la mesa de conducción, confrontando opiniones. Me quedaría con algo de lo que dice Patricia. Que el centro del periodismo es la noticia, no el periodista. Aquí hemos tenido una escuela de espectacularidad, olvidándose de la noticia. Uno solo es un vehículo de transmisión para que la gente se entere. He aprendido también lo que es la solidaridad en coberturas con momentos en que las cosas se ponen complicadas y la gente que uno menos se imagina pone el hombro.

Augusto: Es un trabajo con el que puedes dormir tranquilo cada noche; me hace muy feliz cada día.

Raúl: Creo que hay un punto de partida que compartimos los tres; un punto de ingenuidad al hacer el periodismo. Como decía Kapuscinski: «Los cínicos no sirven para este oficio».

Augusto: Yo tenía un cuadrito, una doble página de Expreso que decía «Augusto Álvarez es fujimontesinista», y Matías, que llegaba en la tarde, me decía: «Papá, ¿tú eres fujimontesinista? », y yo le decía: «¿Y tú crees todo lo que dicen los periódicos?». [risas]